San Antonio del Táchira/Maracaibo.- En la casa de Lila Matheus en Maracaibo, sólo queda un paquete de espaguetis, un kilo de lentejas y un frasco de vinagre, contó la trabajadora de 50 años que pasó seis días sin luz tras el apagón nacional en Venezuela la semana pasada.

Las pocas panaderías, restaurantes y farmacias que se mantuvieron abiertas durante la emergencia -y dejó sin servicio eléctrico al país por más de cuatro días- exigían pagos en efectivo, la mayoría en divisas extranjeras por la escasez de billetes en moneda local en medio del colapso de los pagos electrónicos y una creciente hiperinflación.

"La verdad tengo miedo porque no sé donde voy a comprar comida (...) Todo lo venden en dólares y uno de donde saca esos billetes", se preguntaba Lila Matheus, una obrera de una fábrica en Maracaibo, la segunda ciudad más populosa del país.

En la ciudad, la mayoría de los negocios seguían cerrados por el temor de muchos comerciantes a que se repitan los saqueos desencadenados luego de la falla eléctrica y los pocos abiertos aceptaban billetes de más de US$5.

De todas formas, los billetes foráneos resultan una tabla de salvación para enfrentar la crisis, pues la pensión en bolívares que recibe Omaira Rodríguez en Caracas solo le alcanza para comprar una bolsa de jabón de lavar ropa.

Sin embargo, cada vez es más común que no solo la población de la frontera sino de las principales ciudades maneje divisas de otros países.

Por un lado es por las remesas que reciben de los más de tres millones de personas que han migrado desde 2015, según Naciones Unidas.

Por el otro, porque en los últimos meses médicos, comerciantes o incluso plomeros o reparadores de electrodomésticos exigen pagos en billetes colombianos, brasileños, estadounidenses o europeos, que circulan de manera más frecuente en el país.

Esta tendencia se intensificó durante la emergencia eléctrica, cuando el pago en divisas se convirtió en la primera opción de los venezolanos para conseguir agua y comida bajo la hiperinflación de más de dos millones por ciento que allí se vive desde hace un año.

Bolsas de hielo podían costar un dólar el primer día de la suspensión del servicio eléctrico en Caracas o seis dólares en la calurosa Maracaibo, según testigos de Reuters. A los tres días de cortes de luz el precio se había triplicado.

Hasta un vendedor de helados que se acercó a una protesta opositora el sábado optó por cobrar en dólares a los clientes que caminaban para manifestarse bajo el inclemente sol caribeño.

Pero a medida que los precios se fijan en moneda extranjera, las divisas rinden cada vez menos. En 2019 se necesitan US$675 para comprar lo que hace 12 meses se conseguía con US$100, según cálculos de la firma local Ecoanalítica.

El gobierno de Nicolás Maduro flexibilizó el control de cambios el año pasado y dejaron de ser ilegales las operaciones en divisas, aunque no se eliminó por completo su regulación.

"Todo es más caro". Moisés Hernández limpia locales en la población venezolana más cercana a la frontera con Colombia, San Antonio del Táchira y le pagan en pesos colombianos, no en la moneda local. Con eso compra los alimentos, pero lo hace al otro lado de la frontera.

"Si no compramos allá (en Colombia) no comemos, en Venezuela todo es más caro", cuenta el trabajador de 40 años, que viaja continuamente a la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta en busca de productos básicos y medicinas, aún con el cierre del paso ordenado por el gobierno Venezuela en febrero.

En un seguimiento de precios que hace Ángel Alvarado, economista y diputado del Congreso opositor, un combo de 24 huevos y un kilo de harina de maíz, queso blanco, carne, café, arroz, azúcar y aceite resulta más costoso en Caracas que a principios de año, incluso para quienes manejan divisas.

Esa cesta en abastos de la barriada de Petare se podía pagar con el equivalente de US$15 en los primeros días de 2019 y siete semanas más tarde ya requería contar con al menos 22 dólares.

En un supermercado de Colombia ese combo se puede pagar por el equivalente de US$14, según testigos.

Una tabla de salvación. No todos logran manejar divisas y el salario mínimo en Venezuela es equivalente a menos de seis dólares a la tasa oficial, pese al ritmo en que suben los precios en bolívares o en moneda extranjera.

De todas formas, los billetes foráneos resultan una tabla de salvación para enfrentar la crisis, pues la pensión en bolívares que recibe Omaira Rodríguez en Caracas solo le alcanza para comprar una bolsa de jabón de lavar ropa.

"Hace un año con la ayuda resolvíamos", dice esta jubilada que vive en la barriada de Petare, la más populosa de la capital, y compensa sus ingresos con remesas que cada quincena recibe desde Colombia y España de una hija y un yerno.

"Con lo que mandan ahora hay que hacer milagros, porque vivimos una super inflación", agrega la exfuncionaria pública, que vive con un par de nietos y dos hijos.

El bolívar ya poco se usa en las zonas fronterizas como moneda de pago y casi todo se transa en pesos colombianos y reales brasileños. En otras ciudades los comercios mejor surtidos son los que cobran en dólares. 

Los productos de una charcutería en Santa Elena de Uairén, la ciudad más cercana al paso hacia Brasil están marcados en reales. Su dueño, Pedro Rada, dice en la caja que ya casi no recibe bolívares, sino billetes del país vecino o dólares.

Hasta las comunidades indígenas venden sus artesanías en moneda extranjera.

"En la frontera el bolívar no tiene validez, el real es la moneda de curso (…) lo que estamos pasando es muy complicado", dijo el alcalde de esa localidad, Emilio González.