"La cuestión metodológica es decir la verdad, y decir la verdad nada más”, fue la respuesta que dio el ministro argentino de Hacienda, Nicolás Dujovne, frente a los cuestionamientos de la oposición respecto a su estrategia para sincerar y luego reducir la deuda pública de Argentina, uno de los talones de Aquiles del país, que atraviesa un profundo y tormentoso periodo de ajustes macroeconómicos emprendidos por el gobierno del presidente Mauricio Macri.

La respuesta también tiene su qué, pues fue realizada ante los cuestionamientos del actual diputado kirchnerista, Axel Kicillof, quien fuera el antecesor en el cargo de Dujovne y a quien sindican como uno de los grandes responsables de la calamitosa situación económica de Argentina, legando una deuda pública sobre el PIB de 53,4%, y que además oscureció las cifras económicas, haciendo que el país navegara a ciegas durante años.

La anécdota muestra el tamaño del desafío de Dujovne, pues ha de cambiar completamente la orientación macroeconómica del país, algo que fue refrendado en las urnas en octubre, cuando el oficialismo recibió un fuerte respaldo en las elecciones legislativas. Los desafíos específicos particulares de Dujovne pueden ser sintetizados en la fórmula siguiente: asegurar una plataforma estable para los inversionistas a través de reformas a los mecanismos institucionales que contengan la inflación, el gasto público y la deuda fiscal. Y va en el camino correcto.

Para lograr sus desafíos, este economista de la Universidad de Buenos Aires y magíster en finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, definió una reforma tributaria tendiente a disminuir la carga impositiva de las empresas y a eliminar distorsiones que se producen por el actual método de gravamen a las ganancias, el que inhibe la declaración de activos y patrimonios, y por tanto la recaudación fiscal. Al mismo tiempo, llevó a cabo una política fiscal que contuvo el gasto público anual en el límite del 41% del PIB (nada menor, es verdad) y que iba a una velocidad de 13,2% de incremento anual entre 2012 y 2016, eliminando subsidios a los servicios e incrementando las tarifas de acuerdo con la inflación. Todo esto en un marco de la lucha antiinflacionaria, la que ha sido controlada con el endeudamiento externo y no por las emisiones del Banco Central.

Es decir, Dujovne está haciendo nada menos y nada más que devolver a Argentina a una política económica “normal”.

Y dado que Argentina está muy lejos de esa normalidad y a sabiendas de lo difícil que es enmendar el rumbo de un país grande y de difícil manejo político, AméricaEconomía decidió reconocer a Nicolás Dujovne como el ministro de Finanzas del año. Un ministro con un currículum interesante, pues cuenta con experiencia en el sector financiero y público, en tanto trabajó por diez años como economista jefe del Banco de Galicia, habiendo sido en los 90’ asesor jefe de Hacienda y su representante ante el Banco Central.

Según el Banco Mundial, Argentina creció 2,7% en 2017, cifra modesta pero que revierte la tendencia de estancamiento de años anteriores, con un promedio de crecimiento entre 2011 y 2016 de 0,9%, y considerando además que el crecimiento esperado en 2018 será de 3,2%. La inflación anual también disminuyó de 36% a 22% entre 2016 y 2017 según el Banco Central de Argentina, y aunque sigue siendo altísima (la segunda mayor de la región luego de Venezuela), es casi la mitad de lo que había; y, además es un número confiable, como no lo fue durante la administración del kirchnerismo.

No obstante, los datos macroeconómicos no siempre son un reflejo fiel de la gestión de un ministro, pues ocultan acciones políticas clave como para que las cosas resulten y tienen además elementos que no pueden ser controlados. Hay que tener en consideración que Dujovne tuvo la difícil misión de reemplazar a Alfonso Prat-Gay en la administración Macri, quien realizó las reformas macroeconómicas más duras, como poner fin a varios subsidios, en especial a la energía y el transporte, cuyo retiro tuvo un impacto social muy negativo, y la eliminación del cepo cambiario, que distorsionaba los mercados de importaciones y exportaciones.

Es decir, Dujovne ha navegado en aguas políticas turbulentas, en las mismas que sucumbió su antecesor Prat-Gay, dadas las diferencias de éste con el propio Macri. No obstante, Dujovne supo manejar bien su relación con el presidente argentino y eligió bien sus batallas. Así, en enero de 2017, como flamante ministro, anunció la eliminación de impuestos innecesarios y distorsivos, y en octubre ya presentó una reforma fiscal que contempla reducir la tasa impositiva corporativa de empresas nacionales y extranjeras de 35% a 25% en cuatro años a un Congreso que –dada la victoria política y electoral del macrismo– será muy probablemente favorable a tal iniciativa. Un avance para un país que cuenta con altísimos gravámenes, tomando en consideración que el promedio de América Latina de la tasa impositiva corporativa está en el 28% y el global en un 24%, según destacan varios informes de 2017 del Ministerio de Hacienda Argentino para la reforma tributaria.

Además, el ministro argentino seguramente logrará pasar en el Congreso una iniciativa que, a partir de 2018, permitiráa personas y empresas tributar por las ganancias obtenidas sobre la base de sus patrimonios reales y ajustados a la inflación, y no como ahora que se está pagando a las arcas fiscales un impuesto sobre las ganancias ficcionalmente aumentadas por la inflación, lo que genera la elusión por parte de los contribuyentes. Este cambio promueve la transparencia en las declaraciones de renta, pues implica un tributo razonable y es la puerta de entrada a créditos, los que estaban antes negados por ausencia de información clara.

En cuanto al sector exportador, Dujovne eliminó la anticuada obligación de los exportadores de liquidar sus divisas y convertirlas en pesos argentinos en un período máximo de 15 días desde que eran obtenidas, una norma que regía desde 1964 y que es un obstáculo para la competitividad y flexibilidad financiera de las empresas.

¿Resultados más concretos? Argentina logró un incremento de 31% en el ingreso fiscal interanual a noviembre de 2017, un alza de la inversión de 7,7% interanual y un crecimiento del 9,1% interanual de las importaciones en el segundo trimestre de 2017.

El nudo gordiano de la deuda

Aunque no se observan mayores fisuras en la administración de Dujovne, la deuda pública sigue siendo el talón de Aquiles de cualquier ministro argentino. Para muchos, disminuir la inflación y mantener el gasto social al punto que se evite la conflictividad social es una ecuación que siempre impacta en la deuda. Y esta sigue en alza, tanto en términos brutos (US$ 307.295 millones) como en proporción al PIB (56%).

La estrategia, según el analista político de CATO Institute, Juan Carlos Hidalgo, pasa por arreglar con los acreedores externos y entrar al mercado internacional para sustituir el financiamiento inflacionario por endeudamiento externo. “De esta forma, podría bajar la inflación para dar mayor margen de maniobra y controlar las demandas salariales del sector público, pero todavía no se ha logrado”, dice Hidalgo. “Argentina está endeudada hacia afuera, pero la inflación sigue alta y las demandas salariales ponen presión de la calle. Veremos si con este Congreso va a contar con la voluntad de atacar de lleno el tema del gasto para no entrar en un default como en 2001 con esta deuda insostenible”.

¿Lo logrará Argentina? No se sabe aún, pero al menos las calificadoras de riesgo han subido la calificación de Argentina en este 2017, dándole un voto de confianza.