Le Bourget, Francia. Airbus se apuntó este lunes nuevos éxitos comerciales de los que no dudaron en felicitarse los cuatro países socios del fabricante aeronáutico europeo, en plena discusión para el reparto entre ellos del trabajo en la nueva y prometedora versión de su familia de aviones más vendida, la del A320.

Airbus firmó este lunes tres grandes contratos de venta coincidiendo con la primera jornada del Salón Aeronáutico y del Espacio de Le Bourget, al norte de París, donde se reunieron los responsables gubernamentales de Francia, Alemania, España y Reino Unido para este sector industrial que, en contra del panorama general de crisis en Europa, presenta un envidiable estado de salud.

La principal filial de EADS vendió cien aviones de su familia de un solo pasillo A320 a la compañía alemana Lufthansa, un pedido que a precio de catálogo ronda los US$10.000 millones.

Además, la compañía de alquiler con opción de compra Doric suscribió un memorándum de entendimiento para adquirir una veintena de unidades del modelo gigante A380, cuyo precio unitario de catálogo es de US$403,9 millones.

Otra compañía de "leasing", ILFC (la mayor del mundo), le encargó medio centenar de unidades de la futura versión de sus aeronaves de un solo pasillo, los A320neo, valorados cada uno en unos US$100 millones.

El A320neo y más particularmente su futura planta de ensamblaje final es objeto de una negociación confidencial, como reconoció la secretaria de Estado alemana de Economía y Tecnología, Anne Ruth Herkes, cuyo país aspira a quedarse con esa parte trascendental del proceso productivo.

Herkes, en conferencia de prensa en Le Bourget junto a sus homólogos de Francia, España y Reino Unido, no quiso entrar en el contenido de esas conversaciones y se limitó a indicar que "estamos en la trayectoria final".

A preguntas de los periodistas, implícitamente admitió que su Ejecutivo tiene congelada desde octubre pasado una subvención de 600 millones de euros al programa del A350 de Airbus en espera de "garantías" sobre los elementos de fabricación y de investigación con los que Alemania se quedará en el A320neo.

El titular francés de Transportes, Frédéric Cuvillier, en cuyo país se ensamblan actualmente los A320 en las instalaciones que Airbus tiene en Toulouse (sur), se esforzó en quitar hierro a las disputas con Alemania por hacerse con las fases clave de la producción de la versión "neo" de esas aeronaves, que gracias a sus motores y a sus dispositivos en las alas consumirán 15% menos de carburante que su versión actual.

"Hay que intentar el acuerdo más equilibrado posible", subrayó Cuvillier, que se negó "a comentar públicamente discusiones que están en marcha", estimó "legítimo" que Berlín pretenda obtener garantías por sus inversiones, y puso el acento en que los cuatro países socios del constructor aeronáutico europeo están "en una lógica de reparto, de cooperación" y no "de división".

En una línea similar, el secretario general español de Industria, Luis Valero, consideró que no hay motivo para preocuparse, que este proceso es habitual como se ha podido comprobar en la historia de Airbus, de la que -como sus otros tres colegas- destacó su carácter exitoso en las dimensiones tecnológica, industrial y comercial.

Valero hizo notar como dos grandes novedades de Airbus en esta quincuagésima edición del Salón de Le Bourget el primer vuelo del A350 el pasado viernes en Toulouse y las exhibiciones del avión de transporte militar A400M, del que se entregará en los próximos días la primera unidad al Ejército francés, el cliente que lo estrenará, y cuya cadena de montaje final se encuentra en Sevilla.

Los cuatro representantes gubernamentales aludieron a la preocupación de Airbus por las implicaciones de las obligaciones europeas sobre las cuotas de emisiones para la aviación e insistieron en que es una cuestión que debe tratarse en un marco global.

En concreto, esperan que se conforme un reglamento a escala mundial en la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), que celebra su asamblea general en otoño.

La Comisión Europea ha decidido aplazar las obligaciones que pretende imponer a las aerolíneas que operan en la UE hasta la celebración de esa asamblea general para no perjudicar a la industria aeronáutica del Viejo Continente, y en primer lugar a Airbus.