¿Qué beneficios tiene para un país perder su moneda y sustituirla por la de otro?  ¿Se puede dar marcha atrás?  ¿Qué se podría esperar de una vuelta a la moneda original?

Cuando se plantean estas cuestiones, sobre todo en América Latina, el país que salta a la mente es Ecuador.  Hace casi 20 años que Ecuador, sufriendo una inflación galopante, depreciaciones continuas de su divisa, grandes déficits fiscales y comerciales, y la deuda externa más alta de América Latina como porcentaje del PIB, decidió dejar el sucre y sustituirlo por el dólar. Tras un impopular feriado bancario, se anunció en marzo del 2000 la transición al dólar, y durante seis meses se cambiaron todos los sucres presentados al banco central por dólares, a un tipo de cambio de 25.000 por dólar estadounidense.  Hoy en día, su única moneda es el dólar.

Lejos de ser el único caso de un país que ha reemplazado su moneda por otra, Ecuador se encuentra entre un grupo grande de países que han hecho lo mismo.  Nuevo países más utilizan el dólar estadounidense como moneda oficial: El Salvador, Panamá (como moneda paralela a la suya, la balboa), las Islas Marshall, Micronesia, Palao, Timor Oriental, las islas Turks y Caicos, las islas Virgen, y Zimbabwe (que actualmente tiene ocho monedas oficiales en paralelo).  El factor común suele ser un tamaño reducido y una gran dependencia del mercado de EEUU. 

Hay además otros países que no están “dolarizadas” pero que utilizan oficialmente una moneda que no es la suya.  Catorce países africanos comparten dos monedas comunes, y seis países del Caribe comparten otra.  Seis países, todos en Europa pero fuera de la Unión Europea, utilizan el euro como moneda oficial.  Y se puede considerar que los 19 países que forman parte de la zona del euro, todos miembros de la UE, también están “euroizadas”, porque todos abandonaron sus divisas tradicionales empezando en el 2002 para adoptar el euro.

Abandonar la moneda es una decisión radical. Tiene muchas ventajas y unos grandes inconvenientes. Desgraciadamente, una vez dado el paso, es muy difícil volver.

Aunque no es igual, hay que recordar también que hay países que mantienen su divisa pero que exhiben un alto grado de “dolarización” no oficial.  En estos países, los ciudadanos tienden a guardar sus ahorros en dólares porque creen que retendrán mejor su valor; y hacen algunas transacciones en dólares también. Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay son algunos de los países donde la dolarización del crédito y de los depósitos supera el 40% del total.

¿Qué se pierde con un paso tan radical?  Ecuador, y los otros países dolarizados, renuncian a dos de las cuatro herramientas que tienen para influir en la economía: la política monetaria y la política cambiaria. Esto significa que pierde la posibilidad de aumentar su competitividad devaluando su moneda; y de animar el crecimiento o luchar contra la inflación utilizando los tipos de interés. En efecto, la política monetaria de Ecuador es la política del banco central de EE.UU. Por el lado positivo, se impone una fuerte disciplina al gobierno y a sus empresas también. La hiperinflación que sufría Ecuador desapareció, y el pueblo ecuatoriano veía que sus ahorros, muchos de los cuales habían sido en dólares incluso cuando existía el sucre, retenían su valor.

Sin embargo, cuando en 2014 cayeron un 40% los precios del petróleo, el producto principal de Ecuador, y subió el valor del dólar, Ecuador se encontró contra la espada y la pared. No pudo devaluar la moneda para hacer competitivos los otros productos que el país exporta, como pescado y crustáceos, plátanos, medicamentos y automóviles. Pero recibía cada vez menos ingresos del petróleo debido a la caída del precio internacional. El déficit fiscal ha vuelto a aumentar fuertemente.

A pesar de las ventajas, siempre hay voces que reclaman una vuelta a la moneda original, con todas sus desventajas.  Incluso dentro de la zona euro, sobre todo en los años peores de la crisis del euro (2010-1012), hubo personas que animaban a países como Grecia a salir para escaparse de la disciplina tan férrea que supone tener las políticas monetarias y cambiarias controladas por una entidad externa. Países acostumbrados históricamente a utilizar una moneda “barata” para mantener su competitividad, como Grecia, Portugal, Italia o España, tuvieron que bajar costes y sueldos en una "devaluación interna" para mantener su competitividad. Aunque han ganada competitividad, sufren de salarios muy bajos y en algunos casos crecimiento bajo o nulo. En Ecuador, algunos expertos afirman que la dolarización ha cerrado la puerta al crecimiento para el país.

¿Se puede dar marcha atrás a la dolarización o la "euroización"? La mayoría de los expertos coinciden en que un paso tan radical es irreversible. Si un país como Ecuador decidiera volver al sucre, sus ciudadanos tendrían que estar dispuestos a entregar sus dólares y volver a confiar en una moneda nacional. El primer rumor de que se volvía al sucre daría lugar a una especulación salvaje en los mercados de divisas, llevando la nueva moneda a un tipo de cambio muy bajo. Esto podría favorecer a algunas exportaciones (pero no las del petróleo, que se vende en dólares). Pero hay que recordar que los países dolarizados tienen deuda, pública y privada, denominada en dólares. Una moneda barata haría imposible pagar algunas de estas deudas, sobre todo las públicas. El país tendría que proceder a una renegociación o en el peor caso, un impago, con todas las repercusiones que tiene para su acceso al crédito, el riesgo país y, de nuevo, el crecimiento.

Abandonar la moneda es una decisión radical. Tiene muchas ventajas y unos grandes inconvenientes. Desgraciadamente, una vez dado el paso, es muy difícil volver.