Río de Janeiro, EFE. Las 124 personas más ricas de Brasil amasan un patrimonio de 544.000 millones de reales (unos US$238.596 millones), que equivalen al 12,3% del producto interior bruto (PIB) del país, considerado como uno de los más desiguales del mundo.

Estos 124 acaudalados integran la última lista de multimillonarios divulgada este lunes por la revista Forbes, que recopila a todos los brasileños cuya fortuna supera los 1.000 millones de reales (unos US$438 millones).

La lista está encabezada por Jorge Paulo Lemann, el inversor jefe del fondo 3G Capital, que acaba de comprar la fabricante de ketchup Heinz y es un importante accionista de la cervecera AB-InBev y de Burger King.

La fortuna de Lemann, de 74 años, asciende a 38.240 millones de reales (unos US$16.772 millones), mientras que el segundo de la lista, Joseph Safra, empresario de origen libanés dueño del banco Safra, tiene activos valorados en 33.900 millones de reales (cerca de US$14.868 millones).

La mayoría de las fortunas corresponde a miembros de clanes familiares que dominan las grandes empresas de sectores tradicionales como la banca, la construcción y la alimentación.

La gran fortuna que amasa esta corta lista de millonarios constata los indicadores oficiales que colocan a Brasil como uno de los países con más graves disparidades entre ricos y pobres.

Entre los 124 multimillonarios tan sólo figura un brasileño que hizo su patrimonio en internet: el cofundador de Facebook Eduardo Saverin.

La lista tuvo una baja destacada este año, la del magnate Eike Batista, que llegó a ser el séptimo hombre más rico del mundo y ha dilapidado su fortuna por la vertiginosa caída del valor de las acciones de la petrolera OGX y del resto de las empresas de su conglomerado EBX registrada en los últimos meses.

La gran fortuna que amasa esta corta lista de millonarios constata los indicadores oficiales que colocan a Brasil como uno de los países con más graves disparidades entre ricos y pobres.

El índice de Gini del país se situó en 2011 en 0,501 puntos, en una escala de cero a uno, en la que los valores mayores muestran una disparidad más honda entre ricos y pobres.

El 41,5% de las rentas laborales se concentran en manos del 10% de los trabajadores más ricos, según datos del censo de 2010, mientras que la mitad de la población vivía en ese año con ingresos per cápita mensuales de menos de 375 reales (unos US$130).