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Carrera contra el reloj:

La compleja oportunidad para el

Oro blanco peruano

Tras el hallazgo que podría ser el más importante yacimiento de litio en el mundo, en Puno, en el Perú calientan motores para alcanzar el boom mundial de la electromovilidad. Pero, para sumarse, el país deberá antes sortear algunas barreras, como la promulgación de una imprescindible ley que permita la extracción del uranio que lo cubre, y esperar a que un beligerante y recién electo gobernador, Walter Aduviri, deje atrás su tirria contra los proyectos mineros. ¿Llegará Perú a tiempo?
Miércoles, 23/01/2019 Natalia Vera Ramírez

A 4.500 metros de altura, en la meseta de Macusani, en la región de Puno, al sur de Perú, los cintilómetros de los geólogos a cargo de la exploración del proyecto de uranio Macusani Yellowcake registraban escasa radiactividad en la plataforma número uno, en la zona de Falchani. El nivel de uranio era bajo. Un mazazo contra las expectativas de la junior canadiense Plateau Energy Metals. Era septiembre de 2017 y lo peor se anunciaba: ante la ausencia del químico metálico en el área, ordenaban la paralización de las perforaciones. Semanas después, el agreste paisaje incluía varios taladros varados, grandes lancetas silenciosas que simbolizaban un panorama poco alentador. Pero tras conocerse las conclusiones del laboratorio de AnstoMinerals (división de la Organización de Ciencia y Tecnología Nuclear de Australia), el proyecto tomó un giro totalmente inesperado. La extracción del material puneño no solo revelaba que la zona de Falchani era rica en litio, sino que este era de alta concentración. “Tenemos valores que llegan a 4.800 partes por millón (ppm). Chile, Argentina y Bolivia trabajan con 400 ppm, 700 ppm o 1.500 ppm a lo mucho. Vamos a trabajar con un promedio de 3.000 ppm, aunque son ocho veces más el valor en contenido de litio en el yacimiento”, describe Ulises Solís, gerente general de Macusani Yellowcake, subsidiaria de Plateau Energy Metals. “De otro lado, este hallazgo es en toba litífera, en roca, a diferencia del litio de Chile que está en salares y se tiene que esperar que decante para extraer el litio y producir el carbonato. Además, las muestras señalan que el litio es de mayor pureza. Nuestras pruebas sin refinación han llegado a 99,73% y para la fabricación de baterías se necesita carbonato de litio prácticamente puro”, sopesa el ejecutivo.

A junio de 2018, las exploraciones realizadas por la compañía arrojaron un total de reservas de 2,5 millones de toneladas de carbonato de litio de alta ley y Macusani pasaba a la fama mundial como uno de los mayores proyectos de litio del mundo, un hallazgo que además destaca por sus reservas de uranio. A pesar del desalentador indicio inicial en la búsqueda por uranio, hoy las rocas muestran que hay 130 millones de libras de recurso de este metal radiactivo, un nivel que corona una etapa de exploración inicial de uranio de más de diez años, que incluyó la adquisición de más de siete empresas extranjeras que también perforaban el territorio en busca de este elemento. La compañía ahora ha logrado consolidar el denominado “plato de Macusani” que cuenta con una extensión de 910 km2 . “Sabíamos que la exploración de uranio venía asociada con algo de litio, pero no imaginábamos la gran magnitud de los recursos encontrados”, confiesa Ulises Solís. Los trabajos de exploración siguen a toda máquina, aunque por ahora las perforaciones están concentradas solo en el 15% de la superficie. Porque lo clave es ganarle al reloj. En Macusani Yellowcake lo tienen claro: “Queremos sacar lo que nos deje mayor utilidad en el menor tiempo posible y el litio ofrece eso. Hay que aprovechar la coyuntura (electromovilidad) y la demanda creciente”, resalta Ulises Solís. “El precio del uranio está en US$ 28 la libra, nuestro costo de producción es de US$ 17,2, pero el litio es mucho más atractivo con precios que pueden llegar hasta US$ 16.000 la tonelada. Además, aún no existe una normativa de explotación de uranio en el país que permita su comercialización”, precisa.

Macusani merece atención

Rómulo Mucho, gerente general de Pevoex Contratistas, cree que Perú tiene una brillante oportunidad para asimilar la experiencia de Bolivia, Chile y Argentina, los países del denominado triángulo del litio.

“En el país este descubrimiento es reciente. Bolivia, por ejemplo, ha dado un paso trascendental al anunciar que el gobierno se unirá con ACI Systems, de Alemania, para invertir US$ 1.328 millones en la explotación y producción de baterías de litio. En el caso de Perú, desde julio de 2017 ya se anunciaba la existencia de litio, pero hay un largo camino por recorrer, fundamentalmente en la normatividad”, lamenta.

