"No hay nostalgia peor de lo que nunca jamás sucedió”, canta el español Joaquín Sabina y esa estrofa se puede aplicar a lo que hoy le sucede a la industria metalúrgica uruguaya: un sector que sostiene que hasta ahora ha quedado marginado de los grandes emprendimientos industriales que se han desarrollado en el país, tanto públicos como privados.

Falta de inversión, problemas de competitividad y negociaciones salariales complejas pintan un panorama poco alentador para una industria que emplea a unos 10.000 trabajadores y que en los últimos dos años ha perdido alrededor de 2.000 empleos, según cifras de la Cámara Metalúrgica, la gremial que nuclea a 140 empresas de las 1.200 que tiene el sector.

En su mayor parte, se trata de empresas pequeñas y medianos emprendimientos con menos de cuatro trabajadores que vuelcan el grueso de su producción al mercado interno.

“Si tengo que definir la situación de la industria en términos empresariales yo diría que estamos en concordato”, afirmó el presidente de la Cámara Metalúrgica, Miguel Oliveros.

Las cifras del sector no permiten ser muy optimistas: en el primer semestre del año el Índice de Volumen Físico de productos metálicos, maquinaria y equipo bajó 2% con respecto a igual periodo del año anterior.

En tanto, el índice de personal ocupado de la rama tuvo una variación negativa de 8,11% en el primer semestre de 2013 con respecto a 2012, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas. “Nosotros vivimos estos años de bonanza del país viéndola de afuera, nunca participamos de ninguno de los mega emprendimientos que ha llevado adelante el país” afirma Oliveros, quien apunta hacia la planta desulfurizadora de ANCAP para ejemplificar su reclamo de una inversión que insumió US$360 millones.

“Lejos de favorecer al sector productivo, nos hemos encontrado con la imposibilidad de poder ofertar en licitaciones públicas como la de ANCAP, lo que evidencia un error conceptual a la hora de valorar la producción nacional sobre lo importado teniendo en cuenta exclusivamente el precio, sin tomar lo que significan aportes sociales, impositivos y la generación de empleo”, agrega.

Desde el sindicato se comparte cierta preocupación sobre la situación de la industria aunque se tiene mayor esperanza sobre los caminos a seguir para dar una inyección al sector.

“La industria metalúrgica ha enfrentado problemas estructurales importantes. En lo referente a la competitividad y el precio del dólar es evidente que hay un problema allí que seguramente luego de la medida que tomó el Banco Central de aumentar los encajes seguirá teniendo efectos que mantendrán el dólar en el entorno de los 22 pesos y que terminará ayudando a recuperar la competitividad”, señaló Marcelo Abdala, representante de la Unión Nacional de Trabajadores del Metal y Ramas Afines (Untmra).

El sector tiene una la balanza comercial es altamente deficitaria: se importan US$2.000 millones en productos metalúrgicos frente a los US$200 millones que se exportan. Además las ventas, que se vuelcan en 80% al mercado interno, vienen en caída según cifras proporcionadas por la Dirección General Impositiva.

De fines de 2008 a 2013 han registrado una baja del 22%. Tanto para Oliveros como para Abdala la clave para ayuda a dinamizar el sector pasa por dar una mayor protección a los bienes que se producen en el país. En este sentido, desde el gobierno se inició un esfuerzo relacionado con las energías renovables tendiente a asegurar el uso de bienes de capital nacionales.

“Es un sector que hace años que no se hacen grandes inversiones al no tener mercado es imposible, es como un callejón sin salida. No hay nuevos mercados ya que hoy no somos capaces de competir, no solo con el mundo, sino tampoco con la región”, dijo Oliveros.

Para Abdala parte de la solución radica en tener un mayor control de los bienes que ingresan al país que, según afirma, muchas veces se detecta una competencia desleal evidente por el precio que se maneja, que además va en detrimento de la calidad y seguridad del producto.

“Hay que satisfacer la demanda interna con productos nacionales. Aplicar medidas más eficaces a la competencia desleal y esto tiene que ver con las Dirección Nacional de Aduanas. Ingresan al país productos que por el precio no compiten siquiera con los precios internacionales de la materia prima, por lo que algo pasa. Definitivamente no está bien”, señala Abdala.

Oliveros ejemplifica la situación con un caso concreto de importación de perfiles de aluminio para una importante obra que se llevó adelante en Montevideo. El producto ingresó a través de Chile con exención de impuestos por un mínimo de valor agregado que se le hace en ese país cuando en realidad la materia prima que se utiliza es de origen indio.

En este sentido desde el Poder Ejecutivo se recogió la preocupación y se emitió un decreto correspondiente al Reglamento Técnico de Calidad para Acero para Uso Estructural. Según el director de la Dirección Nacional de Industrias, Sebastián Torres, el decreto están en proceso de reglamentación y apunta a establecer mayores exigencias para el ingreso de productos en el mercado que permitan abatir la competencia desleal y generar un filtro con los productos de dudosa calidad.

Productividad y salarios. Uruguay cayó once posiciones en el ránking global de Competitividad del Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés) y se ubicó en el puesto 85 cuando el año pasado estaba en el 74. Algunas de las variables que se mencionaron como factores determinantes en esta caídas fueron las condiciones laborales restrictivas.

La Cámara Metalúrgica presentó al Poder Ejecutivo un documento de 20 propuestas entre las que se menciona a la carga salarial como uno de los factores que más afecta la competitividad del sector. Según las cifras presentadas, la mano de obra en Uruguay es de las más caras del mundo con un salario real que creció más del 50% desde 2005. En octubre de 2011 se registró una huelga en el sector que a entender de la industria tuvo graves consecuencias, con la pérdida de mano de obra y el cierre de tres empresas. Desde el sindicato se sostiene que el aumento de los salarios se explicó porque se partió de bases muy bajas.

“Fue una huelga larga pero luego se llegó a un acuerdo que permitió que no se registraran conflictos en el sector y eso es muy importante”, señaló Abdala.Oliveros menciona la baja productividad de los obreros como otro de los factores que afectan la competitividad.

“El gobierno reconoce la baja productividad de los trabajadores uruguayos. No tendríamos inconveniente en pagar estos sueldos pero no podemos pagar 100 y que rinda por 40”, aseveró Oliveros.

Para Abdala la baja productividad está relacionada con otros factores que hacen a la propia estructura de la industria. “La única mirada acerca de la competitividad que se desprende desde los empresarios son los costos laborales, cuando hay otras formas para mejorar la productividad genuina.

Se requiere una industria de mayor dinamismo que efectivamente mire otros temas estructurales para mejorar la competitividad como la dotación de maquinaria, estamos trabajando con máquinas obsoletas, así como avanzar en una nueva forma de trabajo para mejorar los procesos de producción”, concluyó el sindicalista.

1.200 empresas. El sector de la industria metalúrgica en Uruguay se compone de unas 1.200 empresas, que en su mayoría son pequeños y medianos emprendimientos con menos de cuatro trabajadores.

10.000 trabajadores. Se trata de una actividad que da empleo actualmente a una decena de miles de operarios. En los últimos dos años se perdieron 2.000 puestos de trabajo.

55% salario. El salario de los trabajadores metalúrgicos aumentó 55% desde 2004 medido en términos reales, según datos de la Cámara Metalúrgica.