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México y China: ¿una oportunidad desaprovechada?

El país azteca, como muchos de Latinoamérica, tiene hoy de segundo socio comercial a China. Sin embargo, algunas voces resaltan que su intercambio de bienes y su inversión con el gigante asiático podría ser mayor –y mejor– que la actual. A diferencia de Argentina, Brasil, Perú y Chile, la nación comandada por AMLO está desde hace años perdiendo terreno en ese frente. ¿Está cambiando eso desde la pandemia?
Viernes, 11/06/2021 Gwendolyn Ledger

Con el rastro de muertes y desaceleración que ha provocado la pandemia en todo el continente, cualquier buena noticia económica es un bálsamo para gobiernos y empresarios.

Por eso, no es raro que los medios mexicanos difundieran profusamente durante abril las favorables cifras que indicaban que el comercio entre México y China alcanzaba su mejor crecimiento anual en el primer bimestre de 2021, registrando un flujo de casi US$ 15.000 millones, según datos del Banco Central de México (Banxico).

Esto equivale a un crecimiento anual de 9,8%, de acuerdo con la entidad, con México exportando bienes a China por un valor de US$ 1.507 millones (un crecimiento de 60,7% a tasa anual) e importaciones por US$ 13.390 millones; cifra 6% superior a la observada en el primer bimestre de 2020.

Actualmente, el gigante asiático es el segundo socio comercial de México, con casi el 11% del intercambio –pero muy por debajo de su principal socio, Estados Unidos, que suma el 62% del comercio total del mercado mexicano–- Nada mal si se considera que hace casi 30 años, el comercio de México con China representaba solo 0,4% del total.

Pero no es una noticia aislada respecto de China y México. Las relaciones entre ambos países hoy pasan por un buen momento.

“La pandemia de COVID-19 ha ofrecido oportunidades políticas para la relación bilateral, pero también ha experimentado desafíos económicos”, dice en un análisis de marzo de este año el investigador de la Universidad Nacional de México (UNAM) Eduardo Tzili-Apango.

Ya en marzo, el embajador de la República Popular de China, Zhu Qingquiao, informaba que las exportaciones de México a China habían aumentado 10% en 2020.

Contrario a las expectativas, la mayor demanda de bienes y servicios por parte de China fue aprovechada por las empresas mexicanas, cerrando 2020 con envíos de US$ 7.969 millones, cifra superior a la reportada en 2019, según datos de Banxico.

Buena parte de este acercamiento tiene que ver, justamente, con la pandemia.

Mientras en enero, junto con anunciar el apoyo chino para enfrentar el COVID-19, el canciller mexicano Marcelo Ebrard aprovechó su conversación con el ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi para por Twitter “la profundización de sus relaciones comerciales”, sin entrar en mayores detalles, el pasado 17 de mayo el presidente López Obrador ofreció una disculpa pública de parte de México al pueblo chino por la tragedia de Torreón: una masacre en la que fuerzas revolucionarias asesinaron a 303 chinos en esa localidad, entre el 13 y 15 de mayo de 1911.

LA FALTA DE UNA ESTRATEGIA

El buen momento económico, con mayor exportación de carne de res, un incremento del 2% en el comercio agropecuario y un alza de 160% en la inversión directa de China en México, destacados por los medios locales, son buena noticia.

Pero el problema que el sector académico mexicano detecta es que las cifras podrían ser mucho mejores.

Para Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México (CECHIMEX) de la UNAM, México ha dejado pasar oportunidades para fortalecer su relación con China porque no tiene una propuesta detallada a tal efecto.

“Lamentablemente, México sólo voltea a China cuando hay crisis o está en problemas, y eso saldrá caro porque en unos años el país se convertirá en la economía más grande del mundo”, dijo en marzo de este año el coordinador del centro de estudios citado por el diario electrónico Estrategia Aduanera.