Y es, precisamente, la ausencia de una ley para la explotación de uranio lo que mantiene en ascuas a la compañía minera, ya que para extraer el litio es necesario remover el uranio de la superficie. “No se tiene muy claro cómo se va a desarrollar este proyecto, porque no tenemos la legislación adecuada. Ahí hay trabajo por hacer por parte del Ministerio de Energía y Minas (MEM). El litio es una alternativa y una oportunidad fantástica para el país. Desarrollar una mina de esta envergadura va a ponernos en una posición inmejorable y si el mundo sigue usando más litio, como aparentemente será, podríamos tomar una posición muy fuerte a nivel mundial”, cree Anthony Laub, socio de Laub & Quijandría Energy Group.

Pero Laub teme que la promulgación de esta ley pueda tomar años. Por eso exige con fuerza que la nueva normativa se dé en el menor tiempo posible. “Perú puede convertirse en un importante abastecedor de un producto que hoy en día es muy demandado en el mundo. Pero si nos damos el lujo de no promover proyectos mineros, vamos a persistir en una mala performance de la economía, como la que tuvimos en 2017, cuando crecimos solo 2,1%, pese a la ampliación de Cerro Verde, el principal productor de cobre en el país. Macusani merece atención, al igual que todos los megaproyectos que hay en Perú”, exhorta.

Desde la Casa de Pizarro parecen estar alineados con la urgencia que necesita Macusani. Al menos en lo comunicacional, porque si bien en agosto pasado el mismo presidente del Perú, Martín Vizcarra, se comprometió a aprobar en seis meses diversas leyes que permitan explotar los recientes hallazgos de litio y uranio, dada la volátil coyuntura política peruana, poco se ha avanzado. Menos dispersos parecen en la secretaría de Estado del ramo, donde Alfredo Rodríguez, director general de Minería del MEM, afirma que la cartera ha recibido el proyecto de ley con importantes aportes de distintos entes, como el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), y adelanta a AméricaEconomía que la elaboración del documento final de la ley está en proceso. “Con la ley aprobada se necesita aprobar también un reglamento que tenga precisiones sobre la importación y la seguridad del uranio. La ley no autoriza a las empresas a iniciar actividades de explotación; eso tiene que ser regulado por el IPEN o la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE). El presidente anunció que antes de fin de año se tendría la ley aprobada, pero antes tiene que ser llevada al Congreso. Ojalá que la puedan poner en agenda, para que esta ley pueda ser aprobada este año”, dice Alfredo Rodríguez.

Pero el ex viceministro de Minas, Pedro Gamio, destila pragmatismo. A su juicio, no sería necesario promulgar la ley para recién elaborar el reglamento de seguridad en la explotación de uranio. “Estamos pecando de demora en ese aspecto. Si se quiere apostar por una industrialización para la elaboración de baterías, debe haber un acercamiento con el sector privado”, advierte.

Ganador clandestino

De acuerdo con el legislador Armando Villanueva, también miembro de la Comisión de Energía y Minas del Congreso, otro punto en contra del desarrollo del proyecto de litio en Puno es que se trata de un producto relativamente nuevo en la industria minera peruana. “Existen muchos proyectos sustentados en el cobre, oro y plata, y la prioridad está en Cajamarca, Apurímac y Cusco, regiones con más tradición minera. En ese contexto, ni la explotación del uranio ni del litio son precisamente referencias de inversiones”, aclara.

Ulises Solís, de Macusani Yellowcake, agrega un dato que podría ensombrecer las actuales expectativas: “Es fundamental que se promulgue la ley y el reglamento; lo venimos esperando desde hace once años, cuando empezamos a explorar la zona en búsqueda de uranio. El litio está abajo y no podemos sacarle la vuelta a la comunidad y al Estado si empezamos a extraerlo sin esta normativa”, reconoce.

Pero las dudas en el horizonte tienen también relación con la reciente elección de Walter Aduviri como gobernador de Puno, quien asumirá su mandato el próximo primero de enero de 2019. Macusani Yellowcake sabe que tendrá el frente a un reconocido líder radical anti minero. Nadie olvida el llamado “Aymarazo”, una violenta protesta contra la mina Santa Ana, de la compañía canadiense Bear Creek Mining, en Puno, que incluyó el bloqueo de carreteras y el incendio de instituciones públicas. Su rol protagónico en el levantamiento lo obligó a llevar la campaña electoral desde la clandestinidad, tras haber sido sentenciado en dos instancias a siete años de cárcel. Pero la incomodidad valió la pena, ya que la protesta logró la cancelación del proyecto y, en consecuencia, el Estado Peruano tendrá que pagar a Bear Creek Mining cerca de US$ 30 millones, tras un proceso de arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi). Y porque el hábil Aduviri logró que el Poder Judicial de Puno anulara su condena y ordenara un nuevo juicio, giro judicial que lo puso en carrera en las recientes elecciones regionales, donde obtuvo cerca del 50% de los votos.

