Lisboa. Según las últimas previsiones divulgadas este mes por el Banco de Portugal (BdP), en el Boletín de Invierno, la economía lusa terminará 2013 con una contracción del 1,5% este año, un dato ligeramente inferior al 1,8% calculado anteriormente por el ejecutivo de Lisboa.

La mejora de la economía lusa este año se debe, sobre todo, al aumento de las exportaciones, 6% según el BdP, que también estima que se haya recuperado ligeramente el consumo interno.

Además, durante el segundo semestre de este año, la economía lusa registró un aumento del 1,1% de su PIB, acabando así con diez meses consecutivos de recesión.

El paro también ha mejorado ligeramente durante los últimos meses de este año, situándose en el 15,7%, por debajo de la previsión del 17% calculada por el anterior ministro de finanzas, Vítor Gaspar.

Estos datos sirven al ejecutivo conservador de Pedro Passos Coelho para hacer un balance positivo a su gobernación, que este año ha seguido marcada por la política de austeridad impuesta por la Troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea), debido al programa de ayuda externa bajo el que está Portugal hasta el próximo mes de junio.

Sin embargo, el desempleo elevado, la precariedad laboral y la pobreza siguen siendo los principales problemas sociales que más han marcado este año de 2013.

Según los últimos datos divulgados por Eurostat (el gabinete de estadísticas de la Unión Europea), en 2011, en Portugal 25,3% de la población estaba en riesgo de pobreza y solo el año pasado abandonaron Portugal más de 120.000 personas, que emigraron en busca de un futuro mejor.

El sueldo mínimo sigue congelado en los 485 euros y también hay empresas que ofrecen trabajos con sueldos por debajo del mínimo, o incluso trabajos no remunerados, como denuncia la plataforma de internet "Ganhem Vergonha" (Tengan Vergüenza).

Por tanto, a pesar de una ligera mejoría de la economía lusa, (el BdP estima un incremento del PIB del 1,5% en 2014), los portugueses atraviesan uno de los momentos más difíciles de su democracia, que el próximo mes de abril cumplirá 40 años.

Por este motivo, los sindicatos no han parado de organizar huelgas, protestas y manifestaciones. Una de las más polémicas fue la que convocó la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP) el pasado mes de octubre.

El objetivo era manifestarse en el puente 25 de abril (que lleva el nombre de la fecha de la Revolución de los Claveles, en la que se produjo el fin de la dictadura y la llegada de la democracia) pero el gobierno de Lisboa, alegando razones de seguridad, lo impidió.

Para evitar la prohibición, el sindicato realizó la protesta en autobuses para dejar claro que siguen oponiéndose a la política de austeridad del ejecutivo que en palabras del líder sindical Armenio Carlos es la política del "empobrecimiento" de los portugueses para las próximas décadas.

De ahí que desde el sindicato, como desde los partidos de la oposición de izquierdas, hayan insistido a lo largo de todo el año en la dimisión del gobierno.

El pasado 20 de diciembre, la CGTP organizó una última vigilia a las puertas del Palacio de Belén, residencia oficial del presidente Cavaco Silva, para exigirle que disuelva el Parlamento y convoque elecciones anticipadas, algo que el jefe del Estado portugués ha tratado de evitar a lo largo de todo este año porque considera que "sería aún más perjudicial para Portugal a nivel de su credibilidad externa".

De hecho, hubo varios momentos en las que la crisis política amenazó la estabilidad de la coalición conservadora formada por los socialdemócratas del primer ministro, Pedro Passos Coelho, y los democristianos de Paulo Portas.

El más delicado se vivió el pasado mes de julio, cuando en una semana se produjeron dos dimisiones: la primera, la del ministro de Finanzas Vítor Gaspar, promotor de toda la política de austeridad, y la del democristiano Paulo Portas, que entonces era ministro de Exteriores.

Portas dimitió al no aceptar a Maria Luis Albuquerque como sucesora de Gaspar, pues entendía que era una continuación de la política de austeridad anterior que según él no servía para el país.

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Sin embargo, y a pesar de decir que su decisión era "irrevocable", esa misma semana regresó al ejecutivo, con la condición de ser viceprimer ministro, responsable de la política económica, encargado de llevar a cabo la Reforma de Estado y de negociar con la Troika, y aceptando a Albuquerque como ministra.

Portas ha sido quien cerró la última evaluación periódica del programa de ayuda externa, en diciembre, la antepenúltima antes de que finalice el programa.

También ha sido el democristiano quien presentó el guión de la Reforma del Estado, que consiste en la reducción de las funciones sociales en educación, sanidad y protección social para los próximos años.

Por este motivo, el guión ha sido muy criticado por los socialistas, principal partido de la oposición, que no están dispuestos a aceptar reformar la Constitución lusa para permitir los cambios que pretenden llevar a cabo los partidos de la derecha.

De hecho, la revisión constitucional seguirá siendo el asunto más polémico en 2014 y mientras tanto, el ejecutivo de Passos Coelho, y concretamente algunas de sus medidas de recortes, se han encontrado con el rechazo del Tribunal Constitucional, que este año ha impedido la reducción de las pagas extraordinarias a jubilados y funcionarios públicos y otras medidas de austeridad incluidas en los Presupuestos Generales como exigencia de la Troika.

Pero a pesar del rechazo de jueces, de la oposición de los partidos de la izquierda, de algunos sindicatos y de la mayoría de la población lusa, el objetivo principal del gobierno este año de 2013 -y que continuará también para 2014- fue el de reducir el déficit público y terminar el programa de ayuda externa, en junio del año que viene, para poder regresar a los mercados.

Como prueba, a finales de este año, el Tesoro luso hizo una operación de cambio de deuda para ampliar el plazo de devolución de préstamos que cumplían en 2014.

El resultado fue interpretado como un "éxito" por parte del ejecutivo, que lo entendió como "interés por parte de los inversores internacionales" en la economía lusa que da "ligeras señales de recuperación".

Así como también lo fue la privatización en Bolsa de los Correos -otra de las exigencias de la Troika- que también contó con un importante inversión de capital extranjero.

Pero aún así, y a pesar de todos los sacrificios llevados a cabo por los portugueses, la deuda lusa ha seguido aumentando este año, y se sitúa en el 127 por ciento del PIB.

Los intereses sobre la deuda a largo plazo, diez años, siguen por encima del 6%, una cifra insostenible a la hora de volver a los mercados en busca de financiación.

De ahí que el final del actual programa de ayuda externa sea una incógnita, a menos de seis meses de que se produzca.

De momento se barajan dos posibilidades, un segundo rescate -con condiciones similares a las del actual- o un programa cautelar de la Comisión Europea, como salvaguarda en caso de que Portugal no consiga financiarse en los mercados.

En lo que coinciden los analistas económicos es en que Portugal no saldrá del mercado como Irlanda, sin ningún programa de continuación.

Es decir, que los portugueses tendrán que seguir sometidos a la austeridad de este año, con una carga fiscal elevada, unos recortes salariales en la función pública, precariedad laboral y bajos salarios en el sector privado.

Según el Barómetro de Otoño de la Comisión Europea, el 96% de los lusos considera que la situación económica es muy negativa, y el 57% considera que 2014 será todavía peor que 2013.

Con este panorama no sorprende el pesimismo de los portugueses, que esperan más austeridad y una clase política que no consigue responder a sus problemas, en concreto, el desempleo, la precariedad laboral y la pobreza.