Wellington. Las bases de la Antártida cuentan ahora con la granja eólica situada en el punto más austral del mundo, la primera de lo que podría ser una serie de proyectos de energía renovable para reducir la dependencia del diésel en el continente helado.

La construcción de la granja eólica de Ross Island, compuesta por tres turbinas, fue un enorme desafío en un entorno donde las temperaturas pueden caer hasta -57 grados centígrados.

La granja eólica suministrará aproximadamente 11% de la energía de la Base Scott, de Nueva Zelanda, y la base estadounidense de McMurdo, y se estima que reducirá el consumo de diésel en unos 463.000 litros al año.

Si la granja eólica resulta exitosa podría ser seguida por nuevos proyectos, y la energía solar también está siendo evaluada para posibles usos, afirmó Scott Bennett, gerente de proyecto de Meridian Energy, la compañía energética estatal de Nueva Zelanda que construyó y maneja las turbinas.

"La filosofía es poner esta granja en funcionamiento, tenerla operando durante un año y nos mostrará el camino a seguir", aseveró Bennett.

Hay suficientes sitios potencialmente adecuados alrededor de la base Scott y la estación de McMurdo para satisfacer hasta 50% de las necesidades energéticas de todas las bases en el continente.

Con sólo un barco de suministro al año, el proyecto requirió un meticuloso planeamiento para asegurar que todas las partes necesarias estuvieran colocadas en el espacio acotado.

"Todo tuvo que ser planeado hasta la última tuerca y el último tornillo", sostuvo Bennett.

La construcción de las turbinas de 37 metros de alto tomó dos años, en parte porque el período en el que el clima es lo suficientemente templado para poder trabajar es entre noviembre y febrero. Los US$10 millones neozelandeses fueron asumidos mayormente por el gobierno de Nueva Zelanda.

Ross Island no es la primera granja eólica del continente antártico, ya que la estación Mawson de Australia tiene dos turbinas en funcionamiento.