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Hospitales y clínicas 2.0: Cómo se prepara América Latina ante la nueva normalidad médica

La llegada del COVID-19 fue un golpe duro para las instituciones médicas. Para algunas, la rápida reacción ante los primeros contagios y la implementación de medidas de seguridad internas, lograron mantener el barco a flote; para otras, las condiciones no fueron del todo favorables. Tras meses, hospitales y clínicas se preparan para reanudar procedimientos postergados y se hacen cargo de esta nueva normalidad, que trae consigo, nuevos desafíos tecnológicos.
Viernes, 04/09/2020 Josefina Martínez

“Esta crisis nos ha enseñado a organizaciones como la nuestra a contar con planes de contingencia, porque uno no se explica cómo algo tan pequeño haya causado un impacto tan grande en el país y en el mundo. Definitivamente esta secuela tardará unos años en volver a ajustar la manera es que practicamos salud en este hospital”, asegura Rafael Cohen, CEO de Pacífica Salud de Panamá.

Y es que el daño ha sido transversal. Clínicas, hospitales y centros de salud de cientos de naciones (seis países latinoamericanos están dentro del top ten de contagios a nivel mundial, según datos de la OMS), se sumergieron en una crisis sanitaria que obligó a generar soluciones y respuestas automáticas. ¿Estaban preparados? Probablemente para una pandemia con tales consecuencias fatales, no.

El Dr. Juan Carlos Giraldo, director general de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, es enfático en señalar que “ningún sistema de salud en el mundo, ni ningún sistema hospitalario puede afirmar de manera contundente que estaba preparado para afrontar una eventualidad o un problema emergente de la magnitud de la pandemia del COVID-19”.

Con la llegada del coronavirus, los protocolos de seguridad fueron inmediatamente activados para así lograr “estabilizar” el sistema con el fin de no descuidar la atención médica. Cada institución optó por distintas estrategias y recomendaciones, potenciando las nuevas tecnologías y al mismo tiempo, resguardando a sus equipos médicos y pacientes.

Así lo hizo el Hospital Albert Einstein. “Con el tiempo, pudimos demostrar a los pacientes que no se podía descuidar la atención médica, especialmente en emergencias como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, y que el hospital seguía siendo un entorno seguro para un tratamiento adecuado tanto para el COVID-19 como para cualquier otra patología”", afirma Signey Klajner. 

El presidente de la Sociedad de Beneficencia Israelita Brasileña Albert Einstein, asegura que, gracias a las medidas tomadas, en las últimas semanas, comenzaron a notar una reanudación del movimiento mucho mayor a lo esperado, especialmente en volumen de cirugías realizadas y en el área de Oncología, que también ha mostrado un incremento en el número de tratamientos.

En el caso de Pacífica Salud de Panamá, el hospital “ha reforzado e implementado estrictos protocolos de seguridad y calidad que nos han permitido evitar el tener que postergar procedimientos. Parte de nuestra estrategia ha sido contar con equipos de última tecnología tales como sistema de comunicación e información, equipos médicos y de limpieza, además de soporte y especialización de nuestro personal”, asegura su CEO, Rafael Cohen.

Actualmente, se está atendiendo de 200 a 250 pacientes por día.

La llegada del COVID-19

Pero, sabemos que la reanudación de consultas, procedimientos y cirugías médicas, se están retomando de forma paulatina porque la probabilidad de rebrotes, sigue y seguirá vigente. Ahora bien, situémonos en el momento en que la pandemia tocó piso latinoamericano, ¿las instituciones médicas estaban preparadas para hacer frente a una crisis sanitaria de estas características?, ¿tenían protocolos de emergencia activados?

En el caso del Hospital Albert Einstein de Brasil, la preparación para hacer frente a una infección causada por un nuevo virus, comenzó tan pronto se publicó la primera imagen respecto a la enfermedad en China.  “Nuestra acción temprana aseguró que estuviéramos seguros, tanto desde el punto de vista de la estructura como de la asistencia brindada con apoyo científico y siguiendo las recomendaciones de las agencias de salud nacional e internacional”, afirma Sidney Klajner.

El hospital recibió su primer caso el 25 de febrero, siendo también pionero en el país. “Lo que nunca perdimos de vista es que, además de estar listos para tratar el COVID-19, necesitábamos continuar ofreciendo un entorno seguro para recibir casos no relacionados con el coronavirus, como un ataque al corazón, un derrame cerebral o pacientes con cáncer tratados, entre otros”, agrega.

