Ginebra, EFE. El robusto crecimiento de la economía de Brasil generó niveles de expectativa social insatisfecha que derivaron en las protestas del pasado junio, opinó el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder.

"La gente tiene sus propias expectativas y el crecimiento económico no es, en sí mismo, una respuesta a ellas", declaró al reunirse con un grupo de periodistas a pocos días de su participación en la reunión del G20 en San Petersburgo (Rusia) y comentar la desaceleración de las economías emergentes.

Ryder explicó que el éxito económico y el aumento de los ingresos en una sociedad crean a la vez expectativas de mejora individual y colectiva, lo que puede incluir el funcionamiento de los servicios públicos y del sistema político.

En ese sentido, consideró que la evolución positiva de la economía de un país -como ha sido el caso de Brasil en la última década- "en realidad puede aumentar ciertos niveles de tensión en lugar de reducirlos" e incluso provocar "turbulencias".

El responsable de la OIT recomendó ver "la experiencia de Brasil en toda su complejidad" y recordar que la lección que debe retenerse de las manifestaciones ciudadanas es que hubo espacio y debate público sobre la manera de responder a esa situación.

"Lo positivo fue que Brasil es una sociedad democrática en la que las protestas son parte de la vida civil y que las diversas opiniones son escuchadas", comentó.

Los problemas surgen -agregó- cuando se trata de sociedades que carecen de espacios democráticos.

"En este caso se trata de situaciones muy diferentes y, sin querer hacer comparación, vemos lo que sucedió durante la "Primavera Árabe, lo que vimos en Túnez o lo que vemos ahora en Egipto, lo que demuestra que cuando no hay espacios democráticos las cosas pueden girar en una dirección muy distinta".