Recién graduados de una escuela de negocios en EE.UU., Karl Wienhold y C'pher Gresham decidieron reescribir las reglas de la cadena de suministro de café de una zona remota de Colombia, garantizando a los agricultores una compensación justa por los selectos granos. Además debeneficiarse de la creciente demanda de bebidas gourmet en EE. UU. para los jóvenes empresarios era importante generar un impacto positivo en las comunidades productoras.

De hecho, Wienhold se mudó a Colombia en 2015 para trabajar junto con 60 granjas familiares a las que denominó Direct Origin Trading. Por su parte, Gresham abrió una empresa importadora y torrefactora en Arizona, Swillings Coffee, y trabajó como director de SEED SPOT, una incubadora de impacto social. Ese año los dos amigos unieron fuerzas para transformar Swillings en Fósforo, cuya actividad consiste en comprar el café al colectivo Direct Origin y revenderlo a distribuidores americanos.

Brasil, México y Colombia lideran, con más de 100 fondos activos, el mercado de las inversiones de impacto. Sólo en Brasil, este número creció de 22 a 29 entre 2014 y 2016, representando casi US$ 200 millones en activos.

Como estos dos amantes del café, otros inversionistas han puesto la mira en América Latina para invertir en distintos negocios, fondos, empresas sociales y organizaciones no gubernamentales que, además de rendimiento financiero, buscan generar un impacto social o ambiental mensurable.

En la región, el valor de este tipo de inversiones ha aumentado considerablemente en los últimos años; en 2015, ascendió a $ 901 millones, en comparación con los $ 430 millones generados en 2014. Además, desde 2007, cada año se incorporan entre cinco y 10 nuevos actores al mercado latinoamericano, según un estudio elaborado por The Aspen Network of Development Entrepreneurs (ANDE) en colaboración con Latin American Private Equity & Venture Capital Association (LAVCA) y LGT Impact Ventures, pionera suiza en inversiones de impacto y especializada en mercados emergentes desde 2007.

De acuerdo con el mismo estudio, Brasil, México y Colombia lideran, con más de 100 fondos activos, el mercado de las inversiones de impacto. Sólo en Brasil, este número creció de 22 a 29 entre 2014 y 2016, representando casi US$ 200 millones en activos.

Aunque son cifras modestas, en comparación con EE.UU., donde se invierte más y desde hace más tiempo en empresas que prestan atención al triple resultado (social, financiero y ambiental) América Latina está ganando terreno en ámbitos como el social o el medioambiental. 

En cuanto a los temas, los proyectos sobre inclusión financiera, salud, educación y agricultura son los que más capital de inversión han atraído. Cabe esperar que esta tendencia se afiance en los próximos años, según muestra el estudio de ANDE.

A diferencia de los filántropos, los inversionistas que persiguen el triple resultado buscan generar rendimientos financieros: el estudio de ANDE muestra que el 45% de los inversores apuntan a un rendimiento neto anual de entre 6% y 20% y 19% de los sondeados incluso esperan un retorno entre el 11% y el 15% que puede llegar a ascender al 25%, para el 7% de todos los encuestados.

En Brasil, la atención de los inversionistas se dirige hacia proyectos en ámbitos desatendidos por el gobierno. En 2014, Kaeté Investimentos inyectó R$ 15 millones (de una inversión total de R$ 75 millones) en Peixes da Amazônia, una empresa especializada en criar peces de agua dulce del Amazonas, como el gigante Pirarucu. Kaeté administra la cadena de suministro, en colaboración con 2.500 piscifactorías familiares, y mide el impacto social y ambiental de cada una de ellas.

Latinoamérica ya había llamado la atención de los inversionistas sociales; en 2015 Acumen estableció su base de operaciones en Bogotá. El año pasado, dicho fondo invirtió US$ 1,2 millones en cacao de Colombia, un productor que contribuye a mejorar los ingresos de los agricultores en las áreas de conflicto. Además, la nación andina emitió el primer bono de impacto social en un país en desarrollo. El Departamento de Prosperidad Social de Colombia (DPS) recaudó en marzo US$ 765.000 destinados a combatir las altas tasas de desempleo en los segmentos marginales de la población, especialmente entre los desplazados por el conflicto armado. Sus inversores son la Secretaría de Estado de Economía de Suiza (SECO), la Fundación Corona, la Fundación Bolívar Davivienda y la Fundación Mario Santo Domingo.

En México, Adobe Capital y su división de aceleración de negocios sociales New Ventures, están trabajando para mejorar el acceso a los servicios de salud, pavimentando así el camino para futuros inversores de impacto. En 2014, Adobe invirtió en salaUno, una exitosa empresa social cuyo objetivo es combatir la ceguera evitable. La compañía, fundada por ingenieros mexicanos y basada en el modelo de una clínica oftalmológica de India, ha realizado más de 15.000 operaciones de cataratas a precios reducidos para personas que, de otra forma, no hubieran podido acceder al tratamiento.

En Argentina, Njambre, un acelerador de empresas sociales con sede en Buenos Aires, ha ido poniendo en contacto a distintos fondos de inversión, representantes gubernamentales, ONG y fundaciones para fortalecer el sector de las inversiones de impacto. La creación, en marzo del año pasado, del Grupo de Trabajo de Inversión de Impacto en Argentina, unida a la confianza generada por el gobierno del presidente Mauricio Macri, ha fomentado el florecimiento de fondos de inversión de impacto.

La confianza, aun moderada, por el Impact Investing en América Latina sin duda viene influída por su éxito en mercados más desarrollados. Global Impact Investing Network (GIIN), una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar el crecimiento y la eficacia de la inversión de impacto, ha señalado que, en 2016, hubo 205 inversiones por un valor de US$ 22,1 mil millones en unas 8.000 empresas cuya misioón es crear un verdadero impacto en la sociedad. Se estima además que la inversión puede aumentar un 17% en 2017.

Las incipientes iniciativas son especialmente alentadoras en América Latina teniendo en cuenta que el concepto de capitalismo consciente apenas empieza a cobrar importancia en la región.