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Tierra fértil: México se consolida como paraíso fintech

En los últimos años, México ha sido el destino preferido por muchas fintechs latinoamericanas y globales para abrir expandir sus operaciones. Características como el gran tamaño de su mercado, su alto porcentaje de desbancarizados, la cercanía con la mayor economía global, Estados Unidos, y las reglas claras impuestas por la Ley Fintech, lo han convertido en un caldo de cultivo perfecto para el florecimiento de la industria de tecnología financiera.
Lunes, 12/07/2021 Sol Park

La fintech de créditos con garantía, Creditas, ya era una de las startups financieras más grandes de Brasil cuando comenzó su despliegue en México. La compañía fundada en 2012 alcanzó el estatus de unicornio al ser valorada en US$ 1.750 millones a inicios de diciembre de 2020 con la inversión de fondos como SoftBank, Kaszek Ventures, LGT Lightstone y Tarsadia Capital. Con esta ronda series-E, la startup se convirtió en una de las fintechs más capitalizadas de América Latina, con US$ 570 millones recaudados en cinco rondas de inversión.

Durante el tercer trimestre de 2020, el portafolio de créditos de la compañía alcanzó aproximadamente US$ 207 millones, casi el doble que el mismo periodo de 2019. Además, Creditas finalizó el trimestre con un mes de septiembre récord en ingresos de US$ 6,05 millones.

Pese a ser una empresa establecida en Brasil y sus pares nacionales son famosas por no emprender más allá de sus fronteras, Creditas decidió explorar nuevos mares y entregar su gama de productos de crédito con garantía hipotecaria, préstamo con garantía de auto, financiamiento de auto y préstamos de nómina. 

“En Brasil tenemos muchos años trabajando y más de 2.000 colaboradores. En México, realmente hemos construido la compañía prácticamente de cero”, dice Sofía González, jefa de operaciones de Creditas en México. “Entonces, vivimos retos internos, de capitalizar lo que hemos encontrado, aumentar nuestro equipo operativo, llegar a otros segmentos y ubicaciones del país y, al mismo tiempo, manejar estas dos velocidades de crecimiento”, añade.

Además, sus planes de expansión coincidieron con la pandemia, por lo que la startup no solo tuvo que levantar la compañía en un país extranjero, adaptarse a su idioma, a sus usuarios, trabajadores y regulación, sino también hacerlo de forma completamente remota.

Pero Creditas no fue la única fintech latinoamericana que decidió arribar al país norteamericano. De los 25 mayores emprendimientos financieros de la región identificados en el informe 2020 Latam Fintech Report de KoreFusion, ocho son mexicanos, seis tienen operaciones en el país y dos han anunciado planes de expansión allí. Además, startups de otros continentes también están comenzando a tantear terreno mexicano. Por ejemplo, la plataforma de comercio de criptomonedas de Estados Unidos, Coinbase, llegó a México en marzo de 2019, mientras que neobanco inglés Revolut abrió la convocatoria para contratar su jefe de operaciones en México.

¿Y valió la pena la apuesta? Los números no mienten: en menos de un año, Creditas tiene el portafolio completo de productos en México y González adelanta que la compañía podrá crecer de manera significativamente igual que lo han hecho en Brasil. Otras startups de tecnología financiera que entraron al país también están experimentando crecimientos acelerados, como la plataforma chilena de inversión en fondos mutuos, Fintual, que recién debutó en México y está creciendo más rápido en este país de lo que hizo en Chile en la misma etapa de crecimiento. Solo en el último mes, su capital administrado aumentó en 60%. Por su parte, la plataforma de gestión financiera personal Ualá ha conseguido emitir más de 100.000 tarjetas en cinco meses desde su lanzamiento en México a finales de 2020 y suma entre 1.000 a 2.000 mexicanos al día.

Por otra parte, la entrada de estos nuevos actores “sin duda ha incrementando no solamente la competencia, pero, más importante, la competitividad dentro del sector financiero, ya que está obligando a las instituciones tradicionales a acelerar su proceso de digitalización”, dice Luis Barrios, miembro del consejo de la Asociación Fintech en México y fundador de Arkangeles.com, una plataforma de fondeo colectivo mexicano que permite invertir en activos alternativos como startups. “Cuando existe abundancia de productos y servicios y reduces el control de oligopolios, incrementas más y mejor ofertas accesibles para la población”, añade.

