Buenos Aires. Argentina probablemente dejará que su moneda se debilite casi 10% este año para impulsar las exportaciones y las finanzas del gobierno, una estrategia riesgosa que podría avivar la inflación y eventualmente disparar una fuga de capitales.

Se espera que la presidenta Cristina Fernández ordene al Banco Central imprimir más billetes para financiar un hueco en el presupuesto de 2010 de aproximadamente US$7.000 millones, y que además incremente el gasto público ante la carrera presidencial del año próximo.

La estrategia debe ser implementada gradualmente, dado que un brusco aumento en la base monetaria debilitaría demasiado al peso e impulsaría la inflación, que ya se espera se acelere a 20% este año.

"La carga sobre el peso argentino es enorme (...) para generar ganancia fiscal y al mismo tiempo contener la inflación", dijo Flavia Cattan-Naslausky, estratega de RBS. "Algo tiene que ceder y es poco probable que sea la inflación. El peso será otra vez el cordero de sacrificio".

El plan de Fernández de usar reservas para crear un fondo de US$6.600 millones para pagar deuda es considerado como otro ejemplo de un potencial disparador para la inflación.

El fondo, que la presidenta está tratando de revivir después de que la justicia lo frenara a principios de año, le permitiría aumentar el gasto e incrementar los pesos en circulación.

Eso significa inflación y depreciación de la moneda, especialmente si no se toman medidas para absorber el exceso de liquidez.

Pero funcionarios del gobierno argumentan que la demanda acumulada para inversiones en producción absorberían la liquidez adicional, aunque eso dependerá de que haya suficiente confianza de los inversionistas con el país.

Precios de materias primas. Algo que también perjudica las perspectivas del peso es la caída prevista en los precios de las materias primas, que pondrían un freno a las ganancias en dólares que tendría el país este año por una cosecha récord de soja.

Argentina es el tercer exportador de soja del mundo y el mayor proveedor de derivados de la oleaginosa.

La moneda argentina parece lista para perforar pronto la barrera psicológica de los 4,0 pesos por dólar, que tocó por última vez a mediados del 2002 durante la crisis económica después del masivo cese de pago de la deuda externa.

El peso está cotizando alrededor de los 3,95 pesos por dólar en las casas de cambio informales y la mayoría de los analistas espera que termine el 2010 cerca de los 4,25 pesos por dólar, en un avance que debe ser gradual para no asustar a los argentinos, que son cautelosos ante las crisis.

"Creo que no vamos a tener devaluaciones bruscas, pero va a continuar con la devaluación a un nivel de 4,26", dijo Rodolfo Rossi, ex presidente del Banco Central.

"Estamos asistiendo desde inicio de enero a una revalorización del dólar en el mundo. Esto afecta el euro, las commodities, no cabe duda que va a afectar al peso argentino", agregó.

El peso está regulado por el Banco Central, que todos los días compra y vende dólares para evitar movimientos bruscos en la moneda local.

¿Fuga de capitales? El superávit comercial de Argentina podría aumentar a US$18.000 millones este año, desde los casi US$17.000 millones en 2009, aun cuando se prevé que los precios de la soja sean más bajos en promedio.

Pero una gran parte de esos dólares podrían irse del país en vez de financiar inversiones locales y el consumo.

La salida de dólares, que alcanzó casi los US$15.000 millones en los tres primeros trimestres del 2009, podría retomar su ritmo de la mano de una mayor preocupación por las políticas monetarias y fiscales del gobierno.

"Si bien la elevada fuga se frenó en el último trimestre del año pasado, la salida puede volver a tomar ritmo en caso de un nuevo shock adverso", dijo en un informe la consultora Ecolatina, en Buenos Aires.

El nombramiento de un aliado cercano al gobierno para liderar el Banco Central a principios de este mes aumentó la percepción de los inversionistas de que la autoridad monetaria tolerará una inflación más alta y un peso más débil para impulsar las ganancias del gobierno.

Mercedes Marcó del Pont, quien reemplazó a Martín Redrado después de que fue despedido por oponerse al plan para crear el fondo de reservas, tomó el mando del Banco Central y prometió mantener las políticas actuales, pero eso no fue suficiente para calmar las preocupaciones del mercado.

"Un mayor control gubernamental del Banco Central incrementó la posibilidad de que terminemos en una monetización del déficit", explicó Neil Shearing, un analista de Capital Economics en Londres.

"En otras palabras, significa que el gobierno imprimirá dinero para financiar el déficit y eso obviamente alimentaría la inflación y golpearía al peso", agregó.

Medios locales dijeron que la presidenta Fernández ordenó al Ministerio de Economía luchar contra la inflación con medidas poco convencionales como acuerdos de precios luego de los recientes aumentos en la carne, algo que creó problemas en un país amante del bife.

Pero la amplia percepción de que la inflación está avanzando sin control podría alentar a los argentinos, que aún tienen fresca en la memoria la traumática devaluación del 2001, vender pesos y comprar dólares.

"Una depreciación controlada del peso podría no sólo fomentar la dolarización, particularmente en un contexto de inflación acelerada, sino también disparar una salida de depósitos en bancos", dijo RBS en un artículo.