Río de Janeiro. Brasil plantea incentivar las visitas a sus parques nacionales, lo que representaría ingresos por 1,8 billones de reales (unos US$800 millones) al año a partir de 2016, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), sobre las unidades de conservación brasileñas.

En 2016, cuando la ciudad de Río de Janeiro organizará los Juegos Olímpicos, estas unidades de conservación inyectarían hasta 2,2 billones de reales (unos US$1.000 millones) a las arcas públicas. Sin embargo, estos beneficios para las asociaciones y la generación de renta en las poblaciones del entorno, sólo llegarán a esos niveles si hay una importante inversión en áreas protegidas.

Entre 2001 y 2010, los recursos destinados anualmente a cada estado con unidades de conservación sigue siendo el mismo (cerca de 300 millones de reales, US$135 millones), pero en el mismo período el área total protegida aumentó 83,5%.

Ello significa que la inversión del gobierno brasileño por hectárea conservada disminuyó en 40% desde principios de la década pasada.

Parte de estos recursos destinados a la compensación ambiental son pagados por las grandes empresas, para mitigar los impactos que provocarán en el medio ambiente.

Entre enero y junio de este año, esta situación dejó 33,4 millones de reales (US$15 millones) a los parques nacionales de Brasil.

El país es reconocido por su dedicación a la Convención sobre Diversidad Ecológica, un acuerdo internacional para reducir la pérdida de la biodiversidad. Entre 2003 y 2008, Brasil concentró el 74% de todas las áreas protegidas creadas en el mundo.

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"Aumentó el porcentaje de áreas protegidas, pero no los recursos", lamenta Roberto Vizentin, presidente del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio).

"Necesitamos un mayor presupuesto y una gestión que cuente con otras fuentes para su propio sustento, como los proyectos de cooperación internacional", añade.

El fundador y presidente del ICMBio entre 2007 y 2008, el biólogo Joao Paulo Capobianco asegura que "se puede contar con los dedos" cuántos parques nacionales contribuyen a la generación de ingresos en las ciudades vecinas.

"Es una locura ver que este objetivo no se cumple debido a que algunas áreas protegidas están cerradas al público", lamenta Capobianco.

Además de no generar una visita potencial, se crea una enemistad con las ciudades vecinas, que ven a los parques como un bien innecesario.

De acuerdo con la misma información del PNUMA, Brasil invirtió en 2010 alrededor de cuatro reales por cada hectárea de sus unidades de conservación. Mucho menos que Sudáfrica (US$30) y los Estados Unidos (US$70).

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En 2000, Brasil tenía un empleado por cada 18,6 mil hectáreas protegidas. En Sudáfrica, esta proporción es un trabajador por cada 1,1 mil hectáreas, y en los Estados Unidos, uno por cada 2,1 mil hectáreas. El ICMBio atribuye la falta de personal al elevado número de jubilaciones.

El instituto señala que el número de visitantes a los parques está creciendo en un promedio del 10% por año, trayendo beneficios a las economías regionales.

También de acuerdo con el instituto, el aumento de turistas es aún más importante este año, resultado de la Jornada Mundial de la Juventud, y el próximo año por la Copa Mundial de Futbol.

Vinicius Lummertz, secretario nacional de Política Turística del Ministerio de Turismo, dice que "los grandes eventos darán visibilidad al mercado turístico" y asegura que los parques con mayor inversión son aquellos que están concesionados. En Estados Unidos, por ejemplo, estos aportan US$155 billones, "son un negocio".

"Aquí todavía estamos aprendiendo. El Parque de Tijuca ya recibe 50 millones de reales (US$21 millones) a través de la iniciativa privada. Siguiendo este camino, no necesitamos destinar al sector turístico los recursos que podrían ir a la educación o la salud", explica Lummertz.

El co-autor del informe del PNUMA, Carlos Eduardo Young, cree que, a pesar de la falta de recursos y el escaso número de visitantes en la mayoría de las unidades, los parques valen la pena.

"Protegemos un local, pero nos olvidamos de invertir en él", dice Young, profesor en el Instituto de Economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

"El público está interesado solamente en atracciones específicas, como las Cascadas de Iguazú. Pero creo que estas áreas protegidas sirven al menos para conservar la biodiversidad y preservar la zona alrededor de los ríos. Sin un parque como el Tijuca, por ejemplo, tendríamos anualmente grandes pérdidas en Río", concluyó.