A fines del año pasado el periódico británico The Guardian publicó la increíble historia de Sarah Petre-Mears, una mujer de 38 años que, según registros oficiales, controlaba una red de 1.200 compañías. Todos los domicilios informados por ella eran simples casillas de correo. Los reporteros buscaron su huella en varios continentes, hasta que la localizaron en Nevis, una minúscula isla volcánica del Caribe. Concluyeron que Petre-Mears es una directora nominativa: un testaferro que simplemente firma documentos bancarios y legales a cambio de dinero. Los verdaderos dueños de las sociedades permanecen en la sombra.

The Guardian y el Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) acapararon la atención mundial al publicar una lista de millonarios, políticos y profesionales que se valen de las finanzas offshore. María Imelda Marcos, la hija del ex dictador filipino Ferdinando Marcos, Jerónimo y Tomás, hijos del ex presidente colombiano Álvaro Uribe, figuraban en ella.

“Cuando hablamos de paraísos fiscales o finanzas offshore, no nos referimos exclusivamente a pequeñas islas que se encuentran en el Caribe”, explica John Christensen, economista sénior y director de la Red de Justicia Tributaria.

De hecho, usted puede estar ahora muy cerca de algún paraíso sin saberlo.

Commonwealth "B"

Las finanzas offshore tienen el sello del imperio británico. Óscar Ugarteche, economista e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Autónoma de México, sitúa su origen en el momento en que los comerciantes británicos dejaban dinero depositado en Hong Kong para no viajar con grandes cantidades de efectivo hacia Londres. Suiza aportó posteriormente el concepto de secreto bancario, muy ocupado por clientes judíos antes de la Segunda Guerra Mundial. El modelo contemporáneo se desarrolló en los años 60, asociado al mercado de dólares que salían de EE.UU. y permanecían en Europa por motivos tributarios.

Nicholas Shaxson, en su libro Las Islas del Tesoro (2011), señala que en la actualidad hay cerca de 60 jurisdicciones calificadas como paraíso fiscales. Primero están los paraísos europeos liderados por Luxemburgo, el mayor paraíso fiscal del planeta. También se encuentran Holanda, Bélgica, Austria, Mónaco y Andorra.

El grupo más extenso sería la red que se teje desde la City de Londres, compuesto por dependencias de la corona británica, como islas Jersey, Guernsey y Man; por 14 antiguos territorios británicos como las Islas Vírgenes Británicas, y por un grupo de lugares con fuertes vínculos históricos con Londres, como Hong Kong, Irlanda, Dubái o Vanuatu, en el Pacífico Sur.

El tercer grupo está en Estados Unidos. Son las jurisdicciones que ofrecen exenciones fiscales, secreto bancario y leyes para atraer dineros extranjeros: Florida, Wyoming, Delaware y Nevada, además de una red satélite en Panamá y las Islas Marshall, en el Pacifico. El cuarto grupo de paraísos serían países como Somalia y Uruguay, que el autor considera rarezas.

“Desde los 80, la presión de la competencia ha llevado a más compañías multinacionales e individuos a usar finanzas offshore”, sostiene Christensen en Londres; y agrega que es posible afirmar con un grado razonable de certeza que la vasta mayoría de las principales corporaciones registradas en Europa usan paraísos fiscales.

Christensen destaca también que el uso de paraísos ha ido evolucionando con el tiempo. “Solía ser sólo para la preservación de capitales de los muy ricos, pero hoy vemos que las clases profesionales usan este tipo de finanzas, como también una amplia variedad de directores de compañías”, afirma.

En el caso de las compañias multinacionales, la desregulación financiera les ha permitido crear elaboradas estructuras legales para mover ganancias desde el país donde se originan a subsidiarias, el mismo camino que usan individuos para esconder sus capitales del recaudador mediante corporaciones de fantasía. “No operan bajo su propio nombre y esconden sus identidades bajo estas corporaciones, fideicomisos o fundaciones”, afirma Christensen.

Para eso están los llamados directores o accionistas nominativos como Sarah Petre-Mears.

Pocas alternativas

Jorge Gaggero, investigador en el CEFID-AR (Centro de Economías y Finanzas para el Desarrollo de Argentina), cuenta que de América Latina también han comenzado a salir flujos que usan los paraísos fiscales. Se invierten principalmente en los países centrales, en colocaciones financieras, bonos soberanos, acciones, “real estate” y muchos otros instrumentos. A través de estas “fugas”, los residentes de cuatro de las principales economías de América Latina (Brasil, Argentina, México y Venezuela) han acumulado durante 40 años una riqueza financiera offshore del orden de los US$ 2 billones, afirma Gaggero.

Para Óscar Ugarteche, los latinoamericanos están usando los paraísos fiscales para entrar y salir de los mercados financieros del resto del mundo. “En realidad son flujos nacionales que salen del paraíso y regresan a la bolsa de valores, hacen sus utilidades y vuelven al paraíso”, señala.

El escándalo Interbolsa en Colombia es una comprobación empírica: recursos captados en el país, sacados hacia Curazao y depositados en cuentas de directores de la empresa, y que regresaban para inversiones especulativas que estallaron en la cara del ente regulador colombiano.

Chile es el más grande depositante offshore de la región. Según cifras del FMI, en 2011 tenía US$ 39.556 millones sobrepasando a países como México (US$ 1.492 millones) y Brasil (US$12.253 millones). “Creo que es por el tamaño de los fondos de pensiones”, sostiene Ugarteche.

Ugarteche cree que la integración financiera ha hecho de los paraísos algo imprescindible para el funcionamiento del sistema. Y para hacerles frente, ve dos alternativas: “o se elimina el paraíso, se le pone impuestos y se obliga a la homogeneización de impuestos en el mundo; o se ponen barreras para evitar que estos dineros ingresen a las bolsas de valores”, afirma.

Jeffery Kadet, profesor de tributación internacional de la Universidad de Washington, tiene una visión similar. Kadet desarrolló una carrera asesorando empresas multinacionales y sostiene que un sistema de inclusión de impuestos en todo el mundo, con un mecanismo de crédito de impuesto extranjero, es la mejor opción para abordar el problema. Con ello las corporaciones multinacionales podrían reducir el uso de complicadas estrategias de transferencia de ganancias, ya que dejarían de tener relevancia para sus resultados finales. En cualquier caso, la complicada situación fiscal en EE.UU. España o el Reino Unido ha sido un aliciente para poner cotas al uso de los paraísos fiscales.

¿Pero qué tan lejos llegarán los políticos frente al tema? ¿Cuántos de ellos son visitantes asiduos de algún paraíso? Pregúntele a François Hollande: su ministro de presupuesto y zar contra la evasión, Jérôme Cahuzac, debió reconocer la existencia de una cuenta secreta con más de € 600.000 en Suiza.