El dinamismo de los salarios y el activismo y los ocasionales déficits laborales indican que China, cuyo auge económico ha dependido de una vasta oferta de trabajadores de bajo costo, está por entrar en un período de escasez generalizada de mano de obra. Esta transición podría tener implicaciones de gran alcance para China y la economía mundial.

Para China, esto probablemente implicará que no podrá sostener su amplio crecimiento, que se basa en una mayor participación de trabajadores en la producción (lo que se conoce como acumulación de factores de producción).

Así estimamos que el excedente de mano de obra de China alcanzó su máximo en 2010 y está a punto de desplomarse: de 151 millones en 2010 a 57 millones en 2015 y 33 millones in 2020. Se llegará al punto de inflexión de Lewis entre 2020 y 2025; es decir, en algún momento de ese quinquenio, la demanda de mano de obra china superará la oferta.

Lo más probable es que la segunda economía mundial adopte un modelo de crecimiento intensivo con uso más eficiente de los recursos y reequilibre el crecimiento hacia el consumo privado en lugar de la inversión; esto a su vez traerá importantes ventajas mundiales tales como el aumento del producto en los países exportadores de materias primas y en las economías regionales de la cadena de abastecimiento de China.

Incluso las economías avanzadas se beneficiarían (FMI, 2011). El aumento de los costos de mano de obra —que incidiría en los precios, ingresos y beneficios empresariales en China— influiría en la evolución del comercio, el empleo y los precios en los socios comerciales clave. Por ejemplo, los fabricantes extranjeros podrían ver reducirse la rentabilidad de producir en China, lo cual elevaría el empleo interno; los productos chinos podrían perder competitividad en los mercados mundiales, incrementando las exportaciones de otros lugares; y el alza de los precios chinos podría trasladarse a socios comerciales que dependen mucho de las importaciones chinas.

El futuro de la mano de obra barata

La evolución reciente del mercado laboral chino parece algo contradictoria. Por un lado, el crecimiento salarial agregado ha permanecido en alrededor de 15% en los últimos diez años, y las ganancias empresariales se han mantenido en niveles altos. Los salarios han crecido menos que la productividad, lo cual eleva las utilidades y hace pensar que China no ha llegado al punto de inflexión de Lewis (recuadro) en el que una economía pasa de la abundancia a la escasez de mano de obra. Pero desde el inicio de la crisis financiera la industria ha ido trasladándose cada vez más del litoral al interior, donde reside el grueso de la mano de obra rural. Así, las grandes brechas entre la demanda y la oferta de obreros urbanos registrados han ido reduciéndose progresivamente, mientras han aumentado las exigencias de mejores salarios y condiciones laborales, señal del inicio de un ajuste estructural en el mercado laboral chino.Por otro lado, la evolución demográfica señala claramente una inminente transición a una economía con escasez de mano de obra. Las Naciones Unidas proyectan que el envejecimiento y la menor fecundidad reducirán la población activa (15–64 años) en menos de 10 años (gráfico 1). El núcleo de obreros industriales (25–39 años, nacidos al inicio de la política de hijo único) se contraerá aún más rápidamente, y el acelerado envejecimiento demográfico revertirá la reducción de más de 50 años de la tasa de dependencia, es decir, el número de menores de 15 años y de mayores de 64 años dividido por la población activa (gráfico 2).

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Los cambios demográficos que se avecinan son grandes, irreversibles e inevitables, y serán clave para la evolución del excedente de mano de obra en China. Pero otros factores podrían frenar o acelerar el proceso. Si el sistema de registro de hogares se modificara aún más para identificar a los residentes de una región específica —es decir, la reforma del hukou— se podría acelerar la migración de obreros a la ciudad. La capacitación para trabajos industriales podría descongestionar los cuellos de botella laborales urbanos. Una mayor fecundidad probablemente retardaría el agotamiento del excedente de mano de obra, pero tomaría una generación. Si bien el sector primario chino (agricultura, minería y otros recursos naturales) acapara casi un tercio de la fuerza laboral, el valor agregado agrícola contribuyó aproximadamente solo un décimo al PIB de 2011. El incremento de la productividad agrícola —con una mecanización similar a la de otros países, por ejemplo— podría liberar mano de obra rural para compensar los déficits urbanos. Al aplicar estas políticas China podría ganar algo de tiempo; la cuestión clave es determinar cuánto tiempo.

