México D.F. Brasil volverá este año a ser la chica bonita de América Latina para los inversionistas extranjeros, a medida que su economía despega y su rival regional México apenas se pone de pie para reconquistar a los inversores que huyeron con la crisis.

Brasil, la mayor economía latinoamericana, espera captar un récord de US$45.000 millones este año en inversión extranjera, tres veces el monto que pronostica México.

Aunque no hace mucho tiempo peleaban cabeza a cabeza por los dólares que se destinan a Latinoamérica, el latigazo de la crisis y otros problemas de fondo desestabilizaron a México.

Ahora, analistas calculan que México recién volvería a alcanzar en dos años los niveles de US$20.000 millones anuales en inversión que tenía antes de la crisis.

¿El secreto de Brasil? No tener un ciclo económico tan ligado a Estados Unidos, un mercado interno más fuerte, un sector petrolero un poco más abierto y proyectos e iniciativas que seducen y dejan tranquilos a los inversionistas.

"Brasil se encuentra quizá en el mejor momento de su historia debido a los cambios llevados a cabo en los últimos años y que le han permitido allegarse de fuertes sumas de recursos", dijo el Grupo Financiero Ixe en un reporte.

El éxito se debe en gran parte a la política amigable con el mercado del actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, tras grandes y dolorosas reformas de sus antecesores, que para muchos analistas comenzaron a dar frutos recientemente.

Del otro lado de la moneda, México, a pesar de sus intentos, no ha logrado aprobar profundas reformas estructurales para mejorar sus sectores productivos en energía o en los ámbitos fiscal y laboral.

La segunda mayor economía latinoamericana tampoco pudo diversificar sus fuentes de inversión y ha quedado ligado en este aspecto a los vaivenes de su vecino Estados Unidos, que aporta casi la mitad de la inversión extranjera directa.

Brasil tiene un enorme mercado interno -mucho mayor que el mexicano- y eso le da un atractivo adicional a los inversionistas, que desde hace años miran con simpatía sus proyectos productivos y apuestan a sus mercados financieros.

Además, su sector petrolero -dominado por Petrobrás- es más abierto que el mexicano, que está rigurosamente controlado por el Estado, y brinda mayores oportunidades de inversión.

La inversión en México se desplomó el año pasado a us$12.000 millones, según cálculos recientes. Brasil captó más del doble en el mismo período con US$26.000 millones.

La dependencia mexicana a Estados Unidos. Para bien o para mal, el destino de México se encuentra vinculado al de Estados Unidos, la mayor economía del mundo y su principal socio comercial.

En tierras mexicanas, los dólares se destinan en gran parte a las filiales de las armadoras estadounidenses de autos y en menor grado a lo sectores de energía y minería.

Pero la crisis financiera global secó los bolsillos de los corporativos en Estados Unidos. Algunos lograron emerger de la bancarrota pero todavía intentan ponerse en forma, como General Motors y Chrysler, que tienen plantas en México.

Las autoridades mexicanas calculan que una tercera parte del flujo foráneo viene de reinversiones de utilidades y de deuda adquirida por las filiales con las matrices. Y cuando no hay ganancias, no hay qué reinvertir.

"El ciclo de crecimiento mexicano está ligado a Estados Unidos mucho más que el de China o el de nosotros (Brasil), por ejemplo", dijo Zeina Latif, economista en jefe en Brasil del grupo financiero ING.

México tuvo el año pasado su peor contracción económica en siete décadas, con un desplome de 6,5%, pero el gobierno espera que este año crezca 3,9%.

La cifra es moderada frente a la de Brasil, que espera que su economía despegue 5,8%.

"El desempeño de la economía (mexicana) en los últimos años fue pésimo y su perspectiva de crecimiento es modesta", dijo Latif.

Si a esto le sumamos el temor que causa en algunos inversores la inseguridad en algunas partes de México, la balanza no favorece al mercado mexicano.

El gobierno mantiene una violenta cruzada contra los carteles de la droga que ha causado 18.000 muertes desde que el presidente Felipe Calderón asumió y lanzó los operativos.

"La recuperación en México no se espera que sea muy fuerte y con toda la incertidumbre de seguridad y política, como que no están en fila para invertir", dijo Pedro Tuesta, economista para América Latina de la firma 4CAST.