Fallas estructurales

Tener un mercado grande y cercano a la mayor economía global, Estados Unidos, es una característica que cualquier compañía busca al momento planear su expansión por América Latina. Pero, para las fintechs latinoamericanas, México representa una oportunidad particularmente valiosa.

No solo es el segundo país con mayor número de habitantes en la región, con 127,6 millones, solo superado por Brasil, sino que es uno de los países con población no bancarizada más grande del mundo (63%) junto a Marruecos (71%), Vietnam (69%), Egipto (67%) y Filipinas (66%), según la investigación británica Merchant Machine, La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, por otro lado, dice que el 53% de los adultos del país carece de una cuenta bancaria y siete de cada 10 no tiene acceso al crédito.

El acceso a la economía formal es mucho menor en México para las mujeres. Mientras que el 48% de los hombres están incluidos en el sistema financiero, las mujeres lo hacen en 46%, una cifra menor que el promedio de América Latina y el Caribe (52%) y mucho más baja que Europa (94%).

Esta realidad ha creado una cultura dependiente al dinero en efectivo que, según Pierpaolo Barbieri, el fundador de Ualá, niega a los consumidores su entrada a la economía digital. Es decir, no pueden crear una historia crediticia, por lo que no tienen acceso a préstamos, tampoco acceder a productos de ahorro, seguros o de inversión. Además, están condenados a pagar sus servicios yendo a lugares físicos. Pese a la disminución de siete puntos porcentuales en el uso de efectivo por la pandemia, de acuerdo con un estudio de Banco de México, el 86% de los consultados todavía recurren a este medio de pago.

“Los servicios financieros en México son fantásticos si eres hombre y de clase media alta. Pero si eres pobre y no un hombre, estás excluido del sistema”, dice Barbieri. “Creemos que los productos digitales como Ualá pueden ayudar a romper la lógica de exclusión. Nos convencía mucho esa oportunidad en México y empezamos a trabajar en nuestra expansión en 2018 y lanzamos en octubre de 2020 en medio de la pandemia”, agrega.

Por otro lado, el emprendedor argentino observa que “México es una de las economías grandes de Latinoamérica que es la más rezagada en bancarización. Sin embargo, tanto México, Brasil y Argentina tienen algunas de las entidades que más dinero ganan en el mundo, en remuneración de capital y en retorno de inversión”.

Luis Barrios también destaca que, por ejemplo, solamente 1,1 millones de terminales bancarias están instaladas, pese existen 95 millones de tarjetas activas en México y más de 5 millones de comercios registrados. “Claramente, hay una laguna muy grande que las instituciones financieras tradicionales no han podido cubrir, al crecer solamente 7% u 8% al año con su huella de terminales punto de venta. Aquí también hay una gran oportunidad para startups como Clip, Kiwi y otros jugadores”, dice.

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La precaria bancarización de los mexicanos es un arma de doble filo. Mientras representa un enorme mercado oportuno para las fintechs que buscan apuntar a esta población desatendida, este factor también significa que tienen que enfrentarse a esta misma población con baja experiencia y educación financiera, desconfiada de las instituciones y reacia a entrar a la economía formal.

“Una de las razones es el temor a la regulación fiscal y tener que pagar impuestos. Otro, es el tema de la accesibilidad: es muy difícil entrar a una sucursal bancaria tradicional, cumplir con la cantidad de requisitos complejos para abrir una cuenta, tener el saldo mínimo y una serie de otros requerimientos”, explica Pamela Soto, fundadora de Legal Project, la firma legal especializada en la industria financiera. “Las fintechs llegaron a romper esta barrera y a brindar accesibilidad con tecnología, a localidades más alejadas, sin requisitos tan estrictos y mayor flexibilidad”, añade.

Justamente, la combinación entre la tecnología y la atención de las necesidades del cliente son claves en el modelo por el que han optado las fintechs consultadas para este reportaje. Por ejemplo, la plataforma de inversión en fondo mutuo, Fintual no solo disminuyó la comisión al 1%, cuando el mercado tradicional cobra entre 4% al 6% de las inversiones, y ofrece inversión a cualquier persona en México sin limitar con un mínimo de ahorro, sino también busca que la aplicación sea una solución simple y amigable para el usuario, sin necesidad de conocimiento y experiencia financiera previa.

