El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que México se ha quedado corto en sus procesos de reformas que le permitirían acercarse al nivel de vida de países avanzados, porque a pesar de conseguir su aprobación y ejecución, ha fallado en apuntalarlas y modernizarlas.

Destaca al país junto con Argentina, Nigeria y Filipinas como los grandes reformadores de los años 90, pero que también destacan por su baja capacidad para impulsar y garantizar un plan de largo plazo, que traspasara mandatos electorales, en su ejecución.

En uno de los primeros capítulos liberados del informe insignia del FMI, el World Economic Outlook, titulado “Reiniciar el crecimiento en economías emergentes y en desarrollo ¿Qué papel podrían jugar las reformas estructurales?”, sostuvieron que este tipo de cambios tardan varios años en generar un impacto económico.

“Algunas de las reformas, las que fortalecen la protección laboral y liberalizan las finanzas internas, pueden incluso generar importantes costos de implementación a corto plazo, de manera que el público y los agentes políticos y económicos, deben ser previamente advertidos para que tengan la fortaleza de esperar mientras comienzan a rendir frutos.”

Esgrimieron que la informalidad aumentó considerablemente coincidiendo con el lento crecimiento de la productividad.

En el análisis, divulgado en avanzada del reporte completo que será presentado el martes próximo, al abrir los trabajos de las Reuniones Anuales, los expertos del organismo destacaron en el caso mexicano la variación de respuesta de la informalidad tras la reforma de desregulación realizada en la década de los 90.

Esgrimieron que la informalidad aumentó considerablemente coincidiendo con el lento crecimiento de la productividad.

“Este aumento de la informalidad resultó de la introducción de nuevas políticas como los cambios en beneficios relativos proporcionados por los programas de seguro social contributivos y no contributivos entre otros, que desincentivaron a las empresas y trabajadores a formalizarse al iniciar la década del 2000”, parafrasearon un análisis de Santiago Levy de 2007.

Según su observación, cuando un emergente reforma y no tiene el cuidado de adaptar los cambios a sus circunstancias domésticas, incluso a su gobernabilidad, se reducen los beneficios y se puede provocar una decepción que limite la posibilidad de apoyo en nuevos intentos.