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Esports Universitarios: El origen de una industria mexicana

Las universidades más prestigiosas de México lideran la creación de un ecosistema de esports donde ya se forja una nueva industria.
Lunes, 13/07/2020 Camilo Olarte

Uziel Canales le debe su talento a la hepatitis. Hasta 2016, era un experto en defender la línea de gol. Desviar balones con veneno, importunar el grito de un ansioso hincha. El fútbol era lo suyo, pese a medir solo 1,70 metros. Un porte mínimo que no fue impedimento para llegar a jugar como portero en las fuerzas básicas del Cruz Azul. Tiempos en que los videojuegos eran un tibio pasatiempo en su vida, una novedad tecnológica que para sus padres eran una soberana “pérdida de tiempo”.

Cayó en cama y su terapia durante los tres meses de convalecencia fue jugar FIFA en su PS4. Así calmaba sus ansias de salir a la cancha. Sin mayores pretensiones que matar el tiempo y que a él no lo mataran en la pantalla. Pero un par de semanas después de abandonar su lecho de enfermo encontró sorprendido un mensaje en su buzón de correo electrónico que marcaría su futuro: una invitación a un torneo de FIFA al cual había clasificado por puntos, sin siquiera darse cuenta.

Le fue mal, apenas tenía 16 años y la presión había sido incontrarrestable. Sin embargo, ese torneo, un top 32, organizado por Visa, le serviría para descubrir que el hobbie de las perillas y los botones había comenzado a ser mucho más que una chiquillada para él.

Una vez que aprendió a manejar los nervios como un paciente ninja, comenzó a ganar. Cumplió 18 y viajó a Orlando, Estados Unidos, a su primer torneo internacional, donde ganó US$ 1.000 después de obtener el tercer lugar de Norteamérica. En 2018, meses después, en Manchester, logró ingresar al deseado top 10 mundial, en la posición 8. Todo esto mientras terminaba la preparatoria y presentaba los exámenes de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y al Politécnico Nacional (IP).

Uziel se crio y aún vive con su familia en Atizapán de Zaragoza, un municipio en el convulso estado de México. Su madre es una psicóloga independiente y su padre, un representante de música popular. Entre las opciones de esta familia de clase media no figuraba una escuela privada. Sin embargo, un día de abril de 2019 otro correo, esta vez de la Universidad Anáhuac, terminaría de convencer a su familia de que el hobbie de su primogénito podía ser una carrera profesional: “No me lo podía creer. Leí la propuesta y me encantó el proyecto. Me cambió la vida”, rememora orgulloso.

La Anáhuac le otorgó a Uziel una beca completa para estudiar Derecho y representar a la institución –una de las tres universidades del país con mejor acreditación, según el ránking de AMÉRICAECONOMÍA– en las competencias de esports. Es una de las más costosas del país; un semestre ahí cuesta alrededor de US$ 10.000. “Desde hacía un año habíamos visto su talento. Además, su promedio académico de preparatoria era 9,5”, justifica Igor Rubio, director de la Escuela de Ciencias del Deporte, de la Anáhuac. “Su perfil, teniendo en cuenta nuestra experiencia deportiva semiprofesional, es el de alguien que puede llegar a ser uno de los mejores en el largo plazo”.

Uziel ya ganó dos torneos para la universidad en su primer semestre y mantiene un excelente promedio educativo.

Ese desempeño ha ayudado a que el programa de esports de la Anáhuac siga creciendo y ya hace parte de su oferta deportiva y educativa. “Es un plan muy fuerte y ambicioso, con una planeación estratégica para alumnos y jugadores desde preparatoria”, describe Rubio. “Queremos fomentar el crecimiento del ecosistema de los deportes electrónicos”.

Los pioneros

El programa de esports de la Anáhuac, único en el país, lidera una tendencia que busca profesionalizar la escena competitiva gamer en las universidades de América Latina. La institución, creada por los Legionarios de Cristo, se distingue actualmente por la búsqueda constante de la innovación en sus programas educativos, aunque la reputación de la congregación ha sido fuertemente golpeada en los últimos años por las acusaciones de abuso sexual de antiguos estudiantes contra algunos sacerdotes.

