Pagar US$80 por una taza de café que ya se lo tomó alguien antes que uno suena inverosímil, pero cosas más extrañas se han visto en el mundo de los negocios. Y, en este caso, hay que decir que el usuario previo le agregó valor al café al deglutírselo. Es lo que ocurre con el Kopi Luwak o Café de Civeta, hecho en Indonesia con granos de café tragados por un animalito parecido a una nutria o visón, que luego los excreta, sí, salen por aquel lugar, alterados: sucede que los granos fermentan en el aparato gastrointestinal de las civetas y, por ello, se alteran su sistema de almacenamiento proteico, la cantidad de cafeína y el sabor. El resultado se considera un must digno del paladar más exquisito. Todo lo cual lleva a que, procesado, algo menos de medio kilo cueste US$100 a US$150. Y una taza, los citados US$80.

A tal precio, la tentación de falsificarlo o “cortarlo” con cafés corrientes es demasiado grande. La noticia es que un equipo dirigido por Eiichiro Fukusaki, del Departamento de Biotecnología de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Osaka, anunció en agosto el descubrimiento de una “huella dactilar química” que permitirá autenticarlo. “Éste es el primer reporte para hacer frente a la selección y validación exitosa de marcadores discriminantes para la autenticación de