Buenos Aires. "Debido a las condiciones del mercado, los precios pueden fluctuar a modo de mantener nuestros estándares de calidad", dice un cartel de un restaurante en Buenos Aires. Adentro, los precios de la carne y otras comidas populares subieron fuerte este año.

La situación tiene a los argentinos preocupados, no sólo porque son los mayores consumidores de carne bovina del mundo, sino también porque temen a los aumentos de precios por la traumática hiperinflación que sufrieron en 1989 y 1990.

La actual inflación de dos dígitos siembra dudas respecto a la incipiente recuperación económica de Argentina tras un débil 2009 y provoca un dolor de cabeza a la presidenta Cristina Fernández, quien junto a su esposo Néstor Kirchner intenta revertir una fuerte caída de su imagen de cara a las elecciones presidenciales del año próximo.

Se espera que el aumento en los precios, principalmente de los alimentos, impulse la inflación, que llegaría a al menos 18% este año, según datos privados.

Los precios de la carne de vacuno se dispararon en torno a 35% en lo que va de 2010, mientras que los valores de las frutas y verduras también se incrementaron, forzando a los consumidores a reducir el gasto.

Inflación de la carne. Con la inflación dominando los titulares de los diarios, el gobierno se vio forzado a reconocer un problema que evitó sistemáticamente desde que economistas privados y la oposición comenzaron a acusarlo de reportar precios más bajos de los reales hace tres años.

Mientras que el ministro de Economía, Amado Boudou, habló de "reacomodamiento de precios", Fernández culpó a los ganaderos por el aumento en el alimento preferido de los argentinos.

El salto reciente en los precios se convirtió rápidamente en un importante desafío político para Fernández, quien tiene una imagen positiva que ronda 20%.

Pero la inflación está afectando a otros productos básicos como cuadernos y guardapolvos escolares en momentos en que niños y padres se preparan para el inicio de las clases.

Cortes. Fernández rechaza las recetas económicas ortodoxas para frenar la inflación como subidas de tasas de interés o control de gastos, alegando que enfriarían la economía. En cambio, apuntó a controles, subsidios y frenos a la exportación para bajar los precios.

A pesar de esas políticas, la inflación permanece alta. La subida de los precios se moderó muy ligeramente en 2009, a 15% anual desde 23% en 2008, a pesar de una economía en retracción, siempre según datos de analistas privados.

Analistas económicos afirman que otras medidas gubernamentales podrían fortalecer el cóctel inflacionario a medida que aumenta la demanda de los consumidores.

Fernández está tratando de aprobar un plan para transferir US$6.569 millones de reservas a un fondo que será utilizado para pagar deuda, con el objeto de incentivar el consumo doméstico y el gasto público.

Los críticos denuncian que eso impulsaría la demanda aumentando la cantidad de pesos en circulación en el mercado y permitiéndole al gobierno continuar con el gasto.

Por ahora no hay ninguna señal de que el reciente aumento en los precios está alentando al gobierno a tomar un camino diferente. Guillermo Moreno, guardián de precios y secretario de Comercio Interior, estuvo negociando acuerdos de precios con frigoríficos y supermercados en las últimas semanas.

Además, las exportaciones de carne también se frenaron, dijeron fuentes de la industria.

"No es la primera vez que el gobierno quiere imponer un control de precios", dijo Fabián Storino, un consumidor saliendo del supermercado que ofrecía descuentos en la carne. "Con el asado a 11 pesos (2,85 dólares) no se resuelve nada. El problema es más profundo y abarca todos los productos".

Mientras la inflación se acelera, líderes sindicales ya comenzaron a demandar aumentos de salarios, en un proceso que los economistas temen podría llevar a una inflación aún mayor. "El aumento de sueldos y la inflación se puede convertir en una espiral peligrosa", dijo el ex viceministro de Economía Jorge Todesca.

Aunque aún esté lejos de la hiperinflación que sufrieron los argentinos en la década de 1980, el reciente aumento en los precios al consumidor pone a los argentinos de mal humor.