Las dificultades que presenta el Mercosur para que sus miembros puedan moverse por fuera para agilizar los trámites de negocios han llevado a Brasil y Uruguay a buscar la flexibilidad mediante acuerdos comerciales en dos velocidades, como el que se pretende con la Unión Europea (UE). Esta modalidad permitiría al bloque salir del estancamiento y facilitaría las negociaciones con los europeos, aunque participen sólo dos países del Mercosur. Los gobiernos uruguayo y brasileño están decididos a emprender este camino; una oposición a esta idea podría llevar a la ruptura de esta alianza comercial nacida en 1991, según una fuente de cancillería.

A una velocidad diferente, pero sin salirse del Mercosur, es la consigna de Brasil y Uruguay para alcanzar el tratado con la UE que lleva más de una década sobre la mesa, ante la tendencia de Estados Unidos de concretar negocios con los países del Pacífico y con los asiáticos, y de olvidarse un poco más de su antiguo patio trasero. Se pretende algo similar a lo que hicieron Colombia y Perú, pertenecientes a la Comunidad Andina, que acordaron un TLC con la UE por fuera de dicho conglomerado en 2012 y que entró en vigor este mes.

El Mercosur, que tiene menos del 2% del comercio mundial, obliga a sus miembros a negociar en conjunto cualquier tratado internacional. El bloque subregional tiene TLC firmados con Israel, Palestina y Egipto, y acuerdos de complementación económica con algunos países como México y Chile.

Una fuente de cancillería uruguaya explicó a El Observador que la teoría de las dos velocidades se basa en que dos o más países dentro de un bloque acuerdan ir más rápido sobre un tema, pero sin salirse del objetivo común y en sintonía con el resto de los miembros.

Así, Brasil y Uruguay acelerarían el paso en las conversaciones con la UE y el acuerdo que logren alcanzaría también a los otros miembros, como Argentina y Venezuela, y Paraguay en caso de retornar al bloque. Si, por ejemplo, Argentina no acepta esta modalidad, significaría la ruptura con el Mercosur, añadió la fuente. “Tiene que haber un acuerdo. Si Argentina no lo está, habría una ruptura formal”, dijo.

En la UE ha sucedido más de una vez que los países más fuertes, como Alemania o Francia, resolvieron asuntos que de ser definidos con la unión en su conjunto hubieran tardado más.

El lunes 12, El Observador publicó, basado en fuentes gubernamentales, que existe un esquema bilateral acordado por el presidente José Mujica y la presidenta Dilma Rousseff “para no dejar aislada a la región”. El canciller Luis Almagro tildó esa información de “basura”, pero el propio Mujica confirmó el martes 13 esa noticia al defender un convenio con Europa. “Tenemos decidido acompañar a Brasil en las negociaciones con la UE, porque esa es una variable que debemos cultivar y cuidarnos de aquel peligro de que todos los intereses estén en la misma canasta”, dijo durante su audición radial. “Renunciar así como así a hacer convenios con Europa en un cierto grado de complementariedad económica sería un error mayúsculo”, añadió.

Un TLC Mercosur-Europa está en la vuelta desde hace más de una década. Las conversaciones, iniciadas en 1999 y que apuntan a un acuerdo amplio de cooperación, diálogo político y liberalización comercial, fueron suspendidas en 2004 ante la falta de avances y retomadas en mayo de 2010 en Madrid. Desde entonces, las dos partes han celebrado nueve rondas de negociación centradas en reglas comerciales, pero sin entrar en la cuestión del acceso a los mercados.

La dificultad en el intercambio de ofertas se debe a que el Mercosur exige una mayor apertura de la UE para sus productos agrícolas y los europeos quieren un mayor acceso en Sudamérica para sus productos industriales.

En esa teoría de dos velocidades y de tratar por fuera del conglomerado sudamericano, el diario británico Financial Times publicó el domingo 11 unas palabras del canciller brasileño Antonio Patriota, sugiriendo que Brasil podría negociar de forma separada un TLC con la UE. “Hay condiciones objetivas que crean fuertes incentivos para un avance en el frente Mercosur-UE. Pero también cada miembro del Mercosur podrá negociar en diferentes velocidades”, advirtió Patriota, según el diario.

Así como el canciller Almagro, en Brasil y en Europa también hubo quienes salieron a aclarar esa información. El gobierno brasileño dijo que el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE debe ser negociado en conjunto entre los todos los países miembros del bloque aduanero y que las declaraciones de Patriota fueron malinterpretadas.

“El ritmo (al que se refería el ministro) es el ritmo interno de preparación de la oferta. Cada país tiene un proceso interno de consulta con el sector privado, con los sectores interesados, entonces cada país lleva al Mercosur una propuesta interna. Con base en las cinco propuestas del Mercosur, se va a negociar una propuesta consolidada con la Unión Europea”, explicó la cancillería brasileña.

Lo mismo señaló la UE, mediante el portavoz comunitario de Comercio, John Clancy, quien subrayó que ninguna nación del bloque latinoamericano le ha pedido negociar de forma individual por ahora.

Ya en junio, la industria brasileña, que pasa por un momento de bajo crecimiento, reclamó al gobierno que buscara acuerdos comerciales con grandes regiones y países del mundo para evitar el aislamiento. Los industriales brasileños alertaron del impacto en el comercio mundial y en Brasil de la creación de la Alianza del Pacífico en América Latina, de un acuerdo comercial a ser negociado entre Estados Unidos y Europa, y del pacto entre naciones a uno y otro lado del Pacífico que está por concretarse.

“Los socios de Brasil en América Latina, Chile, Colombia, México y Perú, que suman 35% del PIB latinoamericano y 3% del comercio mundial, se unieron recientemente en la Alianza del Pacífico”, recordó la Confederación Nacional de la Industria (CNI). “Necesitamos librarnos de esa camisa de fuerza (el Mercosur), pues no vamos a concluir ningún acuerdo teniendo a Argentina y Venezuela como socios”, dijo Roberto Gianetti da Fonseca, de la Federación de Industrias de San Pablo a O Estado.

En ese punto, Uruguay pidió este año sumarse como observador a la Alianza del Pacífico, un proyecto que avanza hacia un área regional de libre comercio para proyectarse a Asia y que ha sido duramente cuestionado por los países del ALBA, liderados por Venezuela, y por el Foro de São Paulo de la izquierda regional.

Esa aproximación fue criticada por sus socios del Mercosur durante la cumbre del mes pasado en Montevideo, cuando la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner pidió “no dejarse llevar por cantos de sirena” que solo pretenden romper la “unidad” del bloque comercial.

Almagro dijo la semana pasada que la alianza sudamericana “como mercado único todavía es una ficción”, pero pareció tomar esas críticas en serio y el miércoles señaló que Uruguay se siente más cerca del ALBA que de la Alianza del Pacífico.