Sala de Inversión. Operar en bolsa con acciones de alto dividendo es una práctica común de los estrategas, medida que ha tenido una sólida performance en el largo plazo, tanto desde el punto de vista de la academia como en lo que respecta a la experiencia práctica.

La rentabilidad del accionista se sustenta sobre un concepto similar, pero brinda un enfoque más completo e integral sobre la fortaleza financiera del negocio.

Los dividendos representan un pago de efectivo para el inversor, por lo tanto generan beneficios incluso en períodos en los que los precios de los activos muestran comportamientos desfavorables. Además, y tal vez más importante, una compañía que logra sostener e incrementarlos está reflejando la solidez fundamental con esta política.

En muchos casos, esto representa que se trata de un negocio que genera el flujo de caja suficiente para financiar las necesidades de reinversión de la empresa y, además, distribuir el dinero restante, por lo que se convierte en una muestra de solvencia financiera y calidad de la firma.

No es de extrañar, entonces, que invertir en activos con alta rentabilidad por dividendo sea una estrategia tan probada y efectiva en el tiempo. Sin embargo, estos pagos son solo una de las maneras en las que las compañías pueden entregar capital, ya que también pueden hacerlo a través de la recompra de acciones o la cancelación de deudas.

La rentabilidad del accionista es una medida que incluye estas tres variables y brinda una visión más completa sobre la política de distribución de efectivo. Se calcula sumando la rentabilidad por dividendos, las recompras de papeles y los pagos de obligaciones.

Según diferentes estudios académicos, este enfoque brinda mejores retornos que una estrategia de inversión basada únicamente en procurar firmas que sólo paguen dividendos.

Las recompras de acciones han ganado mucho terreno frente a los tradicionales desembolsos de efectivo en los últimos años debido a cuestiones tanto impositivas como de administración financiera en general.

Cuando una compañía realiza esto, está reduciendo la cantidad de activos en circulación y, por lo tanto, incrementando su valor teórico. Si genera el mismo monto anual de ganancias, pero las reparte en una menor cantidad de accionistas, es de esperar que el valor de cada papel se incremente.

Comparado con un pago de dividendos, esta política genera ganancias de capital y no distribuciones de efectivo, aunque al mismo tiempo implica una menor carga impositiva para quienes poseen estos títulos.

Además de esto, muchas empresas se han volcado a las recompras de acciones debido a que pueden realizarse en forma más flexible. Cuando aumenta sus dividendos, el management debe ser bien consciente de que el mercado esperará esos pagos en el futuro y si realiza un recorte es interpretado como una señal fuertemente negativa.

En cambio, con esta nueva modalidad pueden hacerse con mayor o menor intensidad según la conveniencia del momento. Por lo tanto, brindan más flexibilidad a los directivos para decidir qué política de distribución de capital implementar según el contexto.

Enfocarse en la rentabilidad del accionista, entonces, ayuda a incluir a las empresas que han priorizado las recompras por sobre los dividendos, tendencia que ha crecido notablemente en los últimos años.

Además es importante evitar aquellos casos en los cuales las compañías financian los desembolsos mediante la emisión de nuevas acciones. Si los pagos en efectivos crecen mediante la colocación de papeles en el mercado, sus tenedores reciben, por un lado pero pierden por el otro (en el valor fundamental de cada uno de ellos).

En cuanto a la cancelación de deuda, según las condiciones del mercado financiero y las circunstancias particulares de la empresa, puede resultar conveniente realizar esto o lanzar nuevos bonos.

Sin embargo, es importante evitar los casos en los que los dividendos se financian con incrementos excesivos de deuda, dado que esto puede generar un aumento del riesgo financiero del negocio.

Por lo tanto, detectar las firmas que llevan adelante estas políticas implica muchas veces encontrar negocios que, gracias a su capacidad de obtener efectivo, comenzarán a recomprar acciones y/o pagar dividendos en el futuro.

En definitiva, los beneficios de invertir en papeles con altos desembolsos de dinero van más allá del pago en sí mismo y tienen que ver con la calidad de los activos en cuestión.

Al incorporar variables como recompras y cancelaciones de deuda, la rentabilidad del accionista puede ser una herramienta más completa seleccionar las compañías con mayor fortaleza financiera.