-Bolivia Wines señala que no existe ningún otro país en el mundo en el que el 99% de todos los viñedos se cultiven entre los 1.600 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar. ¿Cómo definiría al vino de Bolivia?

-En general, los vinos en Bolivia son muy fáciles de beber, son muy livianos, tienen una acidez y frescura que los hace muy agradables e invitan a la persona a seguir degustando copas… Son vinos frutales, expresivos, bastante amables a los taninos, lo que en el caso de la cepa tannat proveniente de otros países, por ejemplo, es algo más difícil.

-A propósito de la cepa tannat, ustedes recibieron una distinción que los sitúa como el segundo mejor vino tannat a nivel mundial, tras uno producido en Francia. ¿Les ha tocado recibir otras distinciones a nivel internacional con su portafolio de vinos?

-Hemos recibido alrededor de 50 medallas en competencias de todo el mundo. Medallas de oro, doble oro, plata y otras en distintas competencias, como Bruselas, Canadá, Israel… Debo señalar que no somos la única viña boliviana que ha ganado premios en el extranjero, pero sí somos la bodega con la mayor cantidad de logros internacionales en Bolivia, hasta la fecha.

-¿Alguna distinción que recuerde en particular?

-La premiación que recibió Único, una cepa tannat producida por nuestra bodega en las alturas del valle de Tarija y que obtuvo una medalla platinum en el Decanter Wine World Awards (DWWA) 2016, celebrado en Londres.

-¿Cómo definiría el terroir de Campos de Solana?

-Nosotros trabajamos un suelo que nos permite producir tres tipos de vinos: ícono, reserva y varietal. Para lograr un ícono, plantamos en un suelo que cuente con mayor drenaje. En general, contamos con un suelo poco profundo para nuestras plantaciones vitivinícolas. El clima de Tarija es relativamente seco en invierno y verano, aunque con temperaturas templadas en gran parte del año y con lluvias que van entre los 200 y los 600 milímetros anuales.

-¿Y a cuánto ascienden los precios de las botellas que producen?

-El petit verdot de nuestra línea ícono cuesta unos US$ 34 y cuenta con una producción no superior a las 8.000 botellas anuales. En el caso del trivarietal, está en orden de US$ 12 la botella y el tannat cuesta US$ 10. Nuestros vinos varietales están en torno a los US$ 7 la unidad.

-¿Qué respondería si le dicen cuál es el atractivo de un vino boliviano frente a uno argentino o chileno, que son más conocidos a nivel mundial?

-La gracia del vino es que es diferente en todas partes, y los de Bolivia –y particularmente de Tarija– no son la excepción: tenemos noches frescas, mayor altura, mayor radiación solar. Por eso logramos vinos con un potencial de fruta muy interesante, aunque sí nos cuesta llegar a una etapa de concentración por un asunto de muchas lluvias en determinados periodos del año. En general, son vinos muy expresivos que representan lo que es nuestro valle. Contamos con una zona muy pequeñita para plantar nuestros viñedos (4.000 hectáreas), lo que hace que podamos producir vinos muy de boutique , lo que hoy nos permite, por ejemplo, enviar una tercera partida de exportación a Londres, donde tenemos un importador al que le mandamos parte de nuestra producción.

-¿Tienen exportaciones a otros mercados, como Estados Unidos o algún punto de América Latina?

-En la actualidad tenemos posibilidades en otros mercados, pero nada concreto aún.

-El proceso de internacionalización del vino boliviano se percibe no muy fuerte…

-Somos un país altiplánico, de mucha altura y pienso que el caso de nuestra viña es un botón de muestra de que el vino boliviano se puede internacionalizar. Hemos estado constantemente participando en ferias internacionales de vinos en los últimos años y, pese a las sorpresas iniciales con que nos hemos encontrado de otros participantes, nos ha permitido lograr con mucho trabajo cosas icónicas para Bolivia, como ganar medallas de oro o platino y estar en la órbita de Decanter, con 95 puntos de calificación, o en concursos relevantes como Bruselas o Canadá.

-Sin embargo, es una realidad que el vino boliviano no tiene un renombre masivo en mercados internacionales de productores vecinos, como Argentina o Chile.

-Como país, Bolivia debería desarrollar mayores espacios para trabajar terrenos vitivinícolas orientados a la exportación  [nota de redacción: existen solo 3.000 hectáreas de viñedos a nivel nacional, según Wines of Bolivia, repartidos en tres valles vitivinícolas]. En el caso de Campos de Solana, nuestra producción anual asciende a 1.200.000 botellas, y de esa cantidad, 16.000 botellas son exportadas al año. En cuanto a nuestra producción total, un 70% corresponde a vino masivo o de mesa, como cabernet sauvignon, malbec, riesling o rosado en base a malbec con merlot, y el porcentaje restante a nuestros vinos reserva constituidos por tannat, petit verdot y corte de malbec con tannat.  Pero sí, la mayoría de nuestra producción se queda en Bolivia.

-No cuentan con una producción masiva…

-No tenemos una gran capacidad de producción, inclusive como país, para lograr exportar en términos relevantes. Por eso la importancia de contar con más terrenos para el desarrollo vitivinícola. Ahora, sí quiero señalar que en la actualidad tenemos bastante demanda por nuestros vinos en el mercado boliviano, aunque también hay que admitir que el consumo de vino en general es pequeño en Bolivia. Pero somos optimistas. En 2020, buscaremos que Campos de Solana logre fortalecer su stock de exportaciones y que nos permita darnos a conocer masivamente en mercados internacionales.