Sala de Inversión. Cualquier analista que pretenda adentrarse en los números de un compañía, cualquiera sea el rubro de esta, le será necesario saber interpretar la contabilidad y los números de la empresa.

La contabilidad es un sistema que recopila todas las operaciones vinculadas con hechos económicos que afectan a la firma y alteran su patrimonio, tanto cualitativa como cuantitativamente, pero que puede ser manipulable y debe ser estudiada con una lupa.

El balance intenta reflejar de la mejor manera posible la realidad de cada uno de los momentos de una empresa, pero no es más que una serie de números ordenados de manera estandarizada para facilitar su comparación tanto en el tiempo como con respecto a otras compañías, y que está elaborado con componentes subjetivos.

Se denominan elementos patrimoniales a los bienes, derechos, obligaciones y compromisos que lo componen y pueden estudiarse mediante dos dimensiones bien marcadas. Por un lado, se encuentra el análisis horizontal que se refiere al desempeño de una sola compañía durante un período de tiempo y se utiliza para hacer un seguimiento de las tendencias.

También, se usa el vertical, con el que se comparan los balances de diversas firmas sobre una base 100. Se lo puede denominar “cross sectional analysis” en referencia al estudio de diversos estados financieros durante un mismo año. Las reglas de valuación a nivel mundial están sujetas a principios de contabilidad generalmente aceptados (GAAP) para aumentar la homogeneidad de las comparaciones.

A su vez, hay que tomar en cuenta el análisis de ratios o relaciones relativas de su hoja de sus resultados. Esto se usa para confrontarlos con los de ejercicios anteriores o con los promedio de la industria, de sus competidores representativos o del mercado. Entre los que más se usan están los de rentabilidad, eficiencia, solvencia, liquidez, endeudamiento y de mercado (múltiplos de valuación relativa como el price-to-earnings).

Los principales estados financieros son el patrimonial (balance), el de resultados, y el de origen y aplicación de fondos (flujo de caja o cash flow). A su vez, existen otros complementarios como el de evolución del patrimonio neto, la memoria y las notas aclaratorias al balance.

Los analistas extraen de todos ellos una información adicional que, en muchos casos, puede resultar de vital importancia para entender ciertas partidas o movimientos. El primero, expresa cuántos activos tiene la compañía, cuánto debe (pasivos). La diferencia entre ambos es el patrimonio neto, o lo que queda en propiedad de los accionistas y viene a reflejar la “foto” de la empresa en determinado momento del tiempo.
Esto lo diferencia de los otros dos que muestran una variable de flujo o bien una “película” que sucedió a lo largo de un período (trimestre, año). Como su nombre lo indica, es el estado de la firma a determinada fecha (al cierre de ese ejercicio).

Los elementos del activo representan bienes y derechos que generan probables beneficios futuros, y/ o de propiedad o controlado por la empresa, y/ o haberse generado o creado por eventos o transacciones pasadas.

Los del pasivo implican obligaciones y compromisos, ya sean créditos de otras entidades acreedoras, como el futuro sacrificio económico que tiene que hacer. También, es el resultado de actos u operaciones anteriores.

La “ecuación básica” o “ecuación fundamental” es la derivada de la contabilidad por partida doble. Por un lado, el patrimonio neto es igual a activo menos el pasivo y el activo es el resultado de la suma del pasivo más el patrimonio neto.

Estos son dos principios básicos que tienen que cumplirse sí o sí. A su vez, el patrimonio neto está compuesto por el capital social (cantidad de acciones por valor nominal de cada una), las reservas (de capital y utilidades) y los resultados (no asignados de ejercicios anteriores y los del ejercicio).