El 13 de mayo pasado hombres de negro ingresaron en las oficinas de las grandes empresas petroleras europeas. Ocurrió simultáneamente en Londres, Ámsterdam y Oslo. El operativo conjunto de las autoridades financieras nacionales y de la Autoridad de Vigilancia de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés) fue la respuesta a “temores de que estas empresas pudieran estar coludidas en informar precios distorsionados”, según el comunicado difundido a continuación. 

Estos temores no son nuevos. Tal como sucedió con el escándalo LIBOR, los benchmarks o precios de referencia están sujetos a una regulación mínima. Ya el G20 había levantado dudas sobre la seguridad y fortaleza de este proceso en 2011, en particular respecto al rol de las agencias de información de precios (PRA, por sus sigla en inglés). 

“Hay tanto intermediario desde Rotterdam hasta los mercados de futuros en Londres, que se teme que haya formación fraudulenta de precios”, advierte Robert Tornabell, profesor de ESADE. Pero probarlo no es tan fácil. “A diferencia de los bancos, donde hay contratos y se sabe el tipo de interés, la comisión, el spread, el petróleo es mucho más complejo”. 

El operativo de la EFTA ha estado rodeado de misterio y no queda claro los que están en la mira de sus sospechas. ¿Son las petroleras, las agencias, que calculan y divulgan los precios de referencia, o los bancos de inversión que han asumido enormes posiciones en futuros y opciones?

¿Yo, maestro? En su trabajo Financiarizacion del Mercado del Petróleo, Bassam Fattouh y Lavan Mahadeva, del Oxford Institute for Energy Studies, señalan el aumento de “jugadores financieros sin interés en commodities físicos”, que se han vuelto actores más prominentes en futuros de petróleos y derivados. 

Los autores afirman que, pese a las sospechas, no encontraron evidencia de un rol significativo de la especulación financiera en los precios finales.

Otro trabajo, titulado La creciente interdependencia entre los mercados financieros y los mercados de materias primas, del economista de la UNCTAD Jörg Mayer, distingue entre el comportamiento dos tipos de inversionista: los operadores de índices, que siguen “estrategias pasivas y mediante posiciones largas”, y los money managers, mucho más oportunistas y volcados a maximizar retornos de corto plazo operando “a ambos lados del mercado”. Mayer concluye que los primeros tienden a tener mayor impacto en los precios de las materias primas agrícolas, mientras que los segundos tienen un “impacto causal” en los fuertes aumentos de precios de materias primas no agrícolas.

En el nudo del sistema está la agencia Platts, la principal PRA del mercado petrolero; fue fundada en 1909 y hoy es una filial de McGraw-Hill. AméricaEconomía visitó sus instalaciones en el Canary Wharf de Londres, donde voceros de la compañía señalaron que estaba “cooperando plenamente con la revisión, a pesar de que no se encontraba sujeta a ninguna investigación”. 

Las mismas fuentes señalaron que el sistema empleado por Platts se denomina Mercado al Cierre (MOC, por sus siglas en inglés), que permite reunir información y comprobar los datos gracias a una metodología a disposición del público en su página web. Estas evaluaciones también son públicas. 

Los “reporteros de precios” de Platts acopian información suministrada por traders, aerolíneas, bancos, productores, empresas petroquímicas, refinerías e incluso empresas de transporte, o sea, todos aquellos que compran petróleo o suscriben contratos con derivados. Se enfocan principalmente en los últimos 40 minutos del día hábil, de ahí el nombre (Market on Close). Los datos deben ser identificados por el nombre de la empresa que los suministra; deben moverse gradualmente y ser susceptibles de comprobación. La información que no cumpla con estas reglas no es considerada. 

Sin embargo, un artículo publicado por el Wall Street Journal poco después del operativo de la EFT muestra las vulnerabilidades del proceso. Un operador petrolero, identificado con nombre y apellido, reconoce utilizar una estrategia que consiste en vender pequeñas partidas de petróleo a pérdida, para incidir en el precio promedio informado por Platts. Eso le permite comprar más tarde petróleo a este menor precio, y capitalizar la diferencia. 

El operador (Halis Bektas, de la firma suiza Rixo International Trading) afirma que estas prácticas no son ilegales porque no implican colusión ni el reporte de precios falsos. Es una diferencia no menor si se compara con el escándalo LIBOR.

Regulator. Pero si estas prácticas no son ilegales ni eran un secreto para ningún actor del mercado, ¿por qué la Comisión Europea está investigando ahora a las grandes petroleras? 

Lo que les preocupa a las autoridades, y que no se ha podido probar, “son acuerdos de precios entre las petroleras y las refinerías”, señala Tornabell, de ESADE.

En este contexto se multiplican más las señales de que las autoridades reforzarán y endurecerán las regulaciones. Al igual que la LIBOR, la elaboración de precios de referencia del petróleo y otros commodities será regulada desde las oficinas de la Autoridad Europea de Valores (ESMA, por sus siglas en inglés) en París, incorporando responsabilidades legales y criminales.

Un experto en el mercado petrolero, que prefirió no ser identificado, señaló a AméricaEconomía que algunas PRA han manifestado ya su incomodidad y que estarían pensando dejar el mercado europeo. “Incluso quienes remiten precios a las PRA las pueden demandar si hay errores en los precios”, afirma.

Por ahora los “interrogatorios” de los discos duros de las petroleras permanecen en secreto. Pocos días después un operador de futuros de Chicago presentó una demanda contra las mismas tres compañías, acusándolas de colusión para manipular los precios del petróleo. ¿Oportunismo o sentido del deber?