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Comerciar o resistir: medio siglo de relaciones México-China

Con la entrada en vigor del RCEP, China encabeza el principal bloque comercial del planeta. Frente a ello, el presidente mexicano ha convocado en varias ocasiones a una alianza continental encabezada por Estados Unidos, para “recuperar lo perdido” ante el “crecimiento desmesurado” del país asiático. La otra salida, según analistas, es el comercio.
Miércoles, 16/02/2022 David Santa Cruz

Si algo define la relación comercial entre China y México sin duda es su desigualdad. Hasta 1988 esta relación fue superavitaria para este último. Un año después, sin embargo, en 1989 el país asiático invirtió la balanza de pagos. Desde entonces, la brecha se abre cada vez más entre ambas economías, al punto que, en al menos dos ocasiones durante 2021 el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador hizo llamados continentales para enfrentar el ascenso chino, al tiempo que se plegaba a los Estados Unidos.

Tanto en julio como en noviembre del año pasado, el mandatario mexicano apuntó, que de seguir creciendo China al ritmo de los últimos 30 años, para 2051 dominará el 64,8% del mercado mundial, mientras que Norteamérica solo tendría entre el 4% y el 10%, algo que calificó como “inaceptablemente desproporcionado”. 

“Es una paradoja que haya tanto circulante en América del Norte y los puertos del Pacífico estén saturados de mercancías procedentes de Asia. Agréguese el impacto inflacionario que eso acarrea, porque no podemos producir en América del Norte lo que consumimos, claro que sí, es asunto de definición y de estrategia económica regional”, dijo.

Y en este escenario, su gobierno prefiere “una integración económica con dimensión soberana con Estados Unidos y Canadá, a fin de recuperar lo perdido con respecto a la producción y el comercio con China que seguirnos debilitando como región y tener en el Pacifico un escenario plagado de tensiones bélicas”, advirtió López Obrador, frente a sus homónimos del Acuerdo Comercial de México-Estados Unidos-Canadá (TMEC).


Por su parte, la secretaria de comercio mexicana, Tatiana Clouthier, señaló en enero pasado en el "México-China Forum 2022: Recovery in action", realizado en el Senado mexicano, que su país espera de China reciprocidad: “No podemos abrir nuestras puertas de par en par cuando estas no son abiertas de par en par en otras comunidades”.

Estas declaraciones han venido acompañadas de actos simbólicos de suma importancia que recuerdan la estrategia del garrote y la zanahoria. El más importante de estos ha sido un acto de desagravio donde el propio Andrés Manuel López Obrador pidió disculpas por la masacre de Torreón de 1911, que formó parte de la persecución xenófoba que sufrió a inicios del siglo XX la comunidad china en México.

Para Andrei Guerrero, profesor y coordinador académico del Centro de estudios China-Baja California, el trasfondo de las declaraciones del presidente es el déficit comercial que viene arrastrando México desde hace tres décadas. Para contextualizar, en 1994, cuando arrancó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Canadá, Estados Unidos y México, este último tenía apenas un déficit comercial con China de US$ 457,4 millones.

Para 2021, China llevaba varios años siendo la segunda economía mundial, además del segundo socio comercial de Estados Unidos y de México, cuyo déficit en la balanza de pagos con el país asiático ronda actualmente los US$ 70.000 millones. A pesar de ello, durante los dos primeros meses de 2021 China representó el 10,9% del comercio total que realizó México con el mundo, según datos del Banco de México (Banxico). Cifra muy por debajo todavía de Estados Unidos, ya que el 62% del comercio total del mercado mexicano está vinculado al territorio estadounidense.

Para el exembajador de México en China, Sergio Ley López, presidente para la región Asia Pacífico del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce), México debería aprovechar el inevitable crecimiento chino para diversificar su economía, toda vez que en la actualidad exporta el 81% de sus mercancías a un solo país: Estados Unidos. “Eso nos hace sumamente vulnerables y creo que esa vulnerabilidad fue más patente durante la administración del presidente Trump, quien impuso muchas condiciones que no tenían nada que ver con el comercio y eso es algo inmoral, pero tuvimos que ceder”, expone el diplomático.