En uno de los varios análisis que realiza el académico Dussel Peters para CECHIMEX y la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China (Red ALC-China) detalla que el gigante asiático se convirtió en el segundo socio comercial de México en 2003, y desde 2010 su comercio bilateral superó al de la UE. En 2019 los flujos comerciales bilaterales México-China representaron el 9,84% del comercio total del país y entre 2000 y 2019 el intercambio creció a una tasa media anual de 19,4%, muy superior a la tasa del comercio global del país y a la de Estados Unidos en ese mismo lapso, las exportaciones crecieron a una tasa media anual de 20,6% y las importaciones a una de 19,4%. 

El 67, 37% de las exportaciones totales enviadas a China en 2019 se centraron en cinco rubros donde destacan petróleo con 39,12%, automotriz con 18,73% y electrónica con 9,52%.

Al revés, entre 2000 y 2019 las importaciones de China al país aumentaron 30 veces con el 65,63% del valor total importado desde ese país concentrado en tres rubros. Electrónica (37,99%) autopartes (22,70%) y automotriz. La balanza comercial de ambas naciones evidencia el déficit de México respecto de China, con US$ 76.197 millones, que es 30 veces superior a la cifra de 2000.

Según menciona en su libro “Dragonomics”, la académica de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Southern California (USC), Carol Wise, la falta de estrategia de México para obtener mejores beneficios con China se remonta a muchos años atrás y se vincula fuertemente con una política industrial errada y una sobre dependencia con Estados Unidos que tampoco ha dado los mejores frutos.

“México en los 80, después de la crisis, hizo un esfuerzo por exportar bienes industrializados manufacturados, pero al entrar al tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos abandonaron al mismo tiempo su política industrial […] es una gran contradicción y ahora México es el único país en Latinoamérica cuyas exportaciones se traslapan con China, porque ambos exportan productos intermedios a terceros mercados”, explica Wise a AméricaEconomia.
 
La consecuencia de esto fue que en los albores de que México entrase al NAFTA bajó sus barreras comerciales “y los bienes chinos inundaron el mercado mexicano: el sector privado mexicano compra bienes intermedios chinos porque son más baratos y mejores. Y también lo hace Estados Unidos […] aquí es cuando empieza el déficit de comercio [que] nunca se ha revertido”, detalla la académica.

ROMANCE COMPLEJO POR UN TERCER PAÍS

Ese impasse de principios de los 90 sería el inicio de una especie de relación de amor-odio entre ambas naciones, desde que en los 70 México fuera un pionero en reconocer a China globalmente.

“México apoyó la expulsión de Taiwán [desde la ONU], el presidente Luis Echeverría fue el primer mandatario latinoamericano en ir a China en 1973 y luego López Portillo en 1978 […] pero el déficit comercial, la competencia [generó] una relación delicada, que pasó de maravillosa a horrible con México tratando de bloquear la entrada de China a la OMC en 2001”, enumera Wise.

Y para peor, China se ha ido instalando en Estados Unidos a lo largo de estos años como protagonista, incrementando entre 2000 y 2005 un 143% sus exportaciones a EE.UU. versus un aumento 25% de las exportaciones mexicanas al mercado estadounidense. 

“La relación entre México y China es un romance complejo por un tercer país.  Es imposible analizar este vínculo sin que Estados Unidos esté presente, en casi todas las esferas. Tiene diversas aristas y la más compleja es la económica (...) La enorme dependencia de México respecto de Estados Unidos lo complica siempre”, comenta a AméricaEconomía Dorotea López Giral, directora del Instituto de Estudios Internacionales (IEI) de la Universidad de Chile.

De acuerdo con las académicas entrevistadas, México hoy tiene dos situaciones con China. Por un lado, el poco margen que le deja para profundizar sus relaciones comerciales el T-MEC.

“El artículo 32 ha sido llamado la ‘cláusula antichina’ por eso”, dice López Giral, en referencia a una cláusula del T-MEC que no permite el establecimiento de acuerdos comerciales con economías que no sean “de libre mercado”, estatus reconocido por México hacia China.

El segundo factor es que, a pesar de las presiones y la dependencia con Washington, la evidencia indica que acercarse a China ya está dando buenos resultados. Pero ha sido una relación con altos y bajos.

El país asiático ha buscado establecer un acuerdo comercial con México desde inicios del siglo XXI, con el establecimiento en junio de 2013 de una Asociación Estratégica Integral.

“Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se anunció una intención explícita y clara de relanzar la relación con China sobre bases diferentes (...) Entonces, un proyecto muy importante fue la construcción de obras de infraestructura. Muchas terminaron frustradas, como el aeropuerto internacional o el tren México-Toluca, o como el tren bala que iba a transitar de la Ciudad de México a la ciudad de Querétaro”, indica en un documento de estudio de 2019 el académico José Luis León-Manríquez, internacionalista de la UNAM y doctor en Ciencia Política de la Universidad de Columbia.

“La gente de Peña Nieto empezó a buscar un espacio en el mercado chino para productos como los berries. Pero tienes que hacer promoción de la exportación para llegar al mercado chino, no ocurre sólo. Al no tener un TLC con China hay que conseguir protocolos, licencias, permisos sanitarios. Peña Nieto abrió estas oficinas de ProMéxico en las ciudades grandes de China, pero AMLO canceló todo eso, porque él es nacionalista”, lamenta Carol Wise.

Ante eso, el sector privado mexicano se vio en la obligación de improvisar. El sector empresarial mexicano anunció en noviembre de 2019 la llamada Casa México, una oficina y sala de exhibición en Shanghai, pensada para recibir a empresarios mexicanos y chinos para ayudar a las empresas mexicanas a tener a la vista productos como tequila, mezcal, cerveza, café, carne de res y aguacate, entre otros,  además de promocionar servicios y sitios turísticos. 

Por estas razones, destacan tanto Wise como López, es que México no ha podido obtener las mismas ventajas que otras naciones, como Brasil, Chile o Perú de su relación con China.

“México podría estar dinámicamente involucrado con China en los sectores donde se traslapan. En vez de competir con China en terceros mercados de exportación podrían colaborar con China produciendo y luego exportando al mercado estadounidense, y no hay nada que los Estados Unidos pudiera hacer [al respecto] si 75% de la inversión está en México”, teoriza Carol Wise. 

LA VENTANA DE AMLO

Pese a lo irregular de las relaciones comerciales, el factor omnipresente de Washington, los obstáculos que supone el T-MEC y hasta los aparentemente contradictorios actos del presidente Manuel López Obrador, hay una creciente inversión china en suelo mexicano que podría ir cambiando la situación de desmedro que ha tenido México con respecto al gigante asiático.

En parte por la guerra comercial con Estados Unidos o por el acercamiento que se dio en la pandemia, hoy en México “hay una percepción de que AMLO ahuyenta la inversión, excepto la proveniente de China”, dice la profesora López Giral.

Los números ya lo estarían demostrando. Para fines de octubre de 2020, la Cámara de Comercio Jiangsu de China en México daba a conocer a la prensa que hasta 2025 miles de empresas chinas de distintos sectores acelerarán sus inversiones en México.

El organismo indicó ese mismo mes de octubre que alrededor de 70.000 empresarios chinos habían sacado sus inversiones de territorio estadounidense y que, consecuentemente, los sectores que recibirán mayor inversión china en México serían el manufacturero, textil, automotriz, bioseguridad e hidrocarburos.

En tanto que Corsa Corp., un organismo de alianza entre empresarios de México y China, señalaba en el periódico La Jornada  que otros sectores beneficiados serían el turístico y de empresas vinculadas a la tecnología básica, debido a las condiciones favorables de inversión que otorga México.

De acuerdo con un estudio publicado el 31 de marzo por el académico Enrique Dussel Peters, del Centro de Estudios China-México (Cechimex) de la Facultad de Economía de la UNAM, el año pasado México fue el mayor receptor de inversión extranjera directa china entre sus pares en América Latina. Le siguieron Chile y Brasil, en ese orden.

Ignacio Martínez, investigador del Cechimex, asegura en un artículo de El País de España, publicado a fines de abril de este año, que “La inversión China en el país no es cuantiosa, pero es muy importante […]. Si bien no son los grandes proyectos que se ven en el sector de hidrocarburos, está en proyectos muy importantes para el país. Hay mucha presencia de empresas chinas que pasa desapercibida”.

