La ministra de Hacienda Lea Giménez es un símbolo del boom económico paraguayo: incipiente, novedoso y prometedor. Por eso califica en este listado de escoltas, pese que lleva muy poco tiempo en el cargo, pues asumió recién en junio de 2017.

Duarte es la primera mujer en sentarse en el más alto cargo de Hacienda del país, y, a pesar de su juventud (36 años), tiene un importante bagaje profesional, al haber ejercido como consultora internacional y economista del Banco Mundial y como viceministra de la cartera que ostenta.

El Paraguay que debe conducir Giménez es uno de los países de la región que muestra mayor dinamismo en el crecimiento económico, con un 3,9% en promedio de los últimos cuatro años según el Banco Mundial. Este movimiento avanza con una política fiscal sólida, resultado de la implementación de la Ley de Responsabilidad Fiscal que desde 2015 impone como tope de déficit fiscal un 1,5% del PIB.

Por eso, buena parte de su corta gestión ha sido mantener a raya la deuda pública, la cual está en torno a 25,7% del PIB durante 2017, y muy por debajo del promedio latinoamericano (42,8%). Un logro, si además se considera que se ha conseguido una inversión pública que en 2017 alcanzó los US$ 1.053 millones, lo cual representa una cifra histórica para Paraguay, y con la cual se financian planes de inversión en infraestructura física, construcción de viviendas sociales, líneas de transmisión eléctrica y en el tendido y mantenimiento de rutas.

Tal vez lo anterior no sea exactamente mérito de Giménez, por lo que la nueva ministra, para aspirar a ser la primera ministra mujer de Hacienda del año, debe hacer algo más que no equivocarse y apretar la billetera, pues los desafíos de Paraguay son grandes: superar la excesiva dependencia de la industria agropecuaria y enfrentar la vulnerabilidad del país en materia de cambio climático, invirtiendo en infraestructura productiva y civil. Además, de reforzar la institucionalidad para mejorar el imperio de la ley y promover la transparencia fiscal para atacar la pobreza y la desigualdad de ingresos.

No obstante, pese a que lleva poco tiempo como para evaluarla en tamaños desafíos, es interesante ver cómo ha enfrentado sus primeras pulseadas, como cuando debió enfrentar fuertes presiones por nuevos subsidios y condonaciones de deuda por parte del sector agropecuario. Entonces, Giménez rechazó las demandas argumentando la falta de recursos estatales, pero ofreció una alternativa en el que los agricultores podrán tomar nuevos créditos junto con una orientación financiera para ejecutarlos eficientemente.

Por otro lado, si algo novedoso y fuera de libreto ha debido enfrentar, ha sido contener los efectos del cambio climático en Paraguay –inundaciones y sequía en periodos desacostumbrados– que han afectado la producción agropecuaria. Al respecto, Giménez ha respaldado los planes de infraestructura física que servirán para paliar los efectos del cambio climático, pese a que están fuera de presupuesto.

No obstante, a pesar de estos números positivos y avances en materia social, en especial en cuanto a la reducción de la pobreza, todavía es pronto para cantar victoria. Paraguay depende del entorno externo, especialmente de Brasil, Argentina y Rusia, que entre los tres reciben más del 50% de las exportaciones del país. Tampoco se puede decir que sea una plataforma atractiva para que privados extranjeros inviertan, porque aún faltan reformas que impulsen la transparencia, la productividad y la competitividad de una matriz productiva más diversificada. Estos dos ámbitos se ven difíciles de resolverse en este período gubernamental, por la cercanía de las elecciones generales en abril de 2018.