Contrario a esta opinión, la estrategia del gobierno de México parece ser atrincherarse en el Pacífico americano para contener a China, según pareció indicar el secretario de Hacienda mexicano, Rogelio Ramírez de la O, al asumir la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico (AP) en enero de 2022: “Para México la Alianza representa una gran oportunidad para diversificar nuestro comercio exterior y reducir la concentración de nuestros actuales vínculos económicos con unos cuantos países” comentó. 

Larga marcha

El 14 de febrero de 1972, se establecieron las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, por lo que este 2022 cumplirán 50 años. Ambas naciones adoptaron modelos diferentes de desarrollo, el país americano adoptó el enfoque neoliberal y el asiático fue transitando del modelo comunista al actual sistema de capitalismo de Estado, pasando por lo que denominaron como una “economía socialista de mercado”. A pesar de estas diferencias de modelo económico, “ambos países […] implementaron un modelo de desarrollo orientado hacia las exportaciones como motor del crecimiento económico”, según señalan los académicos Juan González García, Cuauhtémoc Calderón Villarreal y Carlos Gómez Chiñas en un artículo publicado por la Universidad de Guadalajara.

Esto ha generado tensiones comerciales. Por ejemplo, a finales de 2001 México fue el último país en otorgar la carta de postulación para que China ingresara a la Organización Mundial de Comercio (OMC), previa firma de un acuerdo bilateral que obligaba a China a brindarle a México un periodo de transición más amplio que al resto de los países, con el objetivo de implementar un programa de ajuste y competitividad en la industria, según informó en su momento la Secretaría de Economía mexicana. Este periodo para el resto de los países fue de cinco años, México negoció, seis, siete y hasta 10 años en industrias “clave” señala Sergio Ley, quien en ese 2001 dejó la embajada mexicana en Singapur para hacerse cargo de la embajada en China.

“Había un sector de los funcionarios de la Secretaría de Comercio que pensaba que la entrada de China a la OMC iba a perjudicar a México y ese sector se envolvió en la bandera nacional. No podíamos detener realmente el ingreso de China, solo fueron prácticas dilatorias, pero finalmente tuvimos que aceptar. Nuestro principal socio comercial [Estados Unidos] ya había firmado, entonces era inútil nuestra resistencia”, recuerda el embajador. “El problema fue que durante los siete años que teníamos de plazo nunca hicimos nada para concretar el ajuste”, concluye.

México buscaba reducciones de aranceles en productos del mar, frutas y legumbres, azúcar, jugo de naranja, café, cerveza, tequila y otros licores, cemento, tabaco, productos químicos y farmacéuticos, caucho, vidrio, hierro y acero, productos electrónicos y eléctricos, automóviles, camiones y autopartes, entre otros, según documentó el académico mexicano Roemer Cornejo en un artículo titulado “México y la competitividad de China”.

Sin embargo, y a pesar de las concesiones que se lograron, entre 2002 y 2012, durante el gobierno de Vicente Fox se dió una confrontación abierta, económica y comercial entre ambos países. Un escenario que no cambió sino hasta el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México, lo que coincidió con el ascenso del presidente Xin Jin Ping.

“En estos últimos nueve años se han generado una serie de mecanismos de interlocución de vinculación y de intercambio que han sido muy provechosos para relanzar nuestras relaciones mutuas en todos los órdenes tanto en el ámbito comercial como financiero educativo, tecnológico, turístico, etcétera. Creo que ha sido muy visible la presencia china en estos últimos años y cómo México también cada vez tiene más empresas y más negocios, más estudiantes y más intercambio que aumenta nuestra presencia en aquel país”, explica Pola Grijalva.

