Argentina se encamina hacia un ineludible final del “modelo” kirchnerista, mientras los ciudadanos ya no ven al gobierno de Cristina Fernández capaz de resolver los crecientes problemas económicos, dijeron analistas argentinos durante la conferencia “El ambiente de negocios en Argentina y su impacto en Uruguay”.

El economista Carlos Melconian, director y fundador de M&S Consultores, y el politólogo Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía, coincidieron en que la administración de Fernández, que en octubre enfrentará elecciones legislativas, ha perdido pie a todo nivel en la sociedad argentina, pero aún cuenta con una base para “aguantar” hasta 2015, cuando llegue el fin del mandato de cuatro años. La pérdida de poder e influencia es clara, continuaron, y los bandazos económicos dirigen al país hacia un próximo ajuste que no vendrá con un estallido social.

Melconian señaló que el escenario es parecido al término del segundo mandato de Carlos Menem en 1998, donde se vivió un agotamiento de las políticas de ese gobierno, con alta inflación, pero que no generó inconvenientes en la calle. “Cristina Fernández llega a 2015”, dijo en ese sentido durante el evento organizado por el estudio Posadas, Posadas & Vecino en el hotel Sheraton.

El economista enumeró una serie de malestares que achacan a esta Argentina kirchnerista, como el pobre crecimiento y estancamiento del empleo, la inflación, las pérdidas de reservas y de competitividad.

En un gobierno proteccionista y que necesita hacer caja, especialmente para cubrir los cuantiosos subsidios energéticos, la nación se sostiene gracias a un escenario internacional que permitió una “suba estacional de la soja” a precios altos y por el sector automotor que se muestra robusto al existir un dólar barato que facilita “un boom de venta e importación”. No hay, eso sí, “ninguna chance de volver a crecer a tasas chinas”, aseveró Melconian.

El cepo cambiario instaurado a mediados del año pasado ha terminado siendo un “colador”, por donde se van las reservas y cuyo efecto hace subir el dólar paralelo. Las reservas argentinas pasaron de US$46.167 millones en 2007 a US$43.291 millones en diciembre de 2012 y a US$38.552 millones en mayo de 2013. El gobierno “ha respondido emitiendo moneda, generando un agujero en el fisco”, dijo Melconian.

“Mataron al mercado de cambio” y “no logran rehabilitarlo”, afirmó el economista. Subrayó la falta de flexibilización de las importaciones y destacó que entre 2008 y 2013 hubo “volumen cero” en exportaciones. Las inversiones se han ido y los subsidios se han disparado. Es “récord en la historia” el aumento de 58% nominal en subsidios entre enero y abril de este año. La inflación, en tanto –no la oficial, sino la de los operadores privados– se encuentra en 25%, “acelerándose 0,3%, 0,4%, mensual”. Algunos dicen “que llegará a 30% este año”, continuó.

Para Melconián el rumbo general, tal como están las cosas en la actualidad, “es intocable”, donde hay un modelo “sin motor” para ser rescatado y que enfrenta un bienio complejo. “No es fácil ganar con esta economía”, dijo el analista respecto a las elecciones de octubre. “Habrá correcciones impuestas por la realidad”.

Los ajustes, cuando arriben, vendrá por el mercado cambiario. “No habrá un programa integral para el próximo bienio en Argentina; eso queda para 2015”, argumentó Melconian. El panorama, de todos modos, es incierto y caben todas las posibilidades. Podrían venir por “más controles, por deslizamiento acelerado, por desdoblamiento cambiario, por devaluación, por más ajustes al fisco”. ¿Vendrá una laxitud salarial para mantener la paz social o más dureza salarial para mantener una paz inflacionaria? ¿Subirá la tasa de interés hasta la tasa de inflación? ¿Vendrá un ajuste tarifaria?, se interrogó el experto. “Muy probablemente venga un mix de todo esto”, respondió.

Lo viejo y lo nuevo. El politólogo Berensztein coincidió en que Argentina ya no “volverá a crecer en las tasas locas de 2010 y 2011” y remarcó que, pese a los síntomas de agotamiento del “modelo” –como los problemas de seguridad, el “embate contra la Justicia”, los vaivenes económicos y las denuncias de corrupción–, el gobierno mantendrá el pulso hasta el final con su “piso de apoyo del 20%” del electorado.

“Lo viejo no murió y lo nuevo no nació”, resumió. “El alcance de los cambios no quedarán definidos en esta elección”, dijo Berensztein. “Eso sí, quedan marginadas las pretensiones de perpetuarse en el poder (de la presidenta). Es evidente el debilitamiento que ha sufrido Cristina Fernández y su administración”.

El director de Poliarquía destacó que la prospectiva de la ciudadanía es cada vez más oscura. No confía en que pueda mejorar la situación y que en los próximos seis empeorará la economía. Este gobierno “no genera expectativas de cambio. Debería mostrar que tiene con qué enfrentar las futuras complicaciones. Es un gobierno que no se muestra capaz de resolver problemas”.