El Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) es un impuesto que existe en diversas partes del mundo y es un instrumento que sirve a los organismos tributarios para obtener información de las operaciones económicas que realizan los contribuyentes, y adicionalmente para obtener ingresos tributarios. Y si bien la mayoría de los países promulgaron normas indicando cierta temporalidad para este impuesto, todos ellos han dejado el impuesto perenne, acostumbrados ahora a tener otra fuente de ingresos tributarios.

En Sudamérica, Perú, Bolivia, Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela tienen este impuesto, gravándose a través del mismo las operaciones financieras realizadas por los usuarios, entre las que se encuentran principalmente: transferencias bancarias, depósitos y retiros en efectivo, cobro de cheques, etc. En algunos países se han creado excepciones al cobro del ITF en cuentas de pago de sueldos y pensiones, tanto en los abonos recibidos por esos conceptos, como en los cargos que se realicen a esas cuentas.

Este tipo de impuestos han sido criticados desde sus inicios, y siguen siendo constantemente objetados, ya que desde un punto de vista económico y de mercado este impuesto desincentiva el uso de las entidades bancarias, desalienta el ahorro, la formalización de la economía, y estimula uno de los mayores problemas en Latinoamérica: influir negativamente en la tan deseada “competencia bancaria”.

De hecho, este impuesto es un aliciente de la concentración bancaria, que en países como Perú es preocupante, siendo la más alta de toda Latinoamérica, donde un solo banco tiene el 35% de todos los depósitos, y tres bancos el 75% de todos los depósitos; o el caso de Bolivia, donde un solo banco tiene el 25% de los depósitos, y los tres primeros cerca de 60%.

Este impuesto frena la liberalización de fondos, ya que una persona puede cobrar su dinero en el banco A, porque es un banco con un buen sistema transaccional (posee buen sistema por internet y gran red de cajeros y agencias), y preferir ahorrar en el banco Z, que es un banco más pequeño, pero que le da una tasa mayor por la cuenta de ahorros. Sin embargo, el usuario bancario se enfrenta al ITF que frena las transacciones financieras.

Para comprenderlo con un ejemplo, si una persona  tiene una cuenta de ahorro que paga una tasa de interés anual de 1%, y deposita US$1.000, si el ITF es 0,05% del principal depositado, la cantidad resultante del depósito sería de US$999.50. Si la persona mantiene durante un año el dinero en la cuenta, el capital que obtendrá al final del año, teniendo en cuenta los intereses y el ITF del retiro, será de solo US$1.008,99, y no de US$1.010 como hubiera sido sin ITF.

En este caso que la cuenta paga un interés de 1%, el cliente tendría que esperar al menos 37 días para que los intereses generados por ese periodo compensen los dos ITFs pagados correspondiente por depositar y al retirar su dinero. Esto quiere decir, que si el cliente desea ahorrar por un tiempo menor de 37 días, no lograría retirar los US$1.000 que depositó. Si la cuenta de ahorros paga 2%, el número de días sería de 18.

Lo ideal es que este impuesto tienda a desaparecer y que se tomen medidas como las utilizadas desde hace décadas en Estados Unidos y Europa, que consisten en hacer retenciones de impuestos sobre los intereses generados, más no impuestos sobre el capital. El problema viene cuando estos países se enfrentan a largos periodos de tasas de interés bajas, pues surgen incentivos a ¿crear un ITF?

Lo que sí ha sido una gran sorpresa es lo ocurrido en Europa con su moneda desde inicios de 2010, donde el euro cotizaba a 1,50 USD/EUR, y seis meses después llegó a estar en 1,20 USD/EUR, lo que representa una depreciación de casi 25%. Esta caída tan fuerte hizo a los políticos europeos poner sobre la mesa la creación de un ITF Europeo. Si bien  aun no han definido el funcionamiento de dicho impuesto, están trabajando a toda máquina para crearlo.

Los rumores iniciales es que dicho impuesto afecte principalmente a especuladores, es decir, a aquellos que de manera obsesiva y continua realizan rápidas operaciones financieras mediante Trading, especulando con las monedas. Sin embargo, los políticos europeos no tienen en cuenta que muchas de esas operaciones del mercado de divisas o Forex se hace con brokers localizados offshore, cuyos países están exentos de ITFs, y que el sistema de estos brokers ni siquiera es el de transferir a cuentas bancarias que estén denominadas en diferentes monedas, sino un sistema especial en el que con una sola cuenta se pueda comprar diferentes monedas.

Bueno, al final, como en Latinoamérica, el objetivo de Europa es tratar de averiguar quién no paga impuestos de una forma más exhaustiva, y obtener fondos para afrontar los costos de la crisis.