Algunos advierten que Aduviri ha moderado su discurso, por eso Macusani Yellowcake ya busca dialogar con él. “Tras su victoria en Puno, nuestras acciones cayeron a menos de US$ 0,80, producto de la coyuntura e inestabilidad que vive nuestro país. El tener como un virtual ganador a Walter Aduviri hace que los inversionistas se preocupen, porque sin ser gobernador trajo abajo todo un proyecto minero y ahora, con la fuerza política que tiene, no sabemos lo que puede hacer. Vamos a buscar un acercamiento”, reconoce Ulises Solís.

Sobreoferta

El tiempo para Macusani Yellowcake no solo es crucial para la aprobación de la ley, sino también para subirse a la ola de precios altos de litio. Y es que el crecimiento explosivo de la demanda de baterías de iones de litio, por la industria de la electromovilidad, ha elevado su cotización. Según el chileno Jaime Alée, socio principal de ESK Consulting, en base a su reporte ESK-Panorama 2017-2025, la demanda pasará de 200.000 toneladas en 2017, a 800.000 toneladas en 2025. “El precio también ha subido bastante, de US$ 3.000 la tonelada a cerca de US$ 15.000”, detalla.

Juan Carlos Zuleta, analista económico de litio, asegura que en 2017 el consumo de carbonato de litio equivalente (LCE, sus siglas en inglés) para baterías, utilizadas por vehículos eléctricos –incluyendo autos y buses– superó el consumo del compuesto para baterías de artículos electrónicos, vidrio y cerámica. “Para 2016 se había proyectado un poco más de 800.000 vehículos eléctricos. Para 2018, con base a información hasta agosto de este año, se pueden prever ventas de más de 1,6 millones de unidades. Y para el próximo año se espera que superen los dos millones y en 2020 alcance un poco más de 2,6 millones. La curva de crecimiento de venta de vehículos eléctricos es exponencial”, detalla el economista boliviano.

Pero a la par del crecimiento de la venta de autos eléctricos, también ha aumentado el hallazgo de yacimientos de litio, adicionales al encontrado en Perú, lo cual ya hace que algunos especialistas hablen de una sobreoferta. Chris Berry, fundador y presidente de la consultora House Mountain Partnes, sostiene que 2018 ha sido un año en que el momentum del litio se ha estancado. Esto, según Berry, porque la gente de la industria, sobre todo los inversionistas, están preocupados por la sobreoferta. “En 2017 y a inicios de 2018 se levantó una gran cantidad de dinero y capital para proyectos de litio. Por ejemplo, Nemaska Lithium tiene uno en Quebec y levantó más de US$ 1.000 millones. Incluso en Argentina, Posco, una compañía surcoreana, compró los derechos para producir litio a Galaxy Resources por US$ 280 millones. Todavía hay bastante capital que falta entrar al sector, pero lo que realmente buscan ahora los inversionistas es asegurarse de que algunos de estos anuncios de aumento de oferta, por ejemplo, el de SQM y Albemarle en el desierto de Atacama, salgan a tiempo, se pongan en marcha y se ajusten al presupuesto”, describe.

Incluso, hay reportes bastante pesimistas que pronostican una drástica caída en el precio del litio y el final de la fiebre del oro blanco. Es el caso de Morgan Stanley, que a inicios de año vaticinó una caída de 45% en el precio de carbonato de litio para los próximos cuatro años. De acuerdo con la entidad financiera, el precio de la tonelada pasará de US$ 13.375 en este 2018, a US$ 7.332 en 2021, y que a partir de esa fecha el precio se podría fijar en torno a los US$ 7.030 por tonelada. Morgan Stanley cree que la mayor producción de autos eléctricos será insuficiente para recuperar la creciente oferta de litio proveniente de Chile, y que la oferta adicional inundará el mercado y superará el crecimiento de la demanda.

No todos están de acuerdo con la apocalíptica proyección. “Si bien hoy existe una menor presión en los precios y en la medida en que entre mayor producción probablemente bajen, no creemos que se den los niveles de caída que está viendo Morgan Stanley porque no hay un exceso de oferta en el corto plazo”, explica Daniela Desormeaux, CEO de la consultora Signum Box. “El mercado se irá relajando, porque entrará nueva producción, pero esto no va a ser de un día para el otro. De otro lado, esta nueva producción va a satisfacer una nueva demanda”, matiza Desormeaux.