El plan de becas, del cual se benefició Uziel Canales, es uno de los puntos centrales del programa: “Hasta el momento solo tenemos dos estudiantes becados al 100%, pero hay cinco más en evaluación y planes para aumentar ese número”, proyecta Igor Rubio, quien lidera la visión de la universidad que hace un par de años decidió convertirse en la pionera de los esports en el ambiente universitario.

La creación de materias académicas y prácticas de esports es otra parte esencial de dicho programa. Materias complementarias que ya están avaladas por la Secretaría de Educación Pública (SEP), y que a partir de 2020 serán materias profesionales. 

“Las materias que se imparten a nivel curricular son un estandarte de innovación a nivel académico, ya que no existen en ninguna otra institución de América Latina”, destaca Rubio. “La materia electiva esports se divide en una parte académica y otra práctica. Son clases de tres horas. La mitad del tiempo se practica cualquier videojuego que les guste al alumno y en el que quiera mejorar sus habilidades; en la otra mitad, acerca del medio de la industria económica y sus posibilidades para desarrollar negocios. La materia Proyectos Especializados en la Industria de los esports se imparte en octavo semestre y hace parte de la Licenciatura en Dirección del Deporte”.

Infinity Academy es el equipo profesional de la universidad que juega en la liga de ascenso (DDH División de Honor Telcel) de League of Legends (LOL), desde 2018, y representa la apuesta más grande del programa de esports de la Anáhuac, tras una alianza con Infinity Esports. Este club profesional multigaming tiene además uno de los mejores equipos LOL de América Latina, que lidera la máxima categoría de competencia en la región, la Liga Movistar Latinoamérica (LLA).

League of Legends es para los esports el equivalente al fútbol en los deportes tradicionales. Este videojuego, del género multijugador, de arena de batalla, que se puede descargar de manera gratuita, creado en 2009 por Riot Games, es el que más audiencia, patrocinios y dinero mueve alrededor del mundo.

Infinity es también, según muchos especialistas, la marca mejor administrada entre los equipos de esports, la que ha conseguido los mejores patrocinios. Los socios de la compañía, tres argentinos que vienen del mundo corporativo y un exjugador costarricense, tienen muy clara su estrategia: crear un club deportivo alrededor de los esports y crear una marca fuerte. Saben que para ello necesitan adaptarse a los patrocinadores y a las audiencias. “Necesitamos un ecosistema en las secundarias, preparatorias y universidades, que alimente a una industria naciente”, resume Damián Szafirsztein, socio y director comercial de Infinity. “Estamos haciendo cantera con la ayuda de la Anáhuac”, agrega Nicolás Lescano, socio y director de Comunicación de Infinity. “Y al hacerlo, nuestra marca se fortalece entre la comunidad estudiantil”. 

“La alianza con Infinity es un gran adelanto en las negociaciones estratégicas a nivel directivo en toda América Latina”, agradece Rubio; “además, es un precedente de management en los esports poder patrocinar a uno de los mejores equipos de la LLA, que cuenta con todos los éxitos deportivos a nivel internacional”.

No existe otro tipo de alianza como la de Infinity y la Universidad Anáhuac en América Latina ni tampoco un equipo en las ligas de ascenso profesional que se haya creado en una universidad –existen licencias como la de la Universidad de Chile con el equipo Azules Esports–, aunque sí se pueden encontrar muchos ejemplos en otras regiones, donde los esports están más evolucionados, como Asia, Europa y, principalmente, Estados Unidos. 

 “Grandes universidades como Yale, Princeton y Harvard tienen programas de becas y alianzas con equipos profesionales” de esports, dice Igor Rubio, “En América Latina, lideramos este proceso, pero ya hay otras universidades que también lo están buscando, como el Tec de Monterrey”.

Hacia un ecosistema universitario

Sebastián Espinosa juega en la posición “jungla” (jungler, en su original en inglés, un competidor que combate en los carriles del mapa de la competencia) de LOL, para Infinity Academy, el equipo profesional de la Anáhuac, pero también es uno de los impulsores de los esports en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), popularmente conocido como Tec de Monterrey –la mejor universidad del país según el Ránking 2020 de las Mejores Universidad de México de AMÉRICAECONOMÍA INTELLIGENCE–, donde estudia segundo semestre de negocios internacionales.