Por ejemplo, la startup chilena provee asesoría automatizada de inversiones basada en algoritmos de planificación financiera según los perfiles de los inversionistas y sus objetivos, totalmente de forma remota a través de un celular o un computador. Además, en México, Fintual fue la primera compañía asesora de inversiones en recibir el permiso para realizar los procesos de contratación del producto y servicio financiero financiero de forma 100% remota, también conocido como onboarding digital

“Es un onboarding extremadamente largo, porque tenemos que entrevistar al cliente en vivo, hacer una prueba de vida y pedir muchísima información. Pero, siempre cumpliendo con la ley y las normas que nos rige, lo estamos haciendo más amigable para el cliente y construir el perfil de usuario, verificar y autentificar, como también firmar los contratos de forma completamente digital, quizás automatizando algunas cosas para que ellos no tengan que escribirlas”, dice Jessica Guzmán, encargada de producto de Fintual en México.

Pero las fintechs internacionales se enfrentan a un desafío adicional, que es la famosa tropicalización. Es decir, traducir la operación de la compañía y sus productos y servicios a la cultura mexicana. Además –recordemos– en un escenario de pandemia global que ha confinado a todos los emprendedores, trabajadores y usuarios en sus casas.

En el caso de Creditas, la diferencia más evidente fue el idioma. En las reuniones, Sofía González explica que se comunican en español, portugués, portuñol e inglés, entre personas contratadas de manera remota y sin oportunidad de conocer las nuevas oficinas o estar en las calles de México para comenzar a vender sus productos.

Pierpaolo Barbieri también concuerda en esta diferencia cultural. Por ejemplo, en México, Ualá tuvo que sumar puntos de retiro de efectivo en todos los lugares donde se puede depositar en la cuenta de la billetera digital, además de los cajeros automáticos. Esto no fue una necesidad en Argentina, pero en el país norteamericano fue imprescindible porque “culturalmente vimos que los mexicanos buscan la confianza de retirar dinero si lo necesitan. Aunque, curiosamente, esta posibilidad hacía que retiraran menos, quieren saber que existe la opción”, dice.

González afirma que las fintechs que desean entrar a otro país deben tener en cuenta que los productos ofrecidos son distintos. Por ejemplo, en Brasil existe el concepto de overdrop, un cheque especial donde los usuarios pueden ir a negativo en su cuenta de ahorro, mientras que en México todos deben tener acceso a crédito para poder gastar más que sus ahorros o tener acceso a más efectivo.

“Al final, no creemos que existe el copy paste. Los mexicanos no son iguales a los brasileños y sus retos son distintos. Pero tenemos los mismos problemas y no solo en México y Brasil, sino que en toda América Latina y otros lugares del mundo”, explica la ejecutiva. “Entonces, nuestra idea es resolver problemas similares y creemos que un cliente, tanto en México como en Brasil, tiene poco acceso a una solución óptima de crédito y sigue endeudado”, añade.

Reglas claras

“México es muy interesante, porque no es tan fácil establecer una empresa porque la regulación es compleja y debes cumplir con muchos requisitos para obtener una licencia, pero eso también genera certeza a los inversionistas, a las empresas y a los clientes”, dice Pamela Soto. De hecho, todos los entrevistados para este reportaje concuerdan no solo en la severidad de las normas, sino también en la necesidad de estas.

Por ejemplo, en el caso de fintechs que ingresan de otro país, varias buscan comprar una institución que ya tenga la licencia para operar o se alían a esa entidad, ya que el proceso de ser una compañía regulada puede durar varios años.

Así, Fintual decidió entrar al país con Invermérica, una institución financiera tradicional que ya cuenta con la licencia del regulador y está en el proceso de ser adquirida por la startup. Por su parte, Ualá es un comisionista y prestador de servicios de UnDosTres, una institución de fondos de pago electrónico (IFPE), en proceso de obtener su licencia.

Por otra parte, en México existe la Ley de Tecnología Financiera, o más conocida como Ley Fintech, algo que ningún otro país de la región tiene. El marco regulatorio controla primordialmente dos tipos de entidades: las instituciones de fondos de pagos electrónicos (IFPE), como billeteras digitales o plataformas que permiten hacer pagos digitalizados, a tener saldo, o que ofrezcan tarjeta digital o física; y a las instituciones de financiamiento colectivo (IFC), o también llamados plataformas de crowdfunding.