Gustavo Lagos, profesor de la Escuela de Ingeniería y gerente del Programa de Economía de Minerales de la Universidad Católica de Chile, suma datos de la sobreoferta. Explica que si se suma toda la oferta anunciada en Australia, Chile y Argentina –principales productores de litio en el mundo–, en 2025 podría haber excedentes de 400.000 toneladas de LCE, o incluso más, lo que llevaría el precio a menos de US$ 5.000 la tonelada. Además, según cifras del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), a 2017 existen más de 53 millones de recursos y reservas de litio. “Son reservas de litio, no de carbonato. Una tonelada de litio equivale a algo más de cinco toneladas de carbonato de litio. El salar de Uyuni en Bolivia tiene más recursos –cantidad de mineral potencialmente valioso y estimado durante la etapa de exploración– en el mundo (nueve millones de toneladas), seguido del de Atacama, pero la diferencia es que este último, según la reciente cifra dada por SQM, tiene más del 50% de reservas –recursos realmente disponibles y económicamente viables- en el mundo. Así, de un total de 16,1 millones de toneladas de reservas de litio en el mundo, Chile tiene 8,1 millones de toneladas”, dice Lagos. “Tener 53 millones de toneladas de litio en recursos y reservas –no están incluidos los hallados en Perú– significaría que, en 2050, si el mercado crece 15% anual como se espera, se deben haber gastado un poco más de la mitad de los recursos. Hay mucho litio, y mi estimación es que va a haber mucho más”, sentencia.

Mayor pureza

Todo indica que Perú deberá extraer y comercializar su litio lo más pronto posible. Pero, a pesar de la premura, los ineludibles tiempos que maneja la compañía Macusani Yellowcake proyecta construir la planta recién en el último trimestre de 2020, y culminarla en 2021 para iniciar la explotación de la mina en 2022. Calculan una inversión de US$ 800 millones, que incluye también la elaboración del estudio de impacto ambiental, de factibilidad y completar el cálculo de recursos a reservas en 2019.

Pero Ulises Solís, el ejecutivo de Macusani Yellowcake, prefiere ser optimista y estima un costo de producción de carbonato de litio de entre US$ 2.200 y US$ 2.300 la tonelada, un precio realmente competitivo en la industria. “Debemos entender que el stripping (eliminación de material de recubrimiento) en la zona es muy bajo y hablamos solo del costo de producción, no de movimiento de tierras. Una vez que hayamos movido toda la cobertura en la superficie, llegaremos a las tobas litíferas, extraeremos el litio y lo procesaremos”, detalla.

Y si bien el ejecutivo reconoce que el costo de extracción de litio de una mina a tajo abierto es mayor que el de extracción en salmueras, a su juicio esta situación se revierte y deja mayor utilidad puesto que la pureza del litio en roca es mucho mayor que la de salmuera. “Chile trabaja con 500 ppm, la ley de Uyuni es de 450 ppm. El valor de nuestro litio supera 3.000 ppm en promedio, aunque hay valores de hasta 4.900 ppm”, aclara.

Para Chris Berry, este sería un costo muy competitivo para un proyecto de litio de roca dura. “Supongo que el número al que hace referencia es el costo efectivo operativo, mientras que el costo total sin duda sería más alto”, opina. “Los costos efectivos operativos típicos de los proyectos de salmuera en Chile y Argentina son más cercanos a US$ 3.000 por tonelada, mientras que los de roca dura en Australia son más cercanos a US$ 5.000 por tonelada”.

No obstante, Gustavo Lagos sostiene que actualmente el salar de Atacama es el único con costos realmente competitivos. “Las empresas mejor situadas para esta competencia son Albemarle y SQM en el salar de Atacama, ya que contarían con costos al menos 25% más bajos que sus competidoras en Australia”, asegura.

Sobre el timing del proyecto peruano, Chris Berry señala que no es muy tarde para ingresar a la industria mundial de litio. “El año pasado el mercado de litio rondó las 230.000 toneladas. Eso va a crecer por un factor de casi cuatro en los próximos ocho o diez años. Será un mercado de alrededor de 850.000 toneladas en 2025. Incluso cuando ves los planes de expansión de los actuales productores, como SQM y Albemarle, hay espacio para que más compañías se unan a la oferta. No creo que sea muy tarde para compañías en Perú, pero definitivamente les va a tomar más tiempo en desarrollarse”, dice.