Chevis, como le dicen en el ámbito de los jugadores, llegó a los esports de manera fortuita, como el acercamiento de Uziel con la disciplina. Cuando tenía 16 años pertenecía a las fuerzas básicas de fútbol del Tec de Monterrey, donde estudiaba la preparatoria. Pero no fue una hepatitis lo que lo obligó a abandonar su pasión, sino una luxación en su rodilla derecha. El periodo de rehabilitación duró más de un año, etapa en la que tuvo que caminar con muletas y después con un bastón. Finalmente, el diagnóstico médico fue un autogol para sus ambiciones futboleras: nunca podría volver a jugar fútbol.

Chevis decidió lidiar con su frustración a través de los videojuegos. En League of Legends encontró un lugar donde poder llevar virtualmente una vida social, a pesar de su limitación motriz. La personalidad competitiva que lo distinguió desde la niñez lo encaminó además a subir en el ránking de LOL y pronto estaba participando a nivel intercolegial y ganando pequeños torneos, como el organizado por Skill Esports, que ahora maneja la U League, la liga interuniversitaria más grande de América Latina.

“Fue un camino con tropiezos. Tuve muchos problemas con mi familia. Pero como no podía hacer casi nada por mi lesión, llegaba todos los días a encerrarme a jugar”, recuerda.

La escena de esports en el Tec, en ese entonces, era incipiente y defendida solo por estudiantes. El concepto que tenían las universidades de los juegos en línea todavía era muy parecido al de la mayoría de los padres de familia, incluidos los de Sebastián: una gran pérdida de tiempo.

Chevis hoy tiene 20 años y reparte sus días entre representar a Infinity Anáhuac en la liga de ascenso (DDH); en dirigir al equipo Amapola Esports que representa al Tec de Monterrey (Ciudad de México) en los torneos universitarios, uno de los mejores equipos a nivel nacional; pero lo que más parece emocionarle es su aporte a la escena universitaria de los esports. 

En noviembre de 2019, participó en la semana i del Tec, un evento que trata de fomentar el desarrollo de competencias y crear emprendedores para solucionar ciertas problemáticas. Sebastián viajó con otros estudiantes a Monterrey con un plan para desarrollar una estrategia de esports y la creación de una comunidad universitaria. Su empeño tuvo frutos: “Llegamos a varios acuerdos con arenas, becas, patrocinios y hasta la creación de equipos representativos”, dice. “El Tec estaba un poco dormido,  en cuanto a esports, pero el semestre que pasó demostró que quiere hacer crecer la escena”. Su iniciativa no es la única. El resultado más vistoso de una serie de iniciativas estudiantiles en los diferentes campus fue la creación de la Esports Arena Borregos, en Guadalajara, que fue inaugurada en agosto de 2019.

Este recinto, de 150 metros cuadrados, es la primera arena universitaria enteramente dedicada a la práctica de los deportes electrónicos en México y en América Latina. Fue creada por el Tec a partir de una alianza con Dell, en la que la tecnológica invirtió cerca de US$ 80.000. Incluye todo lo último en su tecnología Alienware, desde sillas ergonómicas especiales con bocinas en los costados, headsets, mouses, teclados y monitores. El Tec respondió con una inversión de la misma magnitud para acondicionar el espacio.

Óscar López, el director nacional de Deportes, fue el encargado de escuchar a los estudiantes y liderar la creación de este espacio después de vencer las últimas resistencias hacia los esports en la institución. “El campus de Guadalajara es experimental, un lugar donde se implementan las cosas antes de replicar las experiencias a nivel nacional”, explica Eder Lagos, un exjugador, profesor de esports y encargado de la Arena en Guadalajara, desde su apertura.

Entre los planes a corto plazo del programa del Tec está entrar a una liga profesional, tener materias con valor curricular, un plan de becas parecido al de la universidad Anáhuac y la construcción de otras arenas, empezando por una en Monterrey, explica Jorge Lozano, director de Deportes del Tec en Guadalajara. “La Arena Borregos es un paso hacia ese camino, pero por ahora organizamos un par de torneos interuniversitarios que están entre los más importantes entre los gamers”, destaca Lozano. Estos son la Borregos Esports Cup Telcel, un torneo entre todos los campus del Tec, y el Campeonato Nacional de la Liga Conadeip (Comisión Nacional Deportiva Estudiantil de Instituciones Privadas) que, en 2019, ya tuvo la participación de 19 universidades, y se espera que se multipliquen este año.

