Quito, Andes. Wilson Pástor, ex ministro ecuatoriano de Recursos no Renovables y ex gerente de la estatal Petroamazonas, es un petrolero con 40 años de experiencia y ofrece una visión contextualizada de lo que sucede con los campos Tiputini, Tambococha e Ishpingo, que fueron parte de la extinta iniciativa Yasuní ITT.

La iniciativa caducó el pasado jueves por decisión del primer mandatario, Rafael Correa, por falta de corresponsabilidad de la comunidad internacional, que depositó, en seis años, menos del 1% de los aportes que debían hacer para dejar el crudo bajo tierra y así evitar la emisión de 400 millones de toneladas de CO2.

Tres ideas fuertes respecto a este tema manifiesta Pástor: la primera, que el fin de la iniciativa develó la decepción del Ecuador respecto al mundo, que no asumió su corresponsabilidad económica para este proyecto, calificado como revolucionario en materia de conservación medioambiental.

La segunda, que el Yasuní no perderá su biodiversidad ante la proyección de una explotación; y la tercera, que la presencia de una gran empresa en el parque Yasuní facilitará el monitoreo y la conservación de la riqueza del parque.

“Esas reservas van a ser protegidas con seis medidas de protección que no se han desarrollado antes y que comenzamos a utilizarlas en Pañacocha y en el Bloque 31”, dijo el experto a la Agencia Andes.

“La primera es que utilizamos las plataformas que ya existen hace más de 20 años; las perforaciones de pozos se harán en forma de racimo, que desde cada plataforma se perforarán hasta 25 pozos para no impactar a la zona protegida”.

“Lo que más desforesta en una operación petrolera y que más contaminación genera no es la perforación, sino que al petróleo, como sale con agua y gas, es necesario hacerle un tratamiento; para eso se necesitan instalaciones semejantes a una refinería; esas instalaciones no se van a hacer en el ITT, porque se van a utilizar las existentes en Eden Yuturi y se va a bombear directamente el fluido a 75 kilómetros (hacia el noroeste del ITT) a las facilidades de producción, en el bloque 15”.

“La cuarta medida es que lo que produce contaminación ambiental, en la parte de ruido, y por supuesto también en el espacio de la selva, es que tenemos que poner generación eléctrica para bombear el crudo; eso tampoco se va a hacer en el sitio, existe generación que se va a enviar en un cable de cobre con alta conductividad sumergido y adosado al oleoducto, para que no haya mayores pérdidas desde Edén Yuturi.

La sexta medida es que el petróleo no toca el parque nacional, porque el transporte no está inmerso en el parque; en ese transporte se utiliza tubería enterrada varios metros, con cables de fibra óptica para tener la información de cómo va el crudo y monitoreo total de las presiones para prevenir y actuar en caso de derrame.

“Esas medidas hacen que el impacto de desarrollar Tiputini y Tambococha sea de 190 hectáreas, incluido el sendero de acceso de Tiputini a Tambococha, que estamos obligados a hacer para poner la tubería y es un sendero muy delgado (de 3m de ancho)”.

Historia de los campos ITT

La historia de estos tres campos se remonta hasta los inicios de la producción petrolera en el Ecuador; en 1949, relató Pástor a la agencia Andes, la estadounidense Shell perforó en Tiputini sin resultados positivos.

“En el Tiputini perforaron a un lado de la parte alta de la parte petrolera, por eso no encontraron crudo, posteriormente, en 1970, el Ministerio de Minas y Petróleos descubrió crudo en el Tiputini 1B; el Tiputini 1A era de Shell”.

Después hubo otros hallazgos; “En 1993 Petroecuador perforó el Tambococha 1 y luego hubo 4 pozos más perforados: el Ishpingo1, en el 92 y en el 93; el Ishpingo 2 y el Ishpingo 4; en el 2002; de tal modo que siete plataformas se hicieron para perforar pozos en los tres campos”.

“Esos pozos comprobaron que existía petróleo, y en base a esa información y a la sísmica que se hizo en 1.200 kilómetros en los inicios de los 90, por parte de Petroecuador, se pudo comprobar que habían 920 millones de reservas probadas, con un precio a la época de 25 dólares. Hoy estamos a casi 100 dólares; evidentemente el precio que se evaluó son, a este rato, multiplicado por cuatro.

“En 1979 comenzó la delimitación del parque Nacional Yasuní y luego posteriormente en el 2005 se definieron zonas intangibles donde no se puede explotar; luego a fines del gobierno de Alfredo Palacios salió un acuerdo ministerial que impedía la explotación en esas zonas”.

“En el Parque Yasuní existían dos empresas que trabajaban: Repsol y Petrobras, en el bloque 31; el bloque 31 es entregado por Petrobras a Petroamazonas, se subroga la licencia ambiental que tenía y tienen la licencia para desarrollar Apaika Nenke, que en estos días está finalizando la perforación y pronto entrará en producción.

"Desde que yo fui gerente de Petroamazonas comenzamos a estudiar las tecnologías más avanzadas para poder desarrollar, en caso de que no se de el apoyo internacional, esas reservas".