ae brand lab

El golpe del COVID-19: las industrias mexicanas en riesgo

Algunas de las actividades económicas que más aportan al PIB mexicano y que más empleos producen han recibido los impactos más fuertes de la pandemia COVID-19. Empresarios locales buscan la manera de sortear las consecuencias de esta crisis, de la que difícilmente podrán salir en el corto plazo.
Miércoles, 02/09/2020 Camilo Olarte

El 20 de junio el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmaba lo que el Banco de México y muchos analistas mexicanos ya habían predicho: la economía del país norteamericano se enfrenta a un annus horribilis como consecuencia de la expansión del COVID-19. Y es que, según el organismo multilateral, el PIB mexicano puede desplomarse un 10,5% este año, lo que lo convierte en uno de los cinco países del mundo con los peores pronósticos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) coincide con este desalentador diagnóstico y pronostica en 9,1% la caída del PIB y calcula que 500.000 empresas cerrarán y se perderán 1.573.000 empleos. 

“La mayoría de las empresas afectadas serán micro, pequeñas y medianas y los sectores más afectados son el turismo, la industria manufacturera y el comercio,” dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, en la presentación del informe Sectores y empresas frente al COVID-19: emergencia y reactivación. El impacto será muy diferente según el sector y el tipo de empresa, asegura el informe.

El COVID-19 arribó a un país ya en recesión, cuando los indicadores del primer trimestre mostraban que había un daño estructural en la economía, previo a la pandemia. El anuncio en marzo de la suspensión de actividades no esenciales para detener la expansión del virus, fue un golpe muy fuerte para algunas industrias, con consecuencias todavía muy difíciles de predecir. 
La industria turística, que representa un 8,7% del PIB del país, es, sin duda, la más golpeada. Diariamente está dejando de producir US$ 180 millones por consumo debido a la inactividad en el sector de los viajes, según un informe del Centro de Investigación y Competitividad Turística de la Universidad Anáhuac (Cicotur). Estas pérdidas dejarán un hoyo fiscal de unos US$ 4.400 millones por la falta de contribución al Impuesto al Valor Agregado (IVA) y al Impuesto Sobre la Renta (ISR). 

La actividad industrial manufacturera y la construcción siguen la misma tendencia, aunque se espera que su recuperación sea más rápida. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la producción cayó un 30,7% en junio con respecto al mismo mes de 2019, el mayor descenso desde que se iniciaron los registros, hace más de 25 años. El sector manufacturero cayó un 35%, y la construcción un 38%, en términos anuales. Una crisis más profunda que la recesión de 2009 y que la crisis de la deuda de 1995.

Hasta la industria energética está en estado de emergencia y eso que fue definida como “actividad esencial”, y a diferencia de otros sectores no se tuvo que detener para evitar la expansión del virus.
Los actores de estas industrias luchan por sobrevivir y no encuentran una respuesta suficiente en un gobierno que se niega a abandonar sus prejuicios hacia el sector privado y que parece no dimensionar las consecuencias de la crisis.

El sector turístico busca una tabla de salvación

“Nunca había visto a Cancún tan solitaria en los 20 años que llevo viviendo acá” dice Felipe Biermann, un restaurantero que se ha tenido que endeudar para no tener que cerrar definitivamente. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) advirtió, a inicios de julio, que de los más de 670.000 restaurantes en el país, cerca del 20% no reabrirá tras la pandemia, casi 130.000. 

“Ya estamos funcionando, pero no sabemos cuándo vuelvan los turistas estadounidenses, dice Biermann. “Perdimos la mejor temporada, cuando ahorrábamos para el resto del año. Hemos aguantado para no despedir a nadie, pero ya no podemos más.” 

El regreso de los turistas del vecino del norte (el 55% de los visitantes internacionales provienen de ese país) a pesar de la reapertura que empezó los primeros días de junio, es incierto. “36 millones de personas han solicitado beneficios de desempleo en Estados Unidos. Resulta poco probable que el turismo de este país regrese a gastar los dólares que antes gastaba en México”, dice León Krauze en una columna de la revista Expansión. 

“La caída el PIB turístico de México en 2020 podría situarse entre 3,0 y 5,0%, que supone entre US$ 1.400 y US$ 4.400 millones considerando el peor escenario”, dice Francisco Madrid Flores, del Cicotur. Un estudio de esta entidad asegura que el desplome en las llegadas de turistas extranjeros generará, además, una merma de US$ 160 millones por concepto del pago de derechos que pagan los visitantes internacionales cuando arriban al país, el Derecho de Visitante sin permiso para realizar actividades remuneradas, conocido como DNR. Entre las preocupaciones del gobierno es que este pago, casi en su totalidad, va al financiamiento del proyecto de Tren Maya, la obra de infraestructura más importante del gobierno de Manuel Andrés López Obrador, que conectará algunas de las regiones más turísticas del país y cuyo costo oscila entre los US$ 6.000 millones y US$ 8.000 millones. 

El Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) y Cicotur presentaron en junio ante las cámaras legislativas un paquete de emergencia para el turismo. Después de seis reuniones, Francisco Madrid, del Cicotur, encuentra que hay una buena recepción por parte de algunos legisladores que las están impulsando, y algunas iniciativas como la deducibilidad en el consumo en restaurantes van por buen camino. 

Sin embargo muchos empresarios se quejan de la lentitud del Gobierno y exigen soluciones inmediatas. “Las propuestas del Gobierno no son suficientes para aguantar esta crisis”, dice Héctor Gómez, un hotelero de Isla Mujeres, lugar que prácticamente vive exclusivamente del turismo. “Necesitamos soluciones tangibles. Necesitamos apoyo para volver a comenzar. Nosotros solos no podemos sostener esta situación”, reclama. 

Una de las iniciativas del Gobierno mexicano que pretende rescatar la economía de las regiones que dependen de turismo es la campaña “Piensa en México”, que busca incentivar el turismo de los migrantes mexicanos y latinos que viven en Estados Unidos. La campaña, creada por la organización civil Fuerza Migrante, la Secretaría de Turismo (Sectur) y la plataforma digital visitmexico.com, pretende llegar a esos 35 millones de personas de origen mexicano, casi dos terceras partes de toda la población latina. “El objetivo es consolidar ofertas para la comunidad mexicana que vive en ese país y que quieran venir a visitar a sus familias de manera segura. Esta puede ser la primera de muchas iniciativas binacionales y desarrollar programas que aporten al desarrollo económico de comunidad latina en Estados Unidos”, dijo el titular de la Sector, Miguel Torruco en una conferencia de prensa virtual a finales de junio. 

La iniciativa está bien encaminada, pero es insuficiente, afirma Madrid. “La actitud del gobierno ante este sector, como con otros sectores, es la de sálvese quien pueda. Hemos encontrado una mejor respuesta a nivel local. Estados como Baja California, y, sobre todo, Quintana Roo, Yucatán, están haciendo una buena labor por apoyar a las empresas y proteger el empleo”. 
“Si las puertas se mantienen cerradas a nivel federal, es hora de construir con los gobiernos estatales y municipales, con los congresos locales, y con todos aquellos que dependen de estas cadenas de valor. Es la hora de cerrar filas para no dejar morir a uno de los más nobles, talentosos y estratégicos sectores de nuestro país, y que hoy es más indispensable que nunca.” escribió la senadora Josefina Vázquez Mota en una columna del diario El Universal.

De una alianza entre algunos de esos gobiernos estatales, senadores, y el sector privado nació la Alianza Nacional Emergente por el Turismo (Anetur), a mediados de julio. Esta iniciativa, después avalada por la secretaría de Turismo (Sectur), tiene como objetivo apoyar la recuperación del turismo y ha tenido una buena acogida entre los empresarios del sector. La iniciativa reúne a agrupaciones gremiales y estatales como la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el Consejo Nacional Empresarial Turístico (Cnet), la Unión de Secretarios de Turismo de México (Asetur), la Conferencia Nacional de Municipios de México (Conamm) y las Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo y algunos senadores. Anetur acaba de sumar a la Asociación de Bancos de México (ABM), que se comprometió a apoyar a los empresarios del sector.

“Esta alianza busca definir una nueva ruta del turismo en México, que impulse la innovación, sustentabilidad y desarrollo inclusivo, así como el fortalecimiento de las pymes, para recuperar las fuentes de empleo”, dice el dirigente del CNET, Braulio Arsuaga. 

Y es que si la situación para los empresarios es preocupante, la dimensión de la crisis tiene su peor alcance en el empleo. La industria turística da trabajo a más de dos millones de mexicanos, al menos 6% de los empleos remunerados. La pandemia de COVID-19 podría causar la destrucción de la mitad de esos dos millones de empleos, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por su siglas en inglés). 

“No vamos a volver (en el mediano plazo) a los niveles previos al COVID-19, pero podemos regresar a estándares de buena afluencia en 2021 “, dijo Carlos González, director del portal visitmexico.com. Este optimismo no es compartido por muchos empresarios, ni por las analistas del sector. “No hay ninguna señal de que nos podamos recuperar en 2021. Nosotros creemos que por bien que nos vaya, podamos volver al mismo nivel de 2019 en 2022.”, dice Francisco Madrid del Cicotur. 

La industria se desploma

Nissan anunció a mediados de junio que aplazaba indefinidamente sus planes de inversión en México, debido a la crisis económica generada por la pandemia. Al mismo tiempo dio a conocer que, después de negociar con el sindicato, recortarán 200 puestos de trabajo y no 300 como se había anunciado unos días antes. 
Este fue el primer gran golpe a la industria automotriz derivado del paro de actividades por la emergencia sanitaria. Pero no es ni será el único: el sector prevé un ajuste de 30% en su plantilla laboral, que se traduciría en 47.000 empleos menos. El Partido Acción Nacional (PAN) estima que las pérdidas de este sector llegarán a los US$ 5.000 millones. 