Se tomaron las medidas necesarias para minimizar el riesgo de contaminación, como la implementación de un sistema de termografía en todas las entradas del hospital para detectar personas con fiebre. También se creó un flujo exclusivo para pacientes con sospechas, con servicios de atención en un entorno aislado.

En Buenos Aires, el Hospital Italiano mantenía una planificación que les permitió ganar tiempo una vez llegada la pandemia, y poder ir resolviendo los distintos temas sobre una plataforma de acción consolidada.

Según Hernán Michelangelo, jefe del departamento de Calidad, “el hospital trabaja como parte de su acreditación tanto el manejo de emergencias internas como externas, así como también el manejo de brotes; en ese sentido, tiene diagramado el trabajo con comité de crisis y los respectivos planes de acción estratificado en fases, con distribución de roles y responsabilidades en cada una de ellas”.

Lo cierto es que algunos hospitales, también sufrieron tropiezos. Rafael Cohen, CEO de Pacífico Salud de Panamá, señala que “se nos hizo difícil al principio poder organizarnos, conseguir medicamentos aprobados por las autoridades locales, equipos de protección personal y suficientes pruebas COVID. Se nos hacía complicado ya que, durante el estado de emergencia, el estado acaparó estos rubros”.

En el caso de la Clínica Ricardo Palma de Perú, el reto fue contar con profesionales especializados, tanto médicos como enfermeras. Su gerente de Salud, Jaime Moya, menciona que “muchos debieron replegarse por ser población de riesgo según norma nacional o porque fueron cautivados por una gran demanda de servicios especializados de parte de los hospitales del Ministerio de Salud y de la Seguridad Social, quienes con el fin de contar con estos profesionales ofrecieron cifras muy por encima de lo habitual para contratarlos temporalmente y en tanto dure la pandemia”.

Otro inconveniente que llevó a esta clínica peruana a tener una baja considerable en su oferta de profesionales especializados, fue la afectación de varios de ellos con COVID-19.

La situación en Colombia, ha mejorado considerablemente, cuenta el director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, Juan Carlos Giraldo. Asegura que el sistema hospitalario colombiano empezó a prepararse y a adaptarse para enfrentar la pandemia, apenas el virus se propagó. El primer paso fue hacer una cruzada para actualizar el conocimiento de todo el recurso humano, luego las instituciones comenzaron a adecuar sus plantas de personal, a hacer nuevas asignaciones de turnos y rediseñar todos los procesos de atención. El tercer paso, fue analizar cuál era la capacidad disponible y cuánta de esa capacidad se podía librar y dedicar exclusivamente para la atención de COVID-19.

“Ha sido una preparación intensa y en la que hemos sido eficaces, porque pasados los dos primeros meses, los porcentajes de ocupación en servicios como urgencias, que estaban tradicionalmente sobre el 125%, ahora están alrededor del 45%; lo mismo con las áreas de internacional en general, de UCI y de Cuidado Intensivo, que estaban entre 45% y 55% de ocupación en los hospitales hasta finales de mayo”.

El aporte científico

Desde el comienzo de la pandemia, las instituciones médicas no solo han puesto a disposición su infraestructura y personal para tratar a los contagiados, sino para sumarse a las investigaciones tanto públicas como privadas relacionadas al COVID-19 y aportar científicamente a su extinción, o al menos, su control.

El Hospital Albert Einstein participa actualmente en el Comité COVID-19 Brasil, integrada por seis instituciones de dicho país, con el objetivo de investigar opciones terapéuticas para combatir la enfermedad.

“En abril, el Hospital Israelita Albert Einstein y el Hospital Sirio-libanés comenzaron a ser pioneros en Brasil, luego de la aprobación de la Comisión Nacional de Ética en Investigación (CONEP), la investigación sobre el plasma sanguíneo en el tratamiento de 60 pacientes, cuya primera fase ha finalizado con éxito”, señala Sidney Klajner.

En mayo, la institución desarrolló el primer examen genético en el mundo para la detección a gran escala del coronavirus sin falsos negativos. El hospital, además, es una de las 12 organizaciones elegidas para probar la vacuna china CovonaVac.

