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Mirar el origen: La reinvención del negocio de la moda colombiana

Colombia vuelve a sus raíces para reimpulsar a un sector con más de 100 años de tradición en el país y que actualmente representa el 1,6% de su Producto Interno Bruto y más del 12% del PIB manufacturero del país.
Miércoles, 13/02/2019 Gianni Amador

La pasarela está lista y los cientos de invitados expectantes. En el backstage afinan detalles. Adriana Santacruz supervisa una a una sus modelos, todas ataviadas con la tradicional ruana colombiana. Así justamente se llama su colección, La Ruana, y con ella inaugura la segunda edición del Bogotá Fashion Week (BFW), que organiza la Cámara de Comercio de la capital neogranadina. Suena la música y se inicia el desfile. La innovadora muestra de Santacruz habla de Colombia. Pero de una Colombia tradicional a la vez, esa de mantas y estolas. Cada pieza constituye un tejido a mano que ha empleado la técnica artesanal de la tribu de Los Pastos. “Es una apuesta al arraigo y una oposición a la mecanización de la industria”, sostiene la diseñadora que por 20 años ha defendido la técnica del tejido ancestral.

Minutos después la misma pasarela recibe a las modelos de Flor Amazona, la marca de la diseñadora de joyas colombiana Ana María Sarmiento. Son piezas de bronce bañado en oro de 24 quilates, pero con una peculiaridad que destaca: sus diseños son una representación de la orfebrería precolombina y en su elaboración participa la comunidad indígena Wayú. “En cada pieza contamos historias”, dice la diseñadora acerca de su colección “Ciudad Perdida”, inspirada en la arqueológica población de Buritaca, ubicada en Santa Marta, al norte de Colombia. “Representamos la flora y la biodiversidad colombiana y, al mismo tiempo, reivindicamos el milenario trabajo artesanal de nuestros indígenas”, agrega la creadora de un concepto que ya tiene presencia en Europa, Centroamérica y se abre camino en Asia.

Así como Adriana Santacruz y Ana María Sarmiento, otros 38 diseñadores colombianos presentaron sus muestras durante tres días en un evento que se propuso volver a los orígenes y se atrevió a hablar de la identidad de Colombia, una premisa con la que la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) y sus aliados en la organización quieren reimpulsar la industria de la moda. “Estamos apostando a nuestras raíces para buscar negocios internacionales”, explica Marco Llinás, vicepresidente de competitividad de la CCB, y principal responsable de la plataforma que quiere convertir en exitosos empresarios a los creativos de la moda. De esta forma, la Colombia de la materia prima, del cuero y los calzados, de la marroquinería y la orfebrería, da un paso al pasado para reimpulsar un sector que quiere ser líder en la región.

La identidad como negocio

“A los extranjeros les llama mucho más la atención las propuestas de diseños colombianos por las historias que transmiten”, dice Ana María Sarmiento (Flor Amazona), en respuesta a la razón del por qué vender piezas que evocan el origen y las tradiciones del país. Por eso, Llinás insiste en este leit motiv: “estamos apostando por las raíces locales para buscar negocios internacionales”.

Ana Sabater, directora de curaduría del BFW y docente en el Instituto Español de Diseño, es una de las principales responsables de esta nueva ruta. “Nosotros pensamos en qué era eso que desde afuera (en el extranjero) nos interesa más de Colombia y la respuesta fue simple: su esencia, la magia de cultura, la riqueza artesanal que muchos países han perdido, pero que Colombia ha mantenido con el paso del tiempo”, resalta. Basados en este concepto, el equipo de curaduría dividió en cuatro grupos las propuestas de los 40 diseñadores: el arte, la arquitectura, la biodiversidad y las historias mágicas. “La identidad de Colombia está en la artesanía, en sus fachadas, en su naturaleza y, principalmente, en sus mágicas historias que por siglos han mantenido vigentes”, agrega Sabater y explica que, a pesar del concepto, cada diseñador creó sus piezas reafirmando su marca, lo que generó un resultado que mezcla originalidad con identidad.