Hidróxido de litio: una ventaja

Y si bien la estrella para la elaboración de baterías es el carbonato de litio, algunos advierten que el hidróxido de litio conquistará la industria, ya que la batería del futuro en los próximos cinco o diez años estará constituida en base a este compuesto. De ser así, los productores de minerales de litio en roca tienen una ventaja, porque pueden producir hidróxido al mismo costo que el carbonato. En cambio, los productores de salmuera tienen US$ 2.000 por tonelada de diferencia para pasar de carbonato a hidróxido, lo cuales es una limitación y eleva los costos.

Sin embargo, Juan Carlos Zuleta afirma que la compañía Posco, de Corea del Sur, ya ha descubierto un proceso que permite obtener hidróxido de litio a partir de salmueras. “Posco, que acaba de adquirir un salar en Argentina, va a usar este proceso para obtener hidróxido de litio directamente. De hecho, su meta de producción a 2020 estará en términos de hidróxido de litio y no de carbonato”, comenta.

En ese sentido, el yacimiento de litio en roca de Macusani tiene una ventaja frente a proyectos en salmuera, ya que puede obtener directamente hidróxido de litio. Por ahora, la compañía viene investigando opciones de procesamiento.

Pero aún hay otro reto: la industrialización del litio peruano. Para el congresista Armando Villanueva, esta es la oportunidad de desarrollar cadenas productivas para que el país no se limite a exportar carbonato de litio y que este regrese al país como baterías manufacturadas en el exterior. “Si esto se logra, podríamos insertarnos en un plan energético hacia 2050, siguiendo el ejemplo de nuestros países vecinos, como Chile, que viene generando políticas de energía renovable. Este es el momento para aprovechar el potencial de litio a través de la electromovilidad y las baterías de almacenamiento eléctrico.

La misma opinión tiene el geólogo Jacinto Valencia, gerente de la consultora de proyectos mineros JV Consultoría. “El gobierno debería impulsar diversas políticas o medidas para lograr no solo exportar el litio como un commodity, sino industrializarlo y sacarle valor agregado hasta obtener un recurso o producto muy cercano a una batería”.

Pero todo indica que Perú llegará al menos a la mitad de la fiesta. Edwin Quintanilla, gerente de Supervisión Minera de Osinergmin, el ente regulador peruano, así lo cree y resume la situación de esta forma: “Hoy el litio tiene una gran oportunidad en la fabricación de baterías para autos eléctricos; es una tecnología emergente que se prevé que en los próximos diez años se consolidará. Pero uno tiene que estar en la partida de la fiesta para participar completamente de esta. Si uno llega muy tarde, habrá otros participantes en el planeta. No estamos solos. Además, ya se están desarrollando otros sustitutos en el camino, como el hidrógeno (ver recuadro) que podría emerger, y en ese momento el litio será un solo recuerdo o perderá competitividad”.

Amenazas para el litio

Con una sonrisa de oreja a oreja, el ministro de Comercio, Industria y Energía de Corea del Sur, Sung Yunmo, se sentaba junto a otros funcionarios en el primer bus de combustible de hidrógeno. Este vehículo, estrenado en octubre pasado, es parte del plan de desarrollo tecnológico de los automóviles con celdas de combustible en el país asiático y que incluye la mejora de las regulaciones y la construcción de la infraestructura de la estación de carga de celdas sobre la base de combustible de hidrógeno. Así como el hidrógeno, existen otros recursos como el magnesio o el sodio que amenazan con terminar con el reinado del litio en las baterías. Y es que la popularidad de las baterías de ion de litio, con el auge de los autos eléctricos, ha disparado su valor en los últimos años y ha impulsado el desarrollo de materiales sustitutos. Es el caso del fabricante de automóviles japonés Toyota, que tras comercializar el Prius, el primer modelo híbrido, hoy considera que los automóviles eléctricos con batería no son la única opción para alcanzar una propulsión limpia o cero emisiones. Según Andrew Lund, ingeniero jefe de la marca, la tecnología de pila de combustible de hidrógeno es el sistema de propulsión con la energía más limpia para un vehículo y ya ha anunciado una segunda generación de camiones de combustible de hidrógeno, el mismo que usa el bus surcoreano. No obstante, algunos expertos consideran que el reinado del litio tiene para rato. “No veo ninguna batería retando a la de iones de litio en la industria de la electromovilidad, en los próximos diez años. El ion de litio se usa desde hace 30 años y hay un historial de seguridad. Es muy liviana y tiene una energía densa, que es la principal razón por la que es usada en automóviles. Al hidrógeno, magnesio u otras tecnologías les va a tomar más tiempo meterse en el dominio del litio”, dice Chris Berry.