Después de que las personas y las organizaciones hayan vivido un periodo de pandemia, en donde muchos han experimentado consecuencias psicológicas y emocionales, se ha empezado a tener más en consideración el bienestar mental. Un estudio realizado en Chile por Ipsos arrojó que un 62% de las personas encuestadas considera que la salud mental es el principal problema sanitario del país. 

La salud emocional no solo es algo que se tenga que inculcar en las empresas, sino que también se lleva a la vida privada, y esta va de la mano con la inteligencia emocional. La cual se trata de la capacidad que tiene el ser humano de entender, ser consciente, regular y guiar sus emociones y pensamientos, y no solo los de uno mismo, sino que también los de los demás. De este modo, si un líder cuenta con inteligencia emocional, logrará espacios de trabajo saludables, comunicativos y eficaces y así promover e impulsar el crecimiento de la empresa, ya que esto no está al alcance de las máquinas.

Dos claros ejemplos son el de Jacinta Arden, Primera ministra de Nueva Zelanda, y Rosa García, quien ha liderado compañías como Siemens España o Exolum. Ambas se han ganado el conocimiento popular por su gran manejo de la inteligencia emocional que las llevó al liderazgo, demostrando que se puede ser al mismo tiempo empática y fuerte y que hay una gran diferencia entre liderar con ella y sin ella.

De lo contrario, según la experta, cuando existe un líder que no cuenta con esta inteligencia y no sabe gestionar sus emociones, afecta a las personas que tiene a su cargo, lo que genera altas posibilidades de que se presente un clima hostil e incluso inseguro y conflictos laborales ante los cuales no tendrá las herramientas necesarias para hacerles frente y resolverlos de manera efectiva, lo que acaba implicando gastos a nivel humano y económicos.

Por lo que, para las organizaciones, es algo fundamental contar con líderes que estén capacitados para trabajar con un equipo, pero “no obstante, para que funcione, los colaboradores deben sentirse valorados y en sintonía con el rol que desempeñan, en este punto es donde la inteligencia emocional cobra un valor esencial”, afirma Florencia Anguita, psicóloga y consultora de Grupo Altea.

Y así se pudo observar en varios estudios llevados a cabo, uno realizado por la Universidad Warwick en Reino Unido declaró que los colaboradores felices rinden hasta un 12% más y, otro ejecutado por Randstad Chile, que son un 65% más motivados que los demás. Además, está comprobado que la inteligencia emocional retiene talento humano y eso reduce las pérdidas humanas y económicas, llevando a un potencial crecimiento de la organización.