La Arena del Tec se ha convertido en un sitio de peregrinación para los jugadores de muchas instituciones educativas. “La captación de estudiantes ha sido excelente y es ideal para promover los esports en escuelas primarias y secundarias que la visitan constantemente”, afirma estratégicamente Eder Lagos.

De esta manera, las universidades privadas más prestigiosas del país apuestan por la formación de un ecosistema universitario, mientras las más pequeñas ven en los esports un potencial de captación de estudiantes que buscan otros deportes. En esa línea están la Universidad Panamericana o la Universidad Carolina. Destaca el programa de esta última, ubicada en Saltillo, Coahuila, el cual incluye un plan de becas y un equipo (Dragones UC) que siempre está entre los primeros tres puestos en los torneos interuniversitarios, como los organizados por U League.

Las universidades públicas están llegando más tarde que las privadas a los esports, pero sus comunidades universitarias, como la del Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de México y la UNAM, son fuertes y su presión está logrando acelerar la creación de programas similares a los de las universidades privadas.

Los torneos y las ligas son el escenario donde las instituciones universitarias miden sus fuerzas, y su crecimiento ha sido vital para la formación de este ecosistema. La U League es la liga más popular de México y un ejemplo para otras en América Latina. La compañía creadora de esta liga, Skill Esports, ha estado presente en los esports desde 2014. Primero como una revista digital enfocada a los videojuegos, después pasando a crear y apoyar equipos de esports; y, finalmente, como la liga más grande de América Latina. En 2019, reunió a más de 100 universidades y 4.000 estudiantes, y para 2020 ya cuenta con 176 instituciones inscritas. El circuito ha encontrado el apoyo de grandes patrocinadores, entre los cuales están marcas como Telcel, Intel y Office Depot.

“Somos el puente entre las marcas, las universidades y un sector de la población muy joven, entre 18 y 25 años”, detalla Ángel de Lomo, director de U League. “El crecimiento, en 2019, fue brutal y por eso llegaron las marcas que también están apoyando a equipos profesionales. Quieren participar y saben que podemos llegar a un público al que no es fácil llegar”, resalta.

Patrocinios hacia las aulas

La iniciativa del Tec ha tenido en Dell más que un aliado. “El Tec quiere desarrollar los esports a nivel universitario dentro de su plataforma; nuestra visión es similar: desarrollar los esports para encontrar talentos que puedan competir a nivel olímpico y detonar esos talentos”, proyecta Yuzel Ahumada, director regional de producto Latam, de Dell Technologies. “Es la manera de que México se convierta en una potencia en esta nueva industria”.

La tecnológica, con su marca Alienware, es un gran protagonista de los esports a nivel mundial y latinoamericano. Además de patrocinar al Tec, es la principal patrocinadora de Exten, un equipo de LOL de la liga profesional (LLA) y de la Federación Nacional de Esports. Hacen parte de los patrocinadores endémicos de esta industria, es decir, tienen que ver con el acto de jugar, entre los que también se encuentran Lenovo, Asus, Logitech, Office Depot e Intel.

Aunque Dell tiene la intención de apoyar a otras universidades en América Latina, el foco en este momento está en el Tec de Monterrey, ya que considera que México es el centro de los esports en América Latina, después de la alianza que hicieron con esta escuela de negocios Cinemex, TVAzteca y Riot Games, y cuyo principal resultado fue la construcción del Arena Esports Stadium, que empezó a funcionar el 6 de febrero de este año, después de una inversión de US$ 2,5 millones. “Luego del éxito que hemos visto en el Tec y lo que está pasando en el país, ya tenemos otras iniciativas en marcha, sin perder nuestro foco, que es apoyar el talento universitario y ojalá llevarlos a dar el salto hasta el profesionalismo”, dice Ahumada.

Otras marcas, además de Dell, están empezando a ver a los circuitos universitarios de esports como el lugar donde se empieza a desarrollar una industria potente y con una audiencia muy leal. Así lo entendió Amazon, en Europa, que firmó hace un par de meses una alianza con GGTech para impulsar la liga University Esports, la más importante de su tipo en el Viejo Continente. El patrocinio de marcas de consumo masivo también empieza a llegar, así como lo hicieron en la LLA, donde hace ya más de un año grandes marcas empezaron a apoyar equipos, como Infinity, que encontró en Gillette un naming sponsor que lo ha ayudado a convertirse en el equipo más importante de esports de la región.

