Obama recibió este miércoles a líderes demócratas y republicanos del congreso para discutir la situación, pero el encuentro acabó sin avances para resolver el "cierre del gobierno" por falta de fondos que el país vive desde ayer, y que tiene, entre otras cosas, a 800.000 empleados públicos con licencia forzosa sin goce de sueldo.

Tras casi 90 minutos de reunión, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, fue el primero en salir de la residencia presidencial, y en declaraciones a periodistas aseguró que los demócratas "no están dispuestos a negociar".

Por su parte, el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, afirmó que Boehner no quiso aceptar una propuesta para negociar un presupuesto a largo plazo y sentenció que su partido "no se moverá" en su reivindicación de que el debate no se vincule a la reforma sanitaria.

La actual crisis, el primer cierre del gobierno desde 1996, se desencadenó esta semana luego de que la oposición republicana, sobre todo el sector ultraconservador del Tea Party, condicionara la financiación del gobierno a una revocación o demora en la aplicación de la reforma de salud del presidente Obama.

Cada uno de los intentos de los republicanos, que controlan la Cámara de Representantes, fue derrotado por la mayoría demócrata en el Senado, lo que dejó al gobierno en un limbo anoche a la medianoche al iniciarse un nuevo año fiscal sin que el Congreso hubiera podido aprobar una ley de presupuesto. Pero los problemas podrían agravarse aún más.

Destacó además que la pelea parlamentaria sólo se limita a aprobar fondos para los próximos dos meses y que, de no frenar ahora un debate que se vino repitiendo en los últimos años (aunque nunca hasta ahora con tan graves consecuencias), la situación podría reiterarse en el futuro, con las graves consecuencias inherentes a una situación política y económicamente tan precaria.

Los republicanos también exigen a Obama que haga concesiones respecto a su ley de Salud si quiere que la oposición le apruebe una elevación en el techo de endeudamiento -que actualmente es de US$16,7 billones-. Sin esto, Estados Unidos incurriría a en el primer default de sus deudas de la historia.

Antes de la reunión en la Casa Blanca, en una entrevista con la cadena de noticias CNBC, Obama se manifestó poco esperanzado en una pronta solución al cierre del gobierno y advirtió que los republicanos también están dispuestos a dejar que el país caiga en default, algo que golpearía duramente a toda la economía mundial.

El mandatario demócrata dijo que la crisis parlamentaria que llevó al cierre de gobierno proviene de un conflicto "innecesario" provocado por una minoría, pero que es lo suficientemente grave como para que Wall Street se "preocupe".

"Durante mi presidencia, me desviví para trabajar con el Partido Republicano y bajé el tono a propósito de mi retórica", dijo Obama en la entrevista con la cadena CNBC.

"Creo que soy conocido por ser un tipo calmo, a veces la gente piensa que soy demasiado calmo. Pero, ¿estoy exasperado? Sí estoy exasperado porque esto es totalmente innecesario", aseguró el mandatario.

"Estoy exasperado con la idea de que, a no ser que yo diga a 20 millones de personas que no pueden tener cobertura sanitaria, esta gente no reabrirá el gobierno", explicó el mandatario.

Al responder a una pregunta sobre si el mundo empresarial debería preocuparse por la situación que llevó al segundo día de cierre del gobierno, Obama aseguró que "esta vez es diferente".

"Creo que deberían preocuparse. En democracia no es inusual que demócratas y republicanos no estén de acuerdo (...) pero cuando tienes una situación en la que una facción está dispuesta a dejarnos en impagos frente a nuestras obligaciones, entonces tenemos un problema", advirtió.

Destacó además que la pelea parlamentaria sólo se limita a aprobar fondos para los próximos dos meses y que, de no frenar ahora un debate que se vino repitiendo en los últimos años (aunque nunca hasta ahora con tan graves consecuencias), la situación podría reiterarse en el futuro, con las graves consecuencias inherentes a una situación política y económicamente tan precaria.

Sobre todo teniendo en cuenta que en menos de dos semanas se avecina otra potencial crisis en caso de que el Congreso no apruebe la necesaria elevación del techo de la deuda para evitar que Estados Unidos caiga en "default".

El Congreso debe dejar de gobernar "de crisis en crisis", reclamó Obama, usando una frase que repitió en los pasados días.

"Así que si John Boehner, toma la decisión de llevar al pleno una propuesta de ley (...), y si votan para asegurarse de que (...) no haya una suspensión (de pagos), estaré preparado para tener una negociación razonable y civil sobre muchos temas", añadió.

Subrayó que está dispuesto a negociar y a hablar de cómo puede funcionar mejor la reforma sanitaria, pero no va "a hacerlo bajo la amenaza" de mantener cerrado el Gobierno, informó la agencia EFE.

"Eso mantendría el Gobierno abierto dos meses, pero estaríamos otra vez en el mismo punto en Navidad, y de nuevo en seis meses", apuntó.

"Tenemos que romper este ciclo constante de gobernar de crisis en crisis", señaló en referencia al hábito del Congreso de aprobar sólo medidas presupuestarias de corta duración.

Además, acusó a Boehner de servir a los intereses de una facción minoritaria pero poderosa de su partido, el ultraconservador Tea Party, que está dispuesto a incluso "quemar" las instituciones con tal de salirse con la suya y derogar su ley sanitaria, trasfondo del peligroso pulso político en el Capitolio.

Entre la entrevista y el encuentro con los líderes del Congreso, Obama se reunió con altos ejecutivos de empresas para comentar la situación.

A la salida del encuentro, el jefe de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, advirtió de que las consecuencias del cierre del gobierno y la amenaza de no elevar el techo de la deuda podrían ser "extremadamente adversas".