Las otras opciones

A los ojos de China, América Latina resulta una importante fuente de recursos naturales, sobre todo si se tiene en cuenta que el país oriental posee sólo el 7% de la tierra cultivable de todo el planeta para alimentar al 25% de la población mundial que habita dentro de sus fronteras. Y para Sergio Ley, ahí existe un gran nicho de mercado para México, que le permitiría nivelar su balanza de pagos, ya que este país es un productor de alimentos y productos agropecuarios de alta calidad, que “ya lo han convertido en uno de los principales proveedores tanto de Estados Unidos, como de Japón y algunos países europeos”, señala el embajador. 

De hecho, entre los productos mexicanos que han aumentado su exportación a China se encuentran productos cárnicos, harina de pescado, aves, frutos comestibles, aguacate, crustáceos y moluscos. Aunque para la secretaria de Comercio mexicana, Tatiana Clouthier todavía “tenemos como país el reto de la harina del maíz, tenemos el reto de la langosta de Baja California”, en alusión a los acuerdos que permitan reducir los aranceles para su ingreso a China.

Pero no solo eso, México también exporta partes y componentes tanto para uso de la industria automotriz, como maquinaria y herramientas eléctricas; recursos minerales como el cobre, plomo y hierro. Mientras que de China, México importa partes y componentes electrónicos de la industria automotriz, teléfonos celulares, equipos de transmisión, televisiones, pero especialmente bienes intermedios y de capital, que no llegan terminados y se terminan de manufacturar en México, algo que para Andrei Guerrero hace que el déficit comercial no sea tan grave: Lo que compra México a China, al final, genera empleos en manufactura y luego es exportado a otros países.

Enfocarse en ese nicho es la segunda opción que plantea Sergio Ley para nivelar la balanza comercial entre ambos países. Habría que invitar a las empresas chinas, que hoy exportan insumos a México, a trasladar sus fábricas al país americano. Esto, según Ley, crearía un círculo virtuoso, primero generaría mayor número de empleos en México; en segundo lugar el producto final cumpliría con las reglas de origen del TMEC: “Por ejemplo, está el caso de los automóviles que ahora nos exigen que tenga el 75% de componentes fabricados en la zona norteamericana”; y finalmente si se “crea el clima de negocios adecuado” será más rentable para las empresas Chinas fabricar en México que mandar en barco o en avión.

Lea más: "Latinoamérica frente al CPTPP y el RCEP: ¿espectadores del multilateralismo?"

De la geopolítica a la geoeconomía

Con la entrada en vigor el 1 de enero de este año, de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) encabezada por China y conformada por 15 países de Asia Oriental y el Pacífico, se podría decir que del Mar de Japón a Nueva Zelanda se extiende una cortina de seda por el continente asiático, que según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) será el nuevo “centro de gravedad para el comercio mundial”.

Dicho tratado concentra de inicio el 30,5% del PIB mundial, lo que lo pone por encima de los otros grandes acuerdos comerciales regionales incluyendo al T-MEC de Canadá, Estados Unidos y México (28%), la Unión Europea (17,9%) la Zona de Libre Comercio Continental Africana (2,9%) y el bloque comercial sudamericano Mercosur (24%). 

Para Miguel Ángel Cruz, profesor de la facultad de economía de la UNAM, el RCEP es una herramienta China de contrabalance hegemónico hacia Estados Unidos. Así, China por un lado y Estados Unidos, por otro, “están regionalizándose y conformando grupos de aliados para tener un mayor peso a nivel multilateral”, señala Andrei Guerrero.

Por eso, no es errado ver este enfrentamiento comercial como una especie de Guerra Fría, lo erróneo es pensar que es idéntica. Aunque el país más poblado del mundo sea gobernado desde hace décadas por un partido comunista que celebra el natalicio de Karl Marx y el de Mao Zedong, lo cierto es que teóricos como el economista serboestadounidense Branko Milanovic han demostrado que el modelo económico chino se trata de un capitalismo de Estado, que otros más prefieren llamar capitalismo autoritario, pero que a fin de cuentas es solo capitalismo.