De esta manera, si antes los emprendedores se encontraban en una zona gris o actuaban según un marco regulatorio que se pareciera a su oferta (ya que no existía ninguno), pudieron comenzar a ofrecer sus servicios de manera regulada. En el caso de las billeteras digitales, comenzaron a poder ofrecer servicios de manera totalmente digital, sin sucursal, sin personas físicas, sino hacerlo a través de las plataformas (algo que no era ilícito, pero no estaba regulado).

“En México hay una ley marco que está hecha por el Congreso, entonces tiene un nivel de certeza mucho mayor. Te guste o no, ya está la ley y es muy difícil de cambiar”, dice Pierpaolo Barbieri. “En otros países que no tienen esta ley, hay incertidumbre de qué pasa si viene el Banco Central a cambiar sus normas o el congreso saca una ley y finalmente el modelo de la compañía ya no funciona”, concuerda María Ancira, legal counsel de Fintual México.

¿Reglas claras?

Las fintechs consultadas son enfáticas en afirmar que la regulación es más que necesaria para proteger el sistema de agentes con intenciones malignas y mantener el orden, por lo que la Ley Fintech mexicana fue un añadido esencial para el cumplimiento de este objetivo. Pero existen puntos críticos del marco legal actual que podrían ser mejorados para promover la innovación de la industria, como también disminuir las brechas de bancarización del país.

Por ejemplo, Luis Barrios, de Arkangeles.com, dice que la ley debe avanzar para “reducir la asimetría regulatoria entre el sector tradicional y la Ley Fintech, ampliar los límites de captación, procesos tecnológicos, simplificar el ingreso de nuevos accionistas que entorpecen la capitalización de las mismas para crecer y mantener operaciones, entre otros”.

Por otra parte, el universo fintech es mucho más que dos verticales. De hecho, la ley local hacía mención a las criptomonedas y su uso por las instituciones de fondos de pagos electrónicos y de financiamiento colectivo. El Banco de México debía emitir en 2019 las disposiciones respecto a qué reglas tendrían que cumplir estas entidades para hacer uso de los activos virtuales. Pero esa fecha caducó y el organismo publicó que las entidades financieras no pueden hacer uso de las criptomonedas para sus clientes, sino solamente para operaciones internas.

“Actualmente, una criptomoneda es un producto mercantil, como un lápiz o un zapato, y no tiene la validez de una moneda, como el peso o dólar, y no está avalado por el Banco de México”, explica Pamela Soto, de Legal Project. “Entonces, las criptomonedas y la tecnología blockchain no son ilícitas, las personas lo pueden utilizar, pero no hay un marco regulatorio que ponga las reglas de cómo hacerlo, por lo que todavía hay incertidumbre de cómo cumplir con estas operaciones”, añade.

Las plataformas de inversión como Fintual tampoco están dentro del marco de la Ley Fintech, por lo no pueden gozar de ciertas flexibilidades que ofrece la ley a sus pares. Por ejemplo, las IFPE tienen la posibilidad de ir obteniendo diferentes acreditaciones de cumplimiento de requisitos, según el nivel de riesgo de cada servicio prestado. En el caso de Fintual, al estar regulado por las leyes tradicionales, automáticamente se le aplica el nivel máximo de escrutinio, independientemente de la magnitud de operación financiera de la compañía.

María Ancira, de Fintual, afirma que, pese a que las autoridades han avanzado en el proyecto regulatorio para mejorar la eficiencia de los servicios financieros digitales por la pandemia, todavía no son capaces de ajustarse a las nuevas tecnologías. Pese a que Fintual obtuvo la licencia para realizar onboarding digital, el proceso todavía es muy largo por los requisitos que debe cumplir y porque la regulación no permite utilizar tecnologías más eficientes y seguras, como la identificación biométrica de usuarios o permitir que el cliente grabe un vídeo en vez de estar en una entrevista en vivo. Mientras que en Chile, el promedio es de cinco minutos, un cliente en México puede tardar hasta 15 minutos.

“El regulador busca proteger al mercado y usuarios y en Fintual siempre queremos cooperar dentro del marco regulatorio. Pero sí creemos que falta cierta flexibilidad, de tomar en cuenta los avances tecnológicos, dar más discrecionalidad al ente regulador y, con esto, poder hacer más eficiente y amigable el servicio”, dice la experta legal.