El equipo Infinity Academy, de la Anáhuac, que juega en la liga de ascenso, heredó este patrocinio de su hermano mayor. Otras cinco marcas patrocinan a este equipo profesional universitario: Omen, Logitech, Intel, BLK y Office Depot. Un precedente que alienta a la formación del ecosistema universitario donde las ligas universitarias empiezan a tomar más importancia.

Esta última marca fue de las primeras que entendió el potencial hace más de 18 meses. “Los esports no son de los rubros más grandes en deportes para nosotros, pero sí empieza a tener un peso específico muy importante y por eso queremos hacerlo desde el origen, es decir, las competencias entre aficionados”, dice Marco Antonio Pérez, director de Márketing de Office Depot.

El origen de un boom

“Todas las universidades del país, todas las preparatorias, tendrán un equipo representativo de esports dentro de muy poco”, calcula Jorge Lozano, director de Deportes del Tec de Monterrey en Guadalajara. “Y eso va a pasar en toda América Latina. Es un ecosistema en formación”.

Y quien ha ayudado fuertemente a potenciarlo es el exarquero, Uziel Canales, que a sus 19 años ya es considerado el segundo mejor jugador de FIFA en México y uno de los mejores de América Latina. Su talento lo ha llevado a sitios donde difícilmente habría llegado a pesar de ser un excelente estudiante. No fue una pérdida de tiempo, entienden ahora sus padres. 

La caída del tabú acerca de los esports está alimentando la formación del ecosistema. Y la llegada de nuevos jugadores, como el hermano de Uziel, que, con solo 10 años, ha demostrado un gran talento en Fortnite, otro de los juegos más populares a nivel competitivo. Su familia, ya desprejuiciada, lo está apoyando, a la espera de que pueda contar con la suerte de su hermano.
Uziel se quiere dedicar al derecho civil, y desde su carrera pretende seguir involucrado en los esports. Un deseo que coincide con el de Chevis, que se ve en el futuro como dueño de un equipo de esports, luego de pasar por el profesionalismo.

“El ecosistema universitario no está lejos del que tienen las potencias; la brecha se ha cerrado con el crecimiento acelerado en América Latina, en 2019”, estima Ángel de Lomo, de U League. Las marcas, a su vez, están empezando a entender que es en el ecosistema universitario donde está la génesis de la industria. Un impulso que le empiezan a dar y que será definitivo para la consolidación de los esports en América Latina.

 

El ecosistema estadounidense

México sigue los pasos del ecosistema universitario de esports estadounidense, el más grande y dinámico del mundo, el que se alimenta de la infraestructura organizacional de los deportes tradicionales.

En julio de 2016, solo siete universidades estadounidenses tenían programas de esports. En 2018, ya eran 63, y hoy en día son más de 200, según información de la National Association of Collegiate Esports NACE (una entidad que funciona de manera muy similar a la NCAA), de las cuales 128 ofrecen algún tipo de beca a sus jugadores.

La tendencia fue liderada inicialmente por universidades pequeñas, a diferencia de lo que está pasando en América Latina. La primera fue la universidad Robert Morris, de Illinois, que empezó a ofrecer becas para jugadores de League of Legends, en 2014. Otras del mismo tamaño, como la University of Pikeville o la St Louis Maryville, también decidieron apostarle a esta actividad que con el correr de los años demuestra tener un gran poder de atracción entre los adolescentes.

La Universidad de Harrisburg, en Pensilvania, es un caso particular. La institución, que solo ofrece tres carreras (Programación, Ciencia de los Datos y Biología), gira y crece alrededor de los esports. No compite en ningún deporte tradicional, pero ofrece becas completas a jugadores de esports de todo el mundo. Su estrategia parece funcionarle. Su nombre tiene una resonancia que muy difícilmente habría conseguido a través de los deportes tradicionales y está siempre entre los primeros lugares de los torneos interuniversitarios.

Pero en los últimos dos años universidades cada vez más grandes y prestigiosas se han dado cuenta de que los esports ya son una industria, y quieren ser parte de esta. Columbia, Utah, NYU y la Universidad de Miami han creado programas, más tímidos que ambiciosos, pero están empezando a dedicar parte de su presupuesto a reclutar jugadores alrededor del mundo. 

Seguramente será una cuestión de tiempo –y los tiempos en este tipo de industria vuelan– para que los esports tengan la misma importancia para las universidades que el fútbol americano o el básquetbol.