Los actores del sistema internacional, luego de las tres reuniones entre el presidente Moon Jae-in y el líder norcoreano Kim Jong-un, comienzan a pensar que aquello que era improbable hasta hace poco tiempo, podría experimentar un positivo cambio al avanzar en un proceso real y verificable de desnuclearización de Corea del Norte. Esto, sin duda, en el mediano plazo, tendría un efecto positivo a nivel regional y mundial.

Kim Jong-un, en el marco de la tercera cumbre intercoreana, sorprendió al presidente Moon utilizando la frase "desnuclearización completa" y anunció, además, sorprendiendo a muchos pesimistas,  el compromiso de desmantelar los sitios de prueba de misiles, así como la posible demolición total y completa del centro nuclear de Yongbyon...

Los hechos así lo parecen adelantar. Primero, desde la declaración de Panmunjom, del 27 de abril de 2018, hasta el encuentro en Pyongyang, entre el 18 y 20 de septiembre, la profundidad y alcance de los mensajes ha ido en aumento. En la reunión del 27 de abril, fueron establecidos tres puntos fundamentales: rescatar las raíces históricas de las dos coreas, determinar una detente militar y resolver el estado permanente de guerra. Sin embargo, no hubo una declaración oficial de Corea del Norte en relación a la cuestión central de la península: la desnuclearización. Esto cambió en el encuentro de septiembre, cuando Kim Jong-un, en el marco de la tercera cumbre intercoreana, sorprendió al presidente Moon utilizando la frase "desnuclearización completa" y anunció, además, sorprendiendo a muchos pesimistas, el compromiso de desmantelar los sitios de prueba de misiles, así como la posible demolición total y completa del centro nuclear de Yongbyon.

Segundo, el discurso más moderado de Donald Trump. Efectivamente, en su último mensaje ante la Asamblea General de Naciones Unidas tuvo palabras elogiosas para el líder norcoreano; apreciando y agradeciendo el coraje y valentía de las medidas que Kim Jong-un está llevando adelante, así como expresando la disposición de concretar la esperada segunda cumbre entre ambos Estados. Desde la perspectiva de la alta política, este es un potente mensaje, considerando que hace solo un año el presidente de los Estados Unidos hacía ver la posibilidad de una intervención militar y con esta la "destrucción total" de Corea del Norte. Lo significativo aquí es que a esta declaración en Nueva York le antecedió un mensaje que debería también ser importante en descomprimir las relaciones entre ambos países: Estados Unidos ya no tiene un calendario fijo para la desnuclearización de los norcoreanos. Esta, sin duda, ha sido una decisión ganar-ganar. Por un lado, Kim Jong-un gana no sentirse presionado; por el otro, pensando en las elecciones de noviembre, gana Donald Trump al mantener su imagen de promotor de la paz y al evitar el dilema de la calendarización. Tercero, pero no por ello menos importante, la declaración del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, realizada también en la Asamblea General de las Naciones Unidas, presentando y haciendo ver su esperanza por avanzar en la normalización de relaciones bilaterales con Corea del Norte.

Todos estos hechos pueden ser una suma de antecedentes que, finalmente, permitan un positivo resultado; para lo cual más confianza y flexibilidad entre los actores involucrados es central para el fin que todos ellos aspiran a concretar. Un ejemplo, en esta línea, ha sido lo sucedido hace pocos días con la última visita de Mike Pompeo a Pyongyang, donde los resultados informados de esta cita podrían ser vistos como un aliciente para concretar la esperada segunda reunión Trump-Kim. Solo a partir de aquí podríamos comenzar a transitar desde la incertidumbre -que provocó la sexta prueba nuclear de Corea del Norte- a la esperanza que debería surgir producto de una efectiva y real confianza que establezca una propuesta de desnuclearización de la península.