Las dificultades de la economía colombiana para alcanzar su potencial pueden expresarse de una manera sencilla: si se considerara, debido a sus envíos de remesas, a los emigrantes como exportación, ocuparían el segundo lugar de ingresos foráneos al país luego del petróleo. Y el tercero si se incluye la inversión externa directa. Sucede que los colombianos en el exterior alimentaron a la economía del país sudamericano con algo más de US$4.000 millones en 2012.

Pero hay malas noticias: La crisis económica de que viven España y otros países llegó a los bolsillos de los hogares que reciben dinero de familiares emigrantes.

Las remesas disminuyeron en US$94 millones en 2012, lo que -según el Banco de la República- significa 2,3% menos que en 2011, cuando los envíos sumaron US$4.164 millones.

Un informe del BR señala que principalmente disminuyeron los giros provenientes de España, que en el total, fueron compensados parcialmente con el aumento de remesas provenientes de Estados Unidos y Venezuela.

Desmenuzando las cifras, el impacto de la disminución de envíos de dinero no es el mismo en todo el país. En regiones como el departamento del Atlántico, Santander y Norte de Santander, donde hay una alta migración hacia Venezuela, ha habido una tendencia creciente.

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 La situación más crítica se da en los departamentos del eje cafetero especialmente en Risaralda, que “llegó a recibir, en cifras redondas en el 2008 , un poco más de US$500 millones, mientras en el 2012 recibió unos US$400 millones”, dice William Mejía, director del Grupo de Investigaciones sobre Movilidad Humana de la Universidad Tecnológica de Pereira.

“Esto es determinante en un departamento con una población de un millón de personas y donde las remesas representan más del 10% del producto interno bruto”, agrega.

En su mayoría, las remesas en Colombia son utilizadas por las familias receptoras como un salario, por lo que su reducción los ha obligado a plantearse nuevas estrategias en sus consumos y gastos, como cambiar los hijos de colegios privados a públicos o restricción en recreación.

Mejía asegura que los impactos se sienten más en el estrato 3 (en una escala económica de 1 a 6 donde el uno es pobreza extrema) y que esto es concomitante con el incremento del retorno de emigrantes en condiciones económicas desfavorables – que si bien no ha tenido las dimensiones catastróficas que se anunciaba- ha sido muy significativa. Sin embargo, paralelo a la reducción de remesas y al retorno, se dan situaciones que tratan de compensar este fenómeno, como incremento de migraciones regionales a Argentina, Panamá y Chile, donde ya se contabilizan alrededor de de 24 mil colombianos, cuando hace unos años solo eran 10 mil.