Pacífica Salud de Panamá también confirma su participación en proyectos de investigación con plasma convaleciente. “Estamos participando en proyectos relacionados con nuevas pruebas diagnósticas de menor costo, validación de pruebas de anticuerpos SARS-CoV-2 y estudios que analizan el impacto de la pandemia en pacientes que requieren cirugías oncológicas”, confirma Rafael Cohen, CEO de la institución, la cual está afiliada con John Hopkins Medicine Internacional.

Quien también ha desarrollado un estudio para evaluar un posible tratamiento contra el COVID-19 es el Hospital de Buenos Aires. Ellos, al igual que Pacífica Salud, usaron el plasma convaleciente como una herramienta de tratamiento utilizado en algunas enfermedades infecciosas en las cuales no hay medicamentos efectivos.

“Se toman aquellos pacientes que hayan presentado la enfermedad y una vez curados, le analizamos la sangre para buscar en ella la presencia de anticuerpos neutralizantes del virus; si el título de los mismos (cantidad de anticuerpos) es alta, le sacamos plasma. Con eso, estamos realizando un protocolo de investigación (PLASM AR) que analiza la utilidad del plasma en la población infectada”, explica Hernán Michelangelo.

Lecciones aprendidas

Tras meses insertos en la crisis sanitaria, las instituciones médicas cumplen con experiencia mínima para reevaluar la situación y seguir mejorando con el fin de restablecer la “normalidad”. ¿Qué aspectos deben ser reforzados o cambiados? ¿Son las nuevas tecnologías fundamentales en este proceso? ¿Cómo garantizar la seguridad de los pacientes y equipo médico? ¿Es el momento de potenciar el aporte científico?

El presidente de la Sociedad de Beneficencia Israelita Brasileña Albert Einstein, asegura que “lo que puede parecer agotador al principio, que trata con lo desconocido, es también una oportunidad para buscar en la creatividad, la innovación y la ciencia, respuestas relativamente rápidas para enfrentar un virus que se propaga a una velocidad impresionante. Lo que podría ser un problema, lo convertimos en un estímulo para centrarnos en la investigación y el desarrollo de soluciones”.

Agrega: “La pandemia ha sido un período de gran aprendizaje. Lo que está claro es que los sistemas de salud tendrán que centrarse aún más en el uso inteligente de la tecnología, en la reducción de desechos, en una atención más humana y en la prevención de enfermedades. La tendencia más fuerte es llevar la salud al hogar del paciente y crear puntos de servicio más descentralizados”.

Durante este periodo, relata, los médicos del hospital realizaron por primera vez en Brasil, una angioplastia (colocación de stents para despeje de arterias coronarias) respetando el criterio de seguridad respecto al distanciamiento social de dos metros. El procedimiento fue posible gracias al uso de un equipo robótico, único en el hemisferio sur.

Para el director médico del Hospital Privado de Argentina, la pandemia marca un antes y un después en la atención médica. “No solo por las implicancias económicas que la crisis ha generado sino por el impacto en el comportamiento de los pacientes”. El aspecto más preocupante, según Ricardo Pieckenstainer, es la falta inicial de cuidado de la salud que la población experimentó por el aislamiento, que generó inicialmente más muertes que el mismo periodo comparado con 2019.

Con respecto a la telemedicina, que en algunos lugares del mundo solo asomaba como tendencia, “ha tomado el impulso para ocupar en el menú prestacional de todas las instituciones médicas, en cualquiera de sus formas”.

Juan Carlos Giraldo, director general de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, asimila el COVID-19 con una máquina del tiempo que nos trajo del futuro alternativas que se iban a implementar en los próximos 5, 10 o 15 años.

“El COVID como máquina del tiempo nos trajo de ese futuro y les dio importancia a asuntos como la atención ambulatoria, la atención domiciliaria y la telemedicina”, asegura.

“La pandemia precipitó la crisis de los sistemas de salud, confrontó los paradigmas y agitó las estructuras. Los sistemas de salud en nuestros países no van a ser iguales, se va a tener que reformular para poder enfrentar este reto, que hoy se llama COVID-19, pero en unos años vamos a tener otros nombres. Entonces, de aquí se tiene que salir con la convicción que no podemos seguir actuando igual; esta pandemia nos llamó la atención sobre la necesidad de reformas profundas, para hacer que los sistemas sean más resolutivos, más sencillos y que estén diseñados para enfrentar estos enormes choques externos”, concluye.