Inicio de un punto de inflexión

Según nuestras estimaciones, China ha registrado un excedente de mano de obra —desempleo y subempleo— por más de 20 años (gráfico 3), que ha persistido pese a que desde 1992 se han creado decenas de millones de empleos, e incontables millones más desde la década previa. Este excedente aumentó gradualmente hasta 2000 y se disparó entre 2000 y 2004 cuando las empresas estatales eliminaron masivamente puestos de trabajo. No obstante, después de eso el número de desempleados y subempleados se redujo debido a un crecimiento cada vez menor de la población activa y a la fuerte demanda de mano de obra en la dinámica costa industrial. Pero la tendencia volvió a cambiar a partir de 2008 al iniciarse la crisis financiera mundial. La demanda de mano de obra china se redujo y el excedente de trabajadores aumentó abruptamente en 2009–10, y se estima que rondó los 150 millones de trabajadores en esos dos años.

Aun así, los factores demográficos prácticamente garantizan que China cruzará el punto de inflexión de Lewis, casi con seguridad antes de 2025.

Nuestro escenario base estima el curso probable del excedente de mano de obra, suponiendo que las condiciones demográficas y las del mercado —que afectan el desempleo, el ajuste de los salarios reales, la productividad total de los factores y el crecimiento del PIB en los socios comerciales— siguen sus tendencias actuales. Se supone además que permanecen invariables políticas como la reforma del hukou, la política de hijo único y las reformas financieras para que el mercado fije las tasas de intereses, que en la actualidad son fijadas por las autoridades, con una tasa pasiva máxima inferior a la tasa activa mínima.

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Así estimamos que el excedente de mano de obra de China alcanzó su máximo en 2010 y está a punto de desplomarse: de 151 millones en 2010 a 57 millones en 2015 y 33 millones en 2020. Se llegará al punto de inflexión de Lewis entre 2020 y 2025; es decir, en algún momento de ese quinquenio, la demanda de mano de obra china superará la oferta. La rápida reducción del exceso de mano de obra sigue de cerca la trayectoria proyectada de la tasa de dependencia, que llegó a su mínimo histórico en 2010 y se prevé aumentará rápidamente de ahí en adelante.

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Nada es absoluto

Pero cabe pensar que la importante transición demográfica, las crecientes necesidades sociales y el nuevo entorno externo empujen a las autoridades chinas a modificar las políticas, o que las reacciones del mercado alteren la estructura de la economía. Por ejemplo, ante la contracción de los mercados laborales, los productores podrían acelerar la transición hacia un uso más intensivo del capital. O el gobierno podría acelerar la reforma del hukou como parte de una gran restructuración del seguro social y las pensiones; por ahora, los que trabajan fuera de su hukou no tienen derecho automático a prestaciones como pensiones y atención de la salud, y eso ha entorpecido la migración de trabajadores a las ciudades.

De hecho, varias iniciativas para mejorar la urbanización, la distribución del ingreso y la tecnología industrial delineadas en el 12o plan quinquenal (adoptado en 2011) podrían afectar el punto de inflexión de Lewis al alterar la oferta o demanda de mano de obra; por ejemplo, una producción con uso más intensivo de capital probablemente reducirá la demanda de mano de obra.

Políticas como estas podrían retardar la transición de China a una economía con escasez de mano de obra. Por otro lado, ciertas iniciativas para mejorar el sustento de la población china podrían terminar acelerando el agotamiento de la mano de obra, aunque esto ocurriría en un entorno en que los ahorristas y obreros chinos estarían mejor remunerados. Son posibles varios escenarios.

Flexibilización de la política de hijo único: La tasa de fecundidad de China en 2010 de 1,6 nacimientos por mujer fue una de las más bajas del mundo y mucho más baja que la de países emergentes de Asia. Flexibilizar la política de hijo único para equiparar la tasa de fecundidad con las proyecciones de alta fecundidad de las Naciones Unidas podría retrasar el punto de inflexión de China. Pero los efectos potenciales son leves: para 2020 el excedente de mano de obra aumentaría de 33 millones a 36 millones en la estimación de base, mientras que en 2025 el déficit descendería a 16 millones, frente a 27 millones de la estimación de base. El punto de inflexión aún llegaría entre 2020 y 2025. Esto no debe sorprender: primero, la mayor fecundidad amplía la fuerza laboral potencial, pero con rezago; y segundo, la variante de alta fertilidad de las Naciones Unidas tan solo aproxima la tasa de fecundidad china de 1,6 a la tasa de fecundidad de reemplazo de 2.1 (gráfico 4).

