Barcelona.- La figura de la mujer emprendedora constituye una realidad cada vez más presente en las economías mediterráneas. Jóvenes con formación de los países que conforman la ribera sur del Mediterráneo, incluso procedentes de países que vivieron las revoluciones de la Primavera Árabe, reclaman las mismas oportunidades que sus homólogas de la ribera norte para poder conseguir un puesto de trabajo acorde a su formación e incluso poner en marcha su propio negocio.

Sin embargo, a pesar de los progresos logrados en algunos países de la región, la integración de las mujeres en el mercado laboral sigue siendo una de sus grandes asignaturas pendientes, debido en parte a la baja renta per cápita, al elevado grado de pobreza en algunos estratos sociales y a una coyuntura político-económica internacional menos favorable que en el pasado.

La mujer mediterránea está llamada a jugar un papel clave en la construcción de la región, pues solo mediante su inclusión laboral plena podrán alcanzarse de forma efectiva los objetivos de integración regional. Es por ello por lo que hoy más que nunca son necesarios programas específicos que promuevan el emprendimiento femenino y proporcionen financiación a empresarias. No cabe duda de que el desarrollo de los países mediterráneos no será factible sin la construcción de una sociedad basada en la igualdad de oportunidades que asegure la participación de las mujeres en los tejidos económicos-empresariales.

Y a pesar de que los niveles educativos en la mayoría de países no han parado de crecer, las cifras recogidas entre los graduados resultan todavía alarmantes.

En cifras, el apoyo a la mujer se traduciría en un incremento de US$12 billones al PIB mundial para 2025. De hecho, se trata de una tendencia ya constatada en los últimos años: desde 2012, la tasa de actividad empresarial entre las mujeres ha aumentado en un 7% en 61 países del mundo y el déficit empresarial entre hombres y mujeres se ha reducido en un 6%, siendo la participación de las mujeres en la actividad empresarial de un 11% comparada con el 16% de los hombres.

La parte del Mediterráneo que mayor desigualdad presenta es su ribera sur y la región oriental, ya que tan solo el 49,2% de la población de estas zonas participa en el mercado laboral frente al 63,5% a nivel mundial.

Y a pesar de que los niveles educativos en la mayoría de países no han parado de crecer, las cifras recogidas entre los graduados resultan todavía alarmantes. Según Anwar Zibaoui, Coordinador General de ASCAME (Asociación de Cámaras de Comercio e Industria del Mediterráneo): “El desempleo ha llegado a una situación insostenible, en especial entre la población femenina. Un 45% de las mujeres no cuentan con un puesto de trabajo. Si se aumentara la presencia de la mujer en la vida laboral del sur y el este del Mediterráneo, el PIB de la región crecería un 47% durante la próxima década frente al 18% actual”.

La transición cultural y económica de los países mediterráneos resulta ya hoy inevitable. No será sino a través de una sociedad inclusiva, en la que las mujeres puedan desarrollar todo su potencial creando empresas innovadoras que aporten una ventaja competitiva, la única forma de superar los obstáculos a los que se enfrenta la región. El aprovechamiento del talento de la otra mitad de la población será sin duda la vía más efectiva para que las economías mediterráneas crezcan.