Los europeos desde hace mucho han sermoneado a los mercados emergentes acerca de las virtudes de la prudencia y de los males causados por los descuidos fiscales. Pero hoy, sin importar qué tan entretenido pueda ser ver a los europeos ofuscados con sus propios problemas, el Continente no es algo de qué reírse. Los mercados emergentes puede que pronto se preocupen de que Europa esté acaparando los limitados préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Luego de que los mercados globales se congelaron en 2008 y expusieron la capacidad de préstamos del FMI como insuficiente, sus miembros acordaron en 2009 triplicar su capacidad de préstamos a US$750.000 millones (alrededor de €600.000). Pero hoy, gran parte de este dinero está siendo desplazado hacia países europeos ricos. Si la crisis financiera en Europa se esparce a los mercados emergentes -improbable pero posible-, el FMI puede que no tenga suficientes fondos restantes para esas mismas economías, para las cuales expandió su capacidad de prestar.

Grecia, Portugal, España e Italia son todos miembros del FMI y también tienen derecho a una asistencia automática. Pero mientras que los artículos de asociación del FMI permiten prestar específicamente para respaldar la balanza de pagos de países miembros, la organización se supone que no debe prestar apoyo puramente fiscal y ningún país en vías de desarrollo alguna vez ha recibido un préstamo para enfrentar un problema excluisvamente fiscal. Grecia, Portugal y España tienen problemas fiscales pero no problemas de balanza de pagos. Por lo que las reglas del FMI están siendo torcidas para acomodar las necesidades fiscales de los países europeos que juntos dominan sus acciones.

Los defensores del FMI argumentan que los problemas fiscales pueden esparcirse hacia la balanza de pagos, por ende, están relacionados. Pero eso fue ampliamente entendido cuando las reglas del FMI fueron diseñadas y la distinción, sin embargo, fue vista como algo clave. Además, en el caso de Grecia y otros países de la eurozona, el lazo histórico entre los asuntos fiscales y de balanza de pagos fue cortado mediante la creación del Banco Central de Europa (BCE).

Incluso si el gobierno griego está en una crisis fiscal, los importadores griegos pueden obtener todos los euros que necesitan de los bancos griegos, los cuales a su vez obtienen euros del BCE y este recibe bonos griegos a cambio. El BCE se suponía que tenía que controlar la irresponsabilidad fiscal al emitir euros solamente a cambio de bonos de gobiernos europeos con una calificación de grado de inversión. Pero cuando Grecia perdió su calificación de grado de inversión, el BCE violó su propia regla y prometió seguir emitiendo euros en contra de bonos griegos. Por lo que ni Grecia ni otro país europeo se enfrenta a una escasez de moneda sólida.

Cuando los problemas de Grecia se profundizaron en abril, inicialmente declaró que nunca aceptaría un humillante préstamo del FMI. Pero para principios de mayo un rescate europeo incluyendo una contribución el FMI de €10.000 millones fue propuesto. Mientras la crisis griega se profundizaba, el paquete de rescate fue expandido a €110.000 millones, con el FMI poniendo €30.000 millones. Los mercados no fueron convencidos y un contagio financiero se esparció a los bonos portugueses y españoles. Por lo que un nuevo paquete de rescate de billones de dólares acaba de ser anunciado. La contribución del FMI será de aproximadamente €250.000 millones.

Así el compromiso del FMI con los países europeos ha llegado a un total de €280.000 millones. Esto significa que Europa ha comprometido alrededor de la mitad de los fondos que el FMI levantó el año pasado, principalmente de mercados emergentes.

Es solo cuestión de tiempo antes de que esto provoque campanas de alarma en esas economías. Hoy, muchos mercados emergentes, especialmente en Asia, parecen sólidos y estables. Pero el 2008 demostró que una crisis financiera en Occidente podía repentinamente reversar los flujos de capitales y atraer más de un billón de dólares de mercados emergentes. A diferencia de 1997, la crisis de 2008 no vino de las debilidades de los mercados emergentes, sino de los bancos occidentales. Hoy las nubes de la tormenta financiera pueden haberse colocado sobre Europa, despertando miedos de otra crisis bancaria occidental seguida de un contagio global.

A Grecia le iría mejor declarando un default; la asistencia del FMI simplemente pospone ese terrible día. El récord del FMI en países en vías de desarrollo es altamente defectuoso, y sus préstamos no son una panacea para las economías poco sólidas. Pero muchos mercados emergentes hoy se enfrentan a un riesgo de que se reversen los capitales, no porque ellos tienen economías poco sólidas, sino porque el pánico puede ahogar todas las diferenciaciones, como sucedió en 2008.

Brasil, Rusia, India y China -los llamados países BRIC- todos han contribuido a la última expansión de la capacidad de prestar del FMI. India también ha comprado oro del FMI a cambio de moneda sólida. Por lo que ahora estamos viendo una transferencia considerable de efectivo desde los mercados emergentes hacia Europa. Pero este cambio en el balance entre acreedores y deudores no está reflejado en las acciones de los votantes. Por muchos años se ha hablado de reformar el FMI, dándole mayor poder a los mercados emergentes. Esa reforma ahora se ha vuelto urgente. El peso en votos de los BRICs debe aumentar marcadamente, y aquel de los países europeos imprudentes, debe caer bruscamente.

Esta columna fue publicada con anterioridad en el centro de estudios públicos ElCato.org.