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Aumentar la tasa de participación laboral: El porcentaje de la población activa china que está empleada o buscando empleo es alto en comparación con países similares. Pero la tasa ha disminuido desde mediados de los años noventa —de 0,87 en 1995 a 0,82 en 2010— debido a condiciones económicas subyacentes. Dada la tendencia a contratar obreros jóvenes, sobre todo entre los migrantes de zonas rurales a urbanas, y una edad de jubilación relativamente baja, esta reducción refleja la creciente proporción de trabajadores mayores en la fuerza laboral. Una forma de elevar la tasa de participación sería facilitar la migración de trabajadores a las ciudades, es decir acelerar la parte de la reforma del hukou que permite a los obreros conservar sus prestaciones al mudarse. Al elevar la tasa de participación a 0,85, el promedio de los últimos 20 años, el excedente de mano de obra persistiría más allá de 2025 y retardaría cinco años el punto de inflexión de Lewis, a 2025–2030. A diferencia de la fecundidad, esto se debe a que una mayor tasa de participación tiene un efecto inmediato en el tamaño de la fuerza laboral potencial y, por ende, en la oferta de mano de obra.

Reforma del sector financiero: La liberalización de las tasas de interés elevaría las tasas pasivas, lo cual incrementaría el rendimiento de la riqueza y reduciría los flujos hacia la riqueza, ya que con tasas pasivas más altas los hogares alcanzarían sus metas de ahorro más fácilmente (Nabar, 2011). Los hogares optarían por trabajar menos y la economía cruzaría el punto de inflexión de Lewis antes de lo previsto. En el escenario base, el excedente de mano de obra en 2020 sería del orden de 30 millones. La libre determinación de las tasas de interés probablemente elevaría dichas tasas y reduciría el excedente a aproximadamente 10 millones. El punto de inflexión ocurriría poco después de 2020.

Reforma del mercado de productos: La reforma del mercado de productos que mejora la productividad total de los factores (PTF) —aproximadamente el efecto de las variaciones del producto no atribuibles a variaciones de los insumos— elevaría la rentabilidad de las empresas y por ende la demanda de mano de obra. La PTF ha contribuido positivamente (tecnología, innovación, mejor educación) al crecimiento del producto en China en los últimos 20 años, pero su crecimiento ha disminuido en años recientes. La PTF debería mejorar gracias a las numerosas políticas del 12o plan quinquenal que promueven la competencia en el sector de servicios, la inversión en actividades de mayor valor agregado y la innovación. Un aumento de la PTF al nivel medio de las dos últimas décadas incidiría en el momento en que ocurre el punto de inflexión de Lewis de forma similar que la reforma financiera. La diferencia sería que esta última reduciría la oferta de mano de obra, en tanto que la reforma del mercado de productos incrementaría la demanda de mano de obra con respecto a la proyección de base.

La demografía se impone

China está a las puertas de un gran cambio demográfico. En unos pocos años, la población activa alcanzará un máximo histórico y luego iniciará un descenso vertiginoso. Cuando esto suceda, los numerosos trabajadores de bajo costo —uno de los motores del modelo de crecimiento chino de la historia reciente del país— desparecerán, dejando atrás un panorama económico y social muy diferente. Las estimaciones sobre el momento en que ocurre el punto de inflexión de Lewis son de por sí inciertas, y los escenarios que hemos presentado pretenden ilustrar las diferentes circunstancias que podrían adelantar o retrasar el inevitable cambio del panorama laboral de China. Las respuestas del mercado y las políticas a la reducción del excedente de mano de obra incidirán principalmente en forma tangencial en el inicio del punto de inflexión de Lewis; esa transición inminente depende sobre todo de los factores demográficos de China.

*Este artículo fue escrito por Mitali Das, economista principal en el Departamento de Estudios del FMI y Papa N’Diayes, subjefe de División en el Departamento de Asia y el Pacífico del FMI. Se basa en el estudio de los autores IMF Working Paper 13/26, “Chronicle of a Decline Foretold: Has China Reached the Lewis Turning Point?”.

Referencias:

Fondo Monetario Internacional (FMI), 2011, People’s Republic of China: Spillover Report for the 2011 Article IV Consultation and

Selected Issues, IMF Country Report 11/193 (Washington).

Lewis, William Arthur, 1954, “Economic Development with Unlimited Supplies of Labour”, The Manchester School, vol. 22, págs. 139–92.

Nabar, Malhar, 2011, “Targets, Interest Rates, and Household Saving in Urban China”, IMF Working Paper 11/223 (Washington: Fondo Monetario Internacional).

Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, base de datos de Población Mundial.