La falsificación de papel moneda es un negocio de escala planetaria y no hay país ni Banco Central en el mundo eximido de enfrentar la copia ilegal de su dinero. Como es lógico, hay factores que pueden hacer más atractiva la falsificación de billetes de determinado país –como su valor relativo, su facilidad de circulación, menores marcas de seguridad, entre otros–, y es por eso que el dólar estadounidense es la moneda más falsificada del mundo, una realidad que también se respeta en Uruguay.

No obstante, el Banco Central del Uruguay (BCU) todos los años detecta miles de pesos apócrifos que se introducen con éxito en el mercado doméstico, y que tienen el potencial, aunque limitado, de dañar el bolsillo de cualquier usuario incauto.

En 2012 la autoridad monetaria retiró del mercado 3.014 billetes falsos de diversa denominación por un valor acumulado de $2.417.650 (US$111.614), de acuerdo a la información suministrada a El Observador por el Departamento de Comunicación Institucional del BCU.

Existe una fuerte variación entre la incautación de moneda falsa entre un año y otro, pero lo que se mantiene sin cambios es que período tras período aparecen más.

La identificación de billetes espurios creció 63% en 2012 si se toma en cuenta el valor facial de la moneda incautada, y de 49,6% en cantidad física de billetes. Si bien el papel moneda de $1.000 no es el de mayor denominación que circula en la economía doméstica –hay billetes de $2.000, aunque no son muy comunes–, es sí el más fabricado por los falsificadores.

El Banco Central destruyó el año pasado 1.999 billetes apócrifos de $1.000, una cifra idéntica a la de 2011. De esta forma, del total de $2,42 millones en plata falsa incautada casi $2 millones correspondió a papeles de $1.000, lo que representa casi 83% del total.

Cuanto menor es la denominación del billete, menor es el atractivo para copiarlo, pero eso no garantiza que cualquier consumidor esté a salvo de toparse con plata falsa cuando realiza una transacción. Un total de 753 billetes de $ 500 apócrifos fueron identificados también por la autoridad monetaria en 2012, seguidos de 163 de $ 200; 92 de $ 100 y 7 de $ 50.

Al calcular la cantidad de papel moneda falso y compararla con el total circulante en la economía –de esas mismas denominaciones–, Uruguay registró el último año una tasa de falsificación marginal que se situó en 0,003%. Eso significa que fue retirado del mercado una unidad falsa por cada 31.000 billetes, según los cálculos realizados por El Observador con base en la información del BCU. Entre 2008 y 2012 se detectó una media de 1.977 billetes copiados al año por un valor promedio de $ 1,4 millones.

Dólares. El BCU es también el responsable de hacer las pericias para identificar falsificaciones de moneda extranjera. Tanto en cantidad como en valor relativo, la falsificación de dólares es más redituable que la de pesos, de acuerdo a los datos de confiscaciones. Con 3.149 unidades del papel moneda estadounidense detectados en 2012 –92% de US$ 100–, el “valor” total de esa moneda retirada del mercado fue de US$ 301.610. Si se convierten al valor promedio del dólar en 2012, equivale a algo más de $ 6,1 millones. De todas formas, la identificación de dólares falsos cayó 6,3% en unidades y 6,1% en valor facial durante el último año. El pico de los últimos cuatro años se registró en 2011, cuando se destruyeron 3.360 copias de billetes estadounidenses por US$ 321.260. En ese período, se confiscó una media de 2.740 unidades por un total de US$ 255.104 anuales, informó el Banco Central.

Detección. Los billetes falsos se detectan en su gran mayoría en bancos o instituciones financieras no bancarias, ya sea al recibir dinero en efectivo por ventanilla o a través de depósitos en cajeros automáticos, informaron del BCU.

Puede suceder también que un usuario o comerciante detecta que alguna de las medidas de seguridad del billete resulta dudosa, en cuyo caso debe acercarlo a una entidad financiera que procederá a retenerlo, extendiéndole una constancia con todos los datos del papel moneda y de quien lo presentó.

Dos veces al mes las instituciones de plaza remiten los billetes de dudosa autenticidad al BCU.

Allí, es el Centro de Prevención y Análisis de Falsificaciones del Departamento del Tesoro el que se encarga de realizar las pericias de la moneda sospechosa, unidad por unidad. Si se demuestra que son auténticos, se devuelven a la institución que lo remitió y ésta se encarga de retornarlo al cliente.

Cuando se comprueba que se trata de moneda apócrifa, se remite a la Policía Técnica que se encarga de rectificar o ratificar la pericia, y tramita la orden de destrucción ante el juzgado. El juez emite la orden, Policía Técnica devuelve los billetes al BCU junto al dictamen y se dispone su destrucción, ya sea moneda nacional o extranjera.

¿Qué pasa con la persona que presentó el billete falso? Sencillamente tendrá uno menos en su bolsillo.