Sao Paulo. Los jefes de empresas de Brasil se dirigen a toda velocidad hacia las elecciones presidenciales de octubre, confiados en que el ruido político y los vaivenes del mercado de campañas pasadas no se repetirán.

Sin embargo, los escépticos afirman que los que piensan eso podrían encontrarse con una sorpresa.

Empresas siderúrgicas, de bienes de consumo y de servicios financieros están contratando e invirtiendo a un ritmo récord, convencidas de que los dos precandidatos con mayor número de intenciones de voto no traerán cambios abruptos en política económica.

Pero sus planes para una mayor intervención estatal en el sector privado, menores tasas de interés y una moneda más débil podrían dificultar la estabilidad económica conseguida con gran esfuerzo.

Enormes hallazgos de petróleo, una rápida recuperación económica y la popularidad en niveles récord del presidente Luiz Inácio Lula da Silva están alimentando un sentimiento de optimismo sin precedentes entre los directores de las principales compañías de Brasil.

El Banco Central prevé un crecimiento de 5,8% este año, la mayor expansión en un año electoral desde 1994.

"Prevemos una elección tranquila", dijo en un seminario reciente Roberto Setubal, presidente ejecutivo de Itaú Unibanco, el mayor banco no estatal de Brasil.

"La política económica en Brasil está bien implementada y no debería cambiar en los próximos años", agregó.

Elecciones. Sin embargo, economistas, entre los que figura el ex presidente del Banco Central Arminio Fraga han advertido que la comunidad empresarial, que galopa sobre el éxito económico de Brasil en años recientes, está tratando las elecciones como un no-evento, pese a riesgos potenciales.

Hay casi un consenso total respecto a que la jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, que es la precandidata del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), y el gobernador del estado de Sao Paulo, José Serra, no cambiarán el curso de las actuales políticas macroeconómicas de Lula.

Pero Rousseff está encabezando un plan para aumentar el control estatal del sector petrolero y se cree que apoya mayores regalías del sector minero.

Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), ha manifestado abiertamente su oposición a la autonomía total del Banco Central y ha señalado su apoyo a una moneda más débil.

"Es sorprendente cómo las empresas piensan que tanto Dilma como Serra son la continuación del modelo de Lula", dijo Luiz Carlos Mendonca de Barros, ex ministro que ahora administra la firma de inversiones Quest Investimentos, con sede en Sao Paulo.

No obstante, ambos precandidatos carecen de las habilidades de negociación de Lula, afirmó Barros.

Lula, un ex líder sindical que luchó contra la dictadura militar, evitó largas huelgas, contuvo la presión de grupos industriales y sofocó acciones radicales de personas sin tierra.

Las confrontaciones en aumento previamente al comienzo de las campañas políticas, marcadas por ataques intensos y retórica populista, podrían dañar a los mercados.

Las acciones brasileñas tradicionalmente retroceden en años de elecciones, en parte debido a que los comicios marcan el comienzo de ciclos de endurecimiento monetario.

"Nadie puede tomar ninguno de estos elementos como 100% positivos", afirmó Nick Morse, que ayuda a supervisar alrededor de 23.000 millones de dólares en activos de mercados emergentes en Schroeders, en Londres.

Fraga dijo el mes pasado en Nueva York que le preocupa que los inversores crean que Brasil es "perfecto".