Si se consolida, el listado aparece impresionante: la inversión de Ganfeng Lithium al adquirir cerca del 20% de la compañía canadiense Bancora, para el yacimiento de litio en Sonora. La llegada de Oppo, el fabricante de teléfonos inteligentes con más ventas en China. El arribo de Shacman a México, con planes de ensamblar la gama de vehículos X3000 y L3000 en Ciudad Sahagún, Hidalgo (Vázquez, 2020). O los inicios de perforación del pozo Ameyali-1EXP en el Golfo de México, por parte de la China Offshore Oil Corporation (CNOOC), como parte de un proyecto de exploración en el que invertirán aproximadamente US$ 200 millones.

Esto, además del fallo de la licitación para la construcción del Tramo I del Tren Maya –uno de los proyectos insignia del gobierno de López Obrador– en favor de la empresa China Communications Construction Company (CCCC).

A nivel gubernamental, también se ven señales potentes. En julio de 2020 se efectuó virtualmente la VIII Reunión del Grupo de Trabajo de Alto Nivel (GAN) entre México y China, donde se firmó el Memorando de Entendimiento (MOU) sobre el Establecimiento del Subgrupo de Trabajo de Cooperación para la Promoción y Agilización del Comercio Bilateral, mecanismo de monitoreo de obstáculos que las empresas mexicanas experimentan en su acceso al mercado chino, con el objetivo de “equilibrar la balanza comercial”.

Luego, en octubre de 2020 la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México y la Dirección General de Aduanas de China formalizaron el protocolo sanitario para la exportación de sorgo de México a China, en tanto que unos meses antes la titular de la Secretaría de Economía, Graciela Márquez, aseveró que un posible tratado comercial con China se estaba considerando.

“Si bien es cierto que las relaciones sino-mexicanas se intensificaron en 2020, sobre todo en la dimensión política, esto se puede deber a la situación extraordinaria que ha implicado la pandemia de COVID-19”, advierte Eduardo Tzili-Apango en su análisis de marzo 2021.

“Sin el establecimiento de bases institucionales e integrales a largo plazo, un probable cambio en la orientación ideológico-política en el gobierno mexicano –a partir de las elecciones de junio de 2021, o más probablemente después de 2024– repercutiría en los avances en la relación México-China. Aunque, también es cierto que aún se está a tiempo de consolidar dichas bases para una relación más duradera y sólida. En este tenor, urge la elaboración de una ‘política nacional hacia China’ por parte de todas las fuerzas políticas mexicanas”, advierte el académico UNAM.

En la misma senda, Dorotea López Giral afirma que los resultados de las elecciones del 6 de junio - en que su coalición Morena perdió cerca de 50 escaños, de 253 que tenía en la Cámara de Diputados-   dejan ver un presidente un poco más debilitado y un miedo de que México pueda aislarse. “AMLO ha pedido perdón por la masacre en Torreón, destacando la relevancia de la cultura y la amistad y el apoyo [chino] en la crisis, pero no ha sido un activista en materia más económica en esta relación. En todo caso, parece inteligente buscar otros espacios que permitan fortalecer [al país]”, dice a AsiaLink.

“México ha malgastado 20 años llevando a China a la OMC, teniendo a China secuestrado con altas tarifas, tiempo en el que podría haber hecho tratos a un nivel más sofisticado y construyendo quizás las inversiones más interesantes con China en la región, pero no tienen la visión”, reclama la profesora Carol Wise.

Lo claro es que este giro, para muchos, representa la posibilidad para México de diversificarse de su dependencia, que en materia comercial supera al 80% con los Estados Unidos.

“Sin embargo, no es evidente que China busque apoyar a México en este proceso, lo que no implica que no lo considere un socio estratégico, a menos que las inversiones tengan intenciones no evidentes de beneficiar la matriz exportadora y productiva de México para ir fundamentando su proceso de separación.  Considero que Biden no ha dado señales distintas de las de su antecesor, por lo que no avizoro que México pueda fácilmente, y en tan corto plazo, modificar nada”, concluye la profesora López Giral.