Sala de Inversión. Las naciones catalogadas de emergntes siempre han sido vistas con cierto recelo. O bien porque su desarrollo y crecimiento es muy pujante, o porque en algún momento este boom puede llegar a su fin. Esto las hace mucho más inestables que las consideradas del primer mundo.

Una de las regiones más buscada ha sido Latinoamérica, pero acceder a ella no siempre ha sido fácil, y muchas veces se ha subestimado el riesgo que implica una operación de este tipo. Esto se debe a la incertidumbre sobre diferentes aspectos económicos, políticos y legales que aún subsisten en sus estados y que juega un rol importante en el análisis de la compañía que se trate.

Mientras que los países que integran el G-7 tienen el 11% de la población mundial, los emergentes representan más del 50% y entre ellos se incluye a Brasil, Chile, China, Colombia, República Checa, Egipto, Hungría, India, Indonesia, Israel, Malasia, México, Marruecos, Filipinas, Perú, Polonia, Rusia, Sudáfrica, Taiwán, Tailandia y Turquía.

En 2010, el grupo BBVA presentó a las EAGLEs (águilas) que son la sigla en inglés para Emerging And Growth-Leading Economies, o las “Economías emergentes y que lideran el crecimiento” entre las que agrupó a todas aquellas cuyo aporte al PIB mundial hacia 2020 superará el promedio de las naciones industrializadas del G-6 (G7 sin Estados Unidos).

A diferencia del Brics (Brasil, Rusia, India y China), no son un grupo fijo, sino uno donde la pertenencia depende de su desempeño anual. Los nueve originales son China, India, Brasil, Indonesia, Corea, Rusia, Turquía, México y Taiwán, pero existe un “nido” en el que se preparan para formar parte otros 14: Egipto (desplazado en 2012), Nigeria, Tailandia, Colombia, Vietnam, Malasia, Polonia, Bangladesh, Sudáfrica, Filipinas, Perú, Argentina, Pakistán y Chile (miembro desde 2012).

Si bien posee una tasa de crecimiento más elevada respecto a los países desarrollados y, por lo tanto, más oportunidades para sus empresas, el camino a una inversión ganadora debe incorporar los niveles de riesgo en materia de transparencia, tamaño de mercado, volatilidad y riesgos de crédito que muchas veces forman parte de una prima que compensan la dinámica de sus economías.

Sus mercados financieros distan mucho de ser eficientes como en el primer mundo y los bursátiles son muchas veces objeto de una elevada cuota de riesgo a la hora de operar. Esto se potencia más aún cuando la coyuntura internacional favorece a las acciones de países desarrollados por factores puntuales (elevada inflación, subidas de tasas de interés de referencia, desaceleración económica, crecientes déficits fiscales y de cuenta corriente que antes eran fácilmente financiables, etc.).

Un factor de importancia en estas situaciones es la que provoca la rotación estratégica de carteras de los administradores de fondos más grandes que producen salidas netas en los flujos de fondos hacia esos países, lo que hace que caigan sus monedas. Esto lleva a que muchas veces sus autoridades monetarias deban salir a vender divisas y comprar la propia para sostener su precio, con las subsiguiente reducción de sus reservas internacionales.

El índice de riesgo país de una determinada economía puede ser conceptualizado como el agregado de los componentes del riesgo de la nación en cuestión, y es medido como el spread del rendimiento del promedio ponderado de sus bonos en relación con los de los EE.UU.

La medida más utilizada para calcularlo es el Emerging Market Bond Index (EMBI) que genera J.P. Morgan, que incluye uno específico para cada estado. Con él se intenta captar los inconvenientes sociales y políticos, la probabilidad de expropiación de los activos privados por parte del gobierno, la posibilidad de imposición de barreras a la salida de fondos, de que se produzca una devaluación de su moneda, la probabilidad de que no pueda pagar a sus acreedores (default risk) y el riesgo derivado de la inflación o, en el extremo, de la hiperinflación.

El modelo más utilizado para la determinación del costo del capital accionario de una compañía ha sido tradicionalmente el Capital Asset Pricing Model (CAPM). Pero en países emergentes ese modelo puede y debe ser ajustado de diversas maneras para incorporar el riesgo adicional que implica invertir allí.

En esos casos, el retorno esperado de un activo riesgoso es estimado como la tasa libre de riesgo más un premio esperado por riesgo. Pero en los últimos años ha tomado relevancia otro indicador para medir esto: los Credit Default Swaps (CDS).

Este indicador muestra el costo de asegurar a un inversor del riesgo de default, ya que equivale a la prima pagada por un seguro contra un evento probabilístico (de un gobierno o una empresa). Es un over-the-counter y lo emite generalmente un banco, aunque puede ser un hedge fund el que lo haga.

Quien esté dispuesto a tolerar la volatilidad puede encontrar una gran oportunidad en esta clase de activo a futuro. Para hacer trading con estrategias que apuntan a países emergentes se puede utilizar el iShares MSCI Emerging Markets Index (EEM) y para quienes quieran volcase específicamente a Latinoamérica, pueden utilizar el iShares S&P Latin America 40 Index (ILF).

A su vez, se puede apalancar la inversión a través del Direxion Daily Emerging Markets Bull 3X Shares (EDC) que triplica el rendimiento del índice MSCI Emerging Markets Index, y el Direxion Daily Emerging Markets Bear 3X Shares (EDZ), su espejo que triplica su performance pero a la baja.