Si usted no es argentino y tampoco vive en Argentina, más le vale tomar nota por si está interesado en comprar una propiedad en Buenos Aires.

Mayo de 2013 fue un mes convulsionado. Primero el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires dio a conocer un informe en donde establecía que las escrituras de compraventa habían caído 41,3% en el primer trimestre del año. De acuerdo a este informe, en los primeros tres meses se hicieron casi 6.500 escrituras por un monto de US$615 millones (a cambio oficial), lo que implicaba una caída en pesos del 39,1%.

Pero el mismo día otra noticia sacudía el sector: los departamentos de lujo de la ciudad cayeron entre 20% y 25%, lo que estaba captando el interés de extranjeros. Las unidades de un dormitorio en Palermo se anunciaban en US$150.000. A días de conocerse ambas noticias el gobierno decidió enviar al Congreso un proyecto de blanqueo de capitales, destinado a fomentar el mercado inmobiliario y el mercado energético.

El equipo económico -por primera vez en pleno- anunció la creación de dos instrumentos financieros: el Certificado de Depósitos para Inversión Inmobiliaria (Cedin) y el Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo Económico (Baade).

Según explicó la presidenta del Banco Central (BCRA), Mercedes Marcó del Pont (en la foto), las personas físicas o jurídicas que ingresen en el blanqueo deberán depositar las divisas no declaradas o transferirlas desde el exterior, y se les entregará un Cedin por ese monto. Además se espera que ingresen a la economía cerca de US$4.000 millones.

Ricardo Etchegaray, director de la Administración Fiscal de Ingresos Públicos (AFIP), dijo en un programa de televisión que en 2008 o 2009 se tomó una medida muy similar y que, fruto de ella, 32.000 personas físicas y casi 4.000 personas jurídicas blanquearon capitales por una suma de US$ 4.000 millones.

El optimismo del gobierno fue compartido por algunos y rechazado por otros, que lo consideran un reconocimiento implícito del fracaso de la pesificación del mercado inmobiliario, impulsada hace más de un año.

La Cámara Argentina de la Construcción, a través de su presidente, Gustavo Weiss, considera positiva la medida, pero con matices: “Sólo si el volumen del blanqueo es importante va a dinamizar el sector, en caso contrario la actividad se mantendrá igual”. Weiss aclara que “al sector le conviene que las operaciones estén pesificadas, porque el 100% de los costos de la construcción de un edificio son en pesos y no en dólares”. Lo único que pidieron las constructoras fue que los Cedin pudieran servir para adquirir viviendas “desde el pozo”.

El viceministro de Economía, Axel Kicillof, en entrevista a un medio radial, reivindicó la pesificación como “resultado natural de un país que anda, crece, funciona, crea empleo y tiene solidez en su planteo macroeconómico”. Para él estos instrumentos se enmarcan dentro de la heterodoxia, es decir, “de un libro nuevo que se está escribiendo, muchas veces sobre la marcha, con medidas creativas”.

¿MÁS QUE PÍLDORA?

Pero no todos compartieron su opinión. Miguel Braun, director ejecutivo de la Fundación Pensar (vinculada al opositor PRO), cree que esta medida refleja la desesperación del gobierno por la pérdida de reservas internacionales, la inflación creciente y el estancamiento de la inversión.

Y la causa es un cóctel explosivo de emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, pérdida de competitividad por la apreciación del tipo de cambio oficial y un pésimo clima de negocios: “Su impacto en la economía real va a ser marginal y de corto plazo. Lo que hace falta en Argentina es un plan económico integral que nos acerque al tipo de políticas que se están aplicando en nuestros vecinos”.

Agustín D’Atellis, economista de La Gran Makro (vinculada al oficialismo), reconoce el mal momento de estos dos sectores (energético e inmobiliario), pero lo atribuye a otros factores. “Argentina es uno de los países del mundo que tienen más stock de ahorros en divisas fuera del sistema”, afirma. Según los datos que maneja D’Atellis, esto responde a una “cuestión estructural”, que llevó a que en la década de los 90 se registrara una formación de activos externos por más de US$ 100.000 millones. De ahí la importancia de generar estos instrumentos, “que apuntan a solucionar el problema de la restricción externa en el caso de la inversión energética”. Pero aclara que tanto los Cedin como los Baade, no vienen a barrer con la idea de incentivar el ahorro en pesos y la generación de instrumentos de ahorro en moneda doméstica, “sino que se trata de una medida puntual para dos sectores que presentan necesidad de divisas”.

Otra cuestión que preocupa a los especialistas es el modo en que se reglamentará el Cedin. Según Martín Lousteau, ex ministro de Economía durante el primer mandato de Cristina Fernández, con estas medidas se corre riesgo de pasar de una política de perseguir a los evasores y a sus dineros probablemente mal habidos a “rogarles desesperadamente que los formalicen para contrarrestar el desplome del mercado inmobiliario”. Lousteau reconoce que el Cedin es atractivo, pero que tendrá que cumplir dos roles: “Aliviar el [dólar] blue y reactivar la construcción”. Los dólares blue podrían de este modo convertirse en Cedin.

Guido Sandleris, director del Centro de Investigación de Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, tiene una opinión similar. Para él, el proyecto de ley es demasiado difuso, “en el sentido de que deja prácticamente todo en manos del BCRA”, sin dejar claro “si los Cedin serán una moneda convertible o no”. El punto radica en la duración y profundidad del impacto en el mercado inmobiliario. Por el momento, cree, será muy limitado, “y va a durar tres meses”.

El blanqueo de 2009 aportó US$ 4.000 millones, recuerda Sandleris, “pero no tenías la obligación de canjearlos o traerlos a la Argentina, de hecho sólo US$ 100 millones ingresaron”. Por eso cree que, pese a las expectativas del gobierno, será menos exitoso que el anterior. “Va a cotizar cerca de lo que sea el dólar paralelo. La esperanza es que se transforme en una moneda para operaciones inmobiliarias, porque comprar dólares es imposible, y si va al paralelo es muy caro”.