Según el estudio Panorama de la Industria Automotriz de Deloitte, la producción mexicana de automóviles recuperará en 2024 su nivel de 2019 (3,8 millones de vehículos). “La emergencia sanitaria aceleró el deterioro de venta a nivel mundial e interrumpió la producción y las cadenas de suministro de la industria automotriz y la de autopartes”, dice el estudio. 
La cuarentena de Estados Unidos, sobre todo en abril, contribuyó al golpe en México debido a las cadenas de valor transfronterizas. El 80% de la producción de autopartes tiene a las fábricas de Estados Unidos como destino. La reapertura más temprana de la economía e industria automotriz estadounidense respecto a la mexicana causó roces en sus cadenas productivas, explica un comunicado de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra). 

El sector automotriz representa casi 4% del PIB nacional, un 20% del sector manufacturero y es el mayor componente de las exportaciones mexicanas. Pero, además, genera impacto en 23 sectores de la industria, según la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA). 

El desplome, según la previsión de la asociación, puede llegar hasta el 47% en la venta de autos en 2020 y  ha incidido en el descalabro de toda la industria manufacturera, que cayó un 35% en mayo. “Con estos niveles estamos regresando 10 años al pasado. Esperamos no tardar otros 10 en recuperarnos”, dice Guillermo Rosales, director general de la AMDA. “El sector tiene dos escenarios: uno basado en una recuperación moderada en la segunda parte del año y otro en un estancamiento económico”. 

El otro gran sector que ha incidido en el desplome de la industria es la construcción. “Si 2019 fue considerado un año desastroso para la actividad productiva del sector de la construcción, que presentó una caída real anual de 5% respecto a 2018, con una pérdida de 150.000 puestos de trabajo, 2020 se perfila como un año aun peor”, vaticina José Antonio Hernández, Gerente del Centro de Estudios del Sector de la Construcción (CMIC), quien prevé este año la caída del sector podría ser de alrededor del 7%. 

El golpe es estrepitoso, coinciden los analistas, pero no se puede culpar solamente al COVID-19. De acuerdo a cifras del Inegi, la industria había decrecido los 20 meses anteriores “debido a la mayor incertidumbre causada por diferentes factores: cambio de gobierno, la cancelación de proyectos infraestructura, y la aprobación del TMEC”, aseguran analistas del banco financiero Banco Base en un comunicado.  

México se mantiene en el pico de contagio y varios estados del país han impuesto restricciones a la capacidad manufacturera para evitar rebrotes, lo que dificulta aún más hacer estimaciones. “Se tendrá una reactivación gradual de algunos sectores, pero hay que observar cuántas empresas sobreviven”, dice Enrique Díaz Infante, del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). “Muy probablemente esta caída provoque muchas quiebras” 

Un panorama sombrío

La actividad industrial presentaba una tendencia a la baja desde principios de 2018 y en 2019 el PIB retrocedió un 0,1%, la peor cifra en una década. Todos esperaban una recuperación moderada en 2020 hasta que llegó el coronavirus. 

A la caída del turismo y de la industria hay que sumar la  de la industria petrolera mundial y cómo está afectando de manera exponencial al país, cuyo proyecto de gobierno está cimentado en una política energética basada en hidrocarburos. La caída de las exportaciones petroleras de México en mayo, por lo pronto, fue del 63,8%, con US$ 929,3 millones, según el Inegi. El futuro para el sector petrolero de México es incierto y el impacto que tendrá en las finanzas públicas del país puede llegar a ser desastroso. 

La única sorpresa económica que ha asombrado a los analistas financieros es el aumento de 2,9 % de las remesas en mayo con respecto a 2019, según datos del Banco de México −las remesas representan la segunda fuente de divisas de México, después de las exportaciones automotrices−. Las razones de este aumento no son alentadoras: para muchos se explican por los subsidios que entregó Estados Unidos a su población y muchos predicen que no es sostenible en los próximos meses, cuando la crisis golpee con más fuerza el bolsillo de los migrantes. “La recuperación a niveles precrisis podría tomar hasta seis años y eso variará dependiendo del sector”, dijo Gabriela Siller, directora de análisis de Banco Base, en una reciente conferencia de prensa. La analista explicó que, aunque la economía estadounidense tendría una recuperación vigorosa con forma de V, la recuperación en México tendrá más bien una forma de “palomita”, donde el PIB se recuperaría de forma más lenta.

La respuesta del gobierno mexicano a la pandemia sigue siendo una de las más débiles de la región y, a pesar de algunas iniciativas, los empresarios de casi cualquier sector se sienten desprotegidos.