En la versión anterior de este ránking destacamos la señal de alerta que apuntaba a una desaceleración de las economías de la región. Las principales empresas de América Latina estaban creciendo a un ritmo inferior al de la primera mitad de la década pasada, y la recuperación post recesiva se estaba acabando. No ha sido así. En este año observamos un aumento de ventas del 9,4%, casi el doble del magro 5,3% del año pasado, pero aún lejos del 23,7% del último año dorado: 2007.

Las cifras de este año se explican fundamentalmente por la desaceleración de los sectores minero y siderúrgico, estrechamente ligada a la coyuntura internacional, que vieron caer sus ventas en un 6% y un 0,5%, respectivamente. Al anunciado término de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal estadounidense se ha sumado la desaceleración china, uno de los principales mercados de destino para este tipo de materias primas. Otros sectores relevantes como el petróleo y el gas se mantuvieron relativamente estables, en un 11%, mientras que el comercio volvió a sonreír después de una temporada floja en varios países.

Desde la perspectiva de estructuras productivas, América Latina es en realidad dos regiones. Al norte, México, Centroamérica y el Caribe tienen economías enfocadas a la producción industrial simple, montadas principalmente para el mercado estadounidense, mientras que en Sudamérica el grueso de la producción está ligado a las industrias de commodities, como el petróleo, los productos minerales y la soja. 

Por esta razón los ciclos de la economía global no afectan por igual a ambas subregiones: cuando llueve al norte bien puede haber un sol espléndido al sur. De hecho así ha sido durante los últimos años, y este ránking de las 500 empresas más grandes de América Latina ha dado registro de estas dos velocidades de la región. En los últimos años se han observado grandes incrementos en ventas y utilidades de las empresas sudamericanas, y en especial de las de Brasil, un país que fue calificado varias veces de vedette, mientras que el listado reflejaba también las tribulaciones de las compañías mexicanas.

Sin embargo, los vientos se están invirtiendo. Las empresas brasileñas ya no muestran el empuje de antes, realentizadas por la estabilización de los precios de sus productos de exportación y por el alza del real en relación al dólar. Ésta es la novedad de la versión 2013 del ránking, donde las grandes empresas brasileñas muestran un dinamismo inferior si se comparan con los desempeños de las empresas mexicanas, beneficiadas por la recuperación de Estados Unidos, el principal mercado de sus exportaciones, y por la apertura reciente de México a otros mercados globales. 

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Un indicador interesante es el de la cantidad de empresas presentes en el ránking. Mientras que en 2012 había 215 brasileñas y 110 mexicanas, en esta edición de 2013, las cantidades son 211 y 120, respectivamente.


Quizá se trate de diferencias menores, pero al analizar las variaciones de ventas de las empresas brasileñas y mexicanas, comienza a figurarse una tendencia. Mientras que el incremento de ventas del conjunto de las mayores empresas de Brasil fue de apenas 4,5% entre 2011 y 2012, el conjunto de las mexicanas creció en 15,1% en el mismo periodo. Se trata de una cifra de crecimiento positiva, moderada, aunque significativamente mejor que el crecimiento del conjunto de las 500, el que alcanzó el 9,5%.

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La sombra de las utilidades negativas. Las 500 empresas más grandes de América Latina siempre han sido un buen barómetro para comprender el clima que se forma en el espacio que hay entre la macro y la microeconomía, pues al final se trata del desempeño de empresas particulares que influyen grandemente en los grandes indicadores nacionales, regionales y globales.

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Por ello es una señal de alarma el retroceso del total de utilidades del conjunto de las 500. Mientras que en 2011 éstas llegaron a US$157.000 millones, en 2012 el monto fue de US$102.000 millones, lo que implica un detrimento de 35,4%.

Sin embargo, estas cifras se ven sobredimensionadas por el resultado de una de las tres empresas gigantes de la región: la petrolera paraestatal Pemex registró una utilidad negativa abrumadora: US$-28.000 millones (-119,9% entre 2011 y 2012). Sacando a esta empresa, que por sí sola representa el 5% del total de las ventas de las 500, las utilidades negativas de las otras 499 llegan a -20,8%. Mal, pero no tanto.

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¿Qué explica las cifras de Pemex? Analizando los estados de resultados de la empresa se llega a una constatación asombrosa. No son atribuibles al ejercicio, no expresan una caída brutal de ingresos ni un aumento estratosférico de los costos… Es una sola partida contable denominada “pérdidas actuariales por beneficios a empleados”, que de US$1.145 millones subió a US$28.000 millones. ¿Qué motivó este ajuste y cuál es su sentido político, a la luz del debate que envuelve el futuro de la empresa? El Gobierno no lo ha explicado .

Normalmente los resultados de Pemex antes de impuestos rondan los US$ 60.000 millones, cifra que se va en su casi totalidad al pago de regalías e impuestos. La planilla salarial de la empresa asciende a 151.022 empleados, contra 85.065 de Petrobras y 111.342 de la venezolana PDVSA, no precisamente un epítome de la eficiencia dentro de la industria petrolera. Esto hace que las pensiones de los funcionarios (las famosas “pérdidas actuariales por beneficios a empleados”) sean un lastre permanente.

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En este contexto, una comparación más razonable e ilustrativa entre las empresas brasileñas y las mexicanas implica sacar de la ecuación a Pemex y a Petrobras. Entonces la variación de las utilidades de las mexicanas entre 2011 y 2012 es positiva en 19,1% (con Pemex es negativa en 119,9%), mientras que las brasileñas registran una variación negativa de utilidades de -47,9%. Cifras sorprendentes para todos aquellos que pronosticaron hace algunos años un despegue definitivo de Brasil y el estancamiento de México. La cancha, ahora, está más emparejada entre los dos gigantes.