Es así, por ejemplo, cómo la diseñadora Lina Cantillo presentó una propuesta que incorpora las ruanas y trenzados, proyecto que trabajó de la mano de los artesanos de Cucunubá; o como Faride Ramos rindió homenaje a la tradicional sastrería bogotana –transmitida de generación en generación– en cada una de sus piezas.

¿Pero puede ser el rescate y realce de la identidad una estrategia rentable en la industria de la moda? Para Linda Sánchez, directora de la Escuela Materia Prima de Bogotá, la respuesta es positiva. “Entre más locales, podemos ser más globales”, afirma desde el taller donde enseña a los estudiantes de diseño a crear desde el origen. “Es muy importante reconocernos, saber quiénes somos y de dónde venimos. Ahí empieza un trabajo de investigación de todas las herramientas que tenemos como país. Me refiero a técnicas como el tejido, orfebrería, escultura, pintura”, enumera, destacando que se trata de un trabajo de investigación y observación. Para Sánchez, el origen y la identidad les imprimen una mayor fuerza a las piezas de cada creativo, “porque está hablando desde las raíces de un país”.

tituto Europeo de Diseño de Barcelona, coincide con Sánchez al considerar que la identidad “es uno de los grandes retos que enfrenta la moda en el mundo”. Además, asegura que las herramientas más importantes en la profesión del diseño, de cara a los próximos 15 años, seguirán siendo las ligadas a la artesanía y la mano de obra. “A pesar de toda la tecnología, de todas las herramientas del mundo tecnológico, todos coinciden que en el futuro el diseño seguirá teniendo un componente muy fuerte del tipo artesanal y eso es una buena noticia, sobre todo para Colombia”, comenta.

La periodista española especializada en moda, Fiona Ferrer, defiende esta propuesta. “La identidad de Colombia está muy arraigada, tiene un ADN impresionante”, sentencia. Ferrer estuvo de invitada en la primera edición (en 2017) y desde entonces decidió convertirse en distribuidora de marcas colombianas en su natal España. De esta forma, logró introducir en ese competidor mercado, específicamente en los grandes almacenes El Corte Inglés, los sombreros y carteras de alta marroquinería de Divina Castidad y las joyas de lujo de Flor Amazona. “He apostado mucho por Colombia y seguiré haciéndolo (…). Colombia es el futuro de la moda”, proyecta Ferrer.

“La propuesta de la identidad es sana, pero además empodera a los nuevos talentos”, afirma Charo Izquierdo, directora del Mercedes Benz Fashion Week de Madrid, durante su participación en un panel abierto acerca de la tendencia de la moda colombiana en el BFW. “Es una tendencia sana y la hoja de ruta que deben seguir los diseñadores colombianos”, asegura.

La moda, un gran negocio

Las entusiastas palabras de Ferrer sobre el potencial del ADN colombiano tienen su correlato en los resultados de la industria de la moda y la confección en Colombia, indicadores que sirven de argumento para que el gobierno nacional, la Alcaldía Mayor de Bogotá y la empresa privada unan esfuerzos para reforzar su introducción en el mercado internacional y posicionar el negocio de la moda colombiana como un referente en Latinoamérica.

Para Colombia, este no es un negocio nuevo. La industria de la moda y la confección tiene más de 100 años en el país y ha logrado convertirse en un referente mundial en materia prima de textiles, calzados y marroquinería. Según los registros del Instituto para la Exportación y la Moda (Inexmoda), el sector representa el 1,6% del Producto Interno Bruto (PIB) colombiano y más del 12% del PIB manufacturero del país. Se trata de la industria con mayores niveles de exportación de productos no tradicionales, cuyos resultados en el 2017 dejaron un saldo positivo de US$ 921 millones.

“El sector de la moda y confección es muy importante para la economía colombiana. Genera más de 600.000 empleos directos en la cadena productiva”, detalla Alejandro Arango, viceministro de Industria y Comercio de Colombia. La cifra representa el 17% del empleo industrial del país sudamericano y lo convierte en el sector generador de empleo de mayor importancia en Colombia. “Estamos trabajando para que el sector de confecciones, tan importante para nuestra economía, pueda seguir manteniendo esos niveles de empleo y sobre todo para que puedan lograr internacionalizarse”, agrega el vocero del gobierno nacional presente en el Bogotá Fashion Week.

Para Arango, se han dado pasos acertados en ese camino y como ejemplo destaca la confección y exportación de ropa interior, trajes de baño y calzados. “Lo que buscamos es que para otros tipos de confecciones podamos tener el mismo nivel de competitividad”. En tal sentido, señala que desde el Ministerio de Industria y Comercio se han destinado cerca de US$ 2 millones este año para apoyar al sector en función de que mejoren desde el punto de vista de la productividad y en lo relativo a la innovación y el diseño.

Este buen desempeño del sector tiene su réplica en las regiones. Bogotá, por ejemplo, congrega el 40% del total de los negocios de moda que se dan en el país, pero, además, es la segunda ciudad de Latinoamérica que más gasta en moda. Dos elementos fundamentales que sirven de base para convertirla en el epicentro de una plataforma que persigue impulsar a Bogotá para atraer a los inversionistas nacionales e internacionales interesados en la industria de la confección, de calzados y marroquinería, pero también en el mercado de joyas y bisutería. Tres subsectores que en su conjunto representan el 9,7% del valor agregado de la industria en la capital colombiana, donde hay registradas unas 32.000 empresas de este sector, según informa Juan Miguel Durán Prieto, secretario de Desarrollo Económico de la Alcaldía Mayor de Bogotá. “Esta ciudad reúne a todos los colombianos; han llegado aquí con sus culturas y experiencias, y queremos plasmar eso en el negocio de la moda, por ello la alcaldía viene trabajando en el sector con programas de formación y acompañamiento”, dice.

Buenos resultados

La diseñadora Alejandra Valdivieso, creadora de una marca de joyas con su mismo nombre y quien participa por segunda ocasión en el BFW, valora esta plataforma como una vitrina de real importancia para los creativos colombianos. “Desde el 2017, cuando participamos por primera vez, nuestras ventas se incrementaron 30%”, afirma, al tiempo que comenta que en esta oportunidad logró cerrar ventas por más de US$10.000 e iniciar gestiones para ampliar la presencia de la marca en varios países de la región.

Para Juliana Mejía, creadora de la marca Divina Castidad, el resultado también fue bueno. “Nos acercamos a potenciales clientes de República Dominicana y Perú, quienes tienen gran interés de abrir tiendas con nuestra marca en sus países”, cuenta. La prestigiosa diseñadora de carteras y sombreros logró ventas iniciales por más de US$8.000.

Desde el punto de vista de los compradores, la experiencia del BFW ha dado buenos frutos. Juliana Hincapié, de la boutique Pluma del Mar de Costa Rica, reconoce el valor agregado que implica el contenido de identidad en las propuestas presentadas por los diseñadores colombianos. “Hicimos contactos porque queremos unos productos más acordes a nuestro clima, pero sin duda que vamos a seguir manteniendo relaciones comerciales”, señala. Hincapié cerró compras por cerca de US$20.000. Una experiencia similar tuvo María José Juárez, gerente de la empresa guatemalteca Dou Clothing, quien planea redefinir el concepto de dos de sus cuatro tiendas en el país centroamericano para darle cabida a la propuesta de diseñadores colombianos con los que se reunió durante el BFW.

La buena acogida de Dou Clothing es una de muchas demostraciones de que la estrategia colombiana de volver al origen es un primer paso acertado en este camino para impulsar un sector que tiene mucha tela que cortar, pero que está dando señales de fortalecimiento institucional, marca y originalidad, medidas necesarias para alcanzar los primeros lugares de la región.