El desierto de Atacama chileno alberga una de las mayores concentraciones de geoglifos del mundo, un valioso patrimonio arqueológico casi desconocido que corre peligro por el impacto de la minería y los “rallys” deportivos que se corren en el norte de Chile.

En la zona Chug-Chug, situada en la región de Antofagasta, a mil 600 kilómetros al norte de Santiago, hay cerca de 500 figuras repartidas por las laderas de los cerros.

Según el arqueólogo Gonzalo Pimentel, de la Fundación Desierto de Atacama, algunas figuras datan del año 1.000 antes de Cristo. La temática de los geoglifos, que alcanzan un tamaño de hasta 30 metros, es rica y variada. “Predominan las figuras geométricas y humanas.

El arqueológo señala que no hay una política integral de protección y por ello no se visualiza el valor de ese patrimonio.

Una de las amenazas a Chug-Chug es el yacimiento Quetena, de la minera estatal Codelco, la mayor productora mundial de cobre, cuya actividad puede dañar los geoglifos. Otras amenaza son los “rallys”, cuyos conductores pasan con sus vehículos encima de los geoglifos y los dañan, puntualiza.