Siendo así, la idea de una guerra capitalismo vs comunismo es irreal, lo que no es irreal es que en la historia de la humanidad, nunca una potencia hegemónica ha sustituido a otra sin una “gran guerra” de por medio. La diferencia de peso es que ambas potencias (y sus posibles aliados) tienen bombas nucleares y nadie quiere tener que usarlas. Por ello, en 2003, los chinos formularon la doctrina heping juequi que significa “emerger rápidamente de forma pacífica”, que está basada en investigaciones históricas sobre potencias emergentes y busca romper con el discurso occidental de la “amenaza china”, al tiempo que ofrece mantener el orden existente y crecer de una forma que beneficie a sus vecinos.

Así, antes que imponerse por la fuerza como lo ha estado haciendo Rusia o como lo hizo Estados Unidos, China prefiere avanzar a través de instrumentos económicos, comerciales y financieros que ofrece a cualquier país soberano, “sobre todo para poder capturar en sus redes a otras economías, para así endeudarlas y con ello generar una diplomacia de la deuda”, agrega Cruz Mancilla. Lo interesante para muchos países, es que Pekín no interfiere con la política interna de sus socios, no exige que sigan un modelo económico o político al estilo Consenso de Washington.

Claro, que también existen las represalias económicas frente a aquellos países que les desafían, como lo puede atestiguar Australia, a quien le impuso duros aranceles a sus exportaciones después de que los australianos prohibieran el acceso al gigante chino de las telecomunicaciones Huawei (acusándolo de espionaje) y apoyara a otros países occidentales en una investigación internacional sobre el origen del COVID-19.

Dentro de este contexto, México tiene grandes posibilidades de crecer con el RCEP, según Sergio Ley, de la Comce. “Hoy día tenemos un comercio mucho más intenso y mucho más grande con Malasia que con Argentina”, señala. Pero como bien apunta Pola Grijalva, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio y Tecnología Méxíco–China, las empresas mexicanas tienen que mejorar en términos de logística, procesos, cumplimiento de normas y capacitación para estar en condiciones de competir, “porque así como México está llegando a China, están llegando todos nuestros socios de América Latina, además de otros productores de la región Asia Pacífico”.

Para los especialistas entrevistados, uno de los puntos débiles para el crecimiento del intercambio comercial entre los países del RCEP y México es la falta de infraestructura adecuada de este último en el Pacífico y sus conexiones terrestres a lo largo del país. “Te vas a sorprender, el principal puerto mexicano por el que entran productos de Asia a México es Ciudad Juárez”, explica Sergio Ley. Juárez es la ciudad espejo de El Paso Texas, se encuentra a 1350 km (aproximadamente 12 horas de viaje) del puerto de Long Beach, California, en los Estados Unidos, a donde llega la mercancía que luego será transportada por tren a El Paso y de ahí introducida a México.

“No podemos improvisar. Llegar al mercado chino implica sostener no solamente nuestra calidad, sino los volúmenes necesarios para atender esas necesidades. Este ha sido un gran cuello de botella para que podamos tener un resultado muchísimo más favorable para México”, señala Pola Grijalva, quien agrega que con el RCEP “vamos a entrar en una carrera por la eficiencia, por la eficacia, por la competitividad, pero también por ir incorporando cada vez más tecnología a nuestros productos de una manera muy acelerada y México no puede quedarse atrás”.

La disyuntiva para la segunda economía de América Latina está en cómo jugará frente a las dos grandes potencias mundiales y si sacará provecho a su posición geográfica privilegiada con puertos en el Pacífico y el Atlántico. Lo único que no puede hacer es mantenerse al margen o ignorar lo que en 1899 dijo el entonces secretario de Estado de los Estado Unidos, John Hay, que “el centro de la vorágine mundial se ha desplazado […] a China. Cualquiera entiende que en ese poderoso imperio […] reside una de las claves de la política mundial durante los próximos 500 años”.

*Fotos: AméricaEconomía/Reuters