Después de la contundente derrota oficial en Argentina, “la pregunta que todos se hacen” es que pasará de aquí al 2015 y, más específicamente, si podrá evitarse un accidente macroeconómico.

La humanamente preocupante crisis de Siria llevará probablemente a subas adicionales del petróleo y, salvo que se le encuentre una salida rápida y no muy conflictiva, dañará también la tasa de crecimiento de la economíaglobal.

Aun dejando de lado este factor, hay varias razones de un cierto deterioro de la situación global, afirma el último informe de IAE Business School.

Por un lado, las tasas de interés implícitas en los bonos están en alza en todo el mundo pero las alzas de las tasas de los bancos centrales serán muy parsimoniosas y moderarán el efecto anterior.

Segundo, si bien hay correlación negativa entre tasas de interés y precios de materias primas ella reconoce excepciones, como las que se vieron durante varios años de la década pasada, con tasas y commodities subiendo o bajando simultáneamente. En tercer lugar China está cambiando su modelo económico hacia menos inversión y exportaciones y más consumo en proporción al PIB, pero lo más probable es que su crecimiento continúe por bastante tiempo a tasas menores pero altas, del orden del 7%. Cuarto, si bien por los tres factores antedichos los países emergentes crecerán menos durante un par de años –el FMI proyecta ahora 5% contra 5,6% en octubre pasado para 2013 y 5,4% versus 5,9% para 2014- permanecerán incólumes los factores que más empujan su crecimiento.

Uno de ellos es la incorporación al consumo de miles de millones de personas y la mejora de sus dietas en cantidad y calidad. Por ello los alimentos serán los que menos sufrirán dentro del conjunto de materias primas, precisa el estudio.

El fortalecimiento de las economías de los países desarrollados, razón importante del aumento de las tasas, despejará el temor a un nuevo coletazo de la crisis global.

En este marco, el escenario básico para la economía argentina en 2014 y 2015 mostrará aumentos el PIB de entre 1% y 2% y una inflación creciente de entre 25% y 27,5%. El principal impulsor de este magro crecimiento seguirá siendo la baja de los precios en dólares de los bienes durables, los de capital y los costos de construcción.

Este factor perderá su vigor si se acorta la brecha cambiaria o si aumenta mucho y entonces
prevalece el temor –eventos por ahora poco probables. Entre las innumerables limitantes del aumento del PIB, la mayor parte de ellas originadas en la política económica, sobresale la crisis de un “desendeudamiento” basado en pagar con reservas del Banco Central buena parte de los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública.

Está a la vista el estrepitoso fracaso del control de cambios para evitar la caída de las reservas externas –si alguien piensa que sin el control la caída habría sido peor debería demostrar también que el control mismo no acentuó la dolarización de los ahorros de los argentinos, como todo parece indicar. Sin eventuales pagos de los cupones ligados al PIB los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública con tenedores privados son de US$7.300 millones en 2014 y de cerca de US$10.000 el 2015. Esto podría cambiar si el INDEC insiste en estimaciones injustificadamente altas del aumento del PIB porque en tal caso habría que pagar el cupón respectivo y los citados vencimientos del año próximo se ubicarían cerca de US$11.000 millones. En un contexto en el que el déficit financiero del sector público nacional es de algo más del 2% del PIB el BCRA no está en condiciones de asumir la mayor parte de estos pagos sin aumentar significativamente el riesgo macroeconómico.

No hay regla alguna que establezca cuál es el nivel adecuado de reservas de un Banco Central. Depende esencialmente de la confianza que exista en la moneda que emite. Por caso, no tiene sentido comparar a la Argentina, cuyo peso nadie demanda en el mundo y pocos en la Argentina salvo para transacciones pequeñas o medianas, con Australia o Canadá cuyos respectivos dólares son atesorados por los bancos centrales de otros países en magnitudes de US$100.000 y US$90.000 millones respectivamente.

Hace décadas se decía que reservas de seis meses de importaciones estaban bien, casi exactamente el nivel que tiene hoy el BCRA (otros hacen la cuenta entre los pasivos monetarios y las reservas para ver cuál tendría que ser el tipo de cambio, que tomando la base monetaria hoy daría 8,75, pero tampoco esa es una buena guía).

La clave para responder “la pregunta que todos se hacen” es si después de las elecciones de octubre, cualquiera sea su resultado, el gobierno dará pasos concretos para aumentar la oferta de divisas en el país, tales como menores restricciones a las exportaciones y un desdoblamiento cambiario que aliente la inversión o el turismo externo.

Ayudará en tal sentido el trasfondo de un escenario en el que, como dijimos aquí el mes pasado, aumentó mucho la probabilidad de que la contienda presidencial de 2015 sea para alguno de los ganadores de las PASO en Buenos Aires, la CABA, Córdoba, Mendoza o Santa Fe -quizás añadiendo a algún otro candidato radical- todos los cuales desarrollarían políticas socioeconómicas más parecidas a las del vecindario latinoamericano sensato –Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay, Perú- que a las de los populismos o socialismos siglo XXI de Bolivia, Ecuador y Venezuela.

La gran tentación del gobierno será dejar para el próximo todo lo que pueda “oler a ajuste”, pese a que hoy mismo lo está haciendo, limitadamente, al acelerar la devaluación y desacelerar la emisión monetaria y el gasto público. Esto tropezará sin dudas con la presión en contrario del candidato oficialista –muy probablemente Scioli- y de la mayoría de los gobernadores e intendentes todavía oficialistas, al menos de la boca para afuera.