En contraste con el enorme interés que las elecciones en Francia han despertado en el mundo, poca atención se ha puesto en los comicios que tan sólo doce días después, el 19 de mayo, se celebrarán en Irán para elegir nuevo Presidente para el periodo 2017-2021, no obstante la importancia que Irán posee en la geopolítica internacional. El hecho es que hace unos pocos días el Consejo de Guardianes de la Revolución del país persa cerró la lista de candidatos al cargo, compuesta por seis individuos, de los cuales sólo dos nombres son ampliamente conocidos: el del actual presidente Rohani, quien intentará repetir en el puesto, y el del alcalde de Teherán, Mohamed Ghalifab. La más notable sorpresa ofrecida por la mencionada lista es la de la ausencia en ella del expresidente Ahmadinejad, de quien hasta hace poco se hablaba como posible candidato. Al parecer, el sector político conservador que podía haber sido su abogado ante el Ayatola Khamenei para recibir su visto bueno, decidió no apoyarlo, en virtud de viejas rencillas y cuentas pendientes de la época en que Ahmadinejad fue Presidente.

De acuerdo con una reciente encuesta elaborada por IranPoll, el presidente Rohani y Mohamed Ghalifab son quienes cuentan con las mejores cifras de popularidad, mientras que en tercer lugar se ubica Ebrahim Raisi, quien encarna muchos de los postulados radicales y abiertamente belicosos característicos de la línea de Ahmadinejad. Sin embargo, este personaje tiene la desventaja de ser muy poco conocido entre la población iraní y con escasas posibilidades de ampliar su base de apoyo en el corto plazo que queda para la celebración de la primera vuelta electoral. 

De acuerdo con una reciente encuesta elaborada por IranPoll, el presidente Rohani y Mohamed Ghalifab son quienes cuentan con las mejores cifras de popularidad, mientras que en tercer lugar se ubica Ebrahim Raisi, quien encarna muchos de los postulados radicales y abiertamente belicosos característicos de la línea de Ahmadinejad.

En este contexto, Rohani y Ghalifab parecen ser quienes llegarán a la segunda vuelta. Rohani sigue siendo popular, aunque menos que hace un par de años cuando firmó con el G5+1 el acuerdo para detener su desarrollo nuclear bélico a cambio del fin de las sanciones internacionales que pesaban contra el país. Y es que, a pesar de que la economía iraní creció 7% en el último año gracias a la recuperación de su exportación petrolera, tal avance no ha conseguido permear lo suficiente como para resolver el agudo problema de desempleo, sobre todo en el sector juvenil, cuestión que ha incidido en una baja relativa de la popularidad del actual Presidente. Así las cosas, el Ejecutivo para los próximos cuatro años quedará probablemente en manos de alguna de estas dos figuras. Ambos poseen posturas que pueden considerarse dentro de la corriente reformista que ha sido la dominante en el país durante los últimos cuatro años y que le han permitido reincorporarse a la comunidad internacional a partir del levantamiento de las sanciones que pesaban en su contra. Pero ello no significa que esté en el horizonte un debilitamiento importante del modelo islamista que rige en el entorno nacional —si acaso se implementarán algunas medidas cosméticas—, ni que cambie su perspectiva respecto a sus intereses regionales que siguen apuntando a consolidarse a través de su apoyo a las causas enarboladas por el chiismo musulmán, hoy en franca oposición al mundo sunnita. Puede preverse así que sea quien sea el próximo Presidente, Rohani o Ghalifab, continuará el apoyo iraní al régimen de Bashar al-Assad en Siria, al Hezbolá libanés y a las fuerzas huttíes que combaten a los sunnitas de Yemen en la guerra civil que aqueja a ese país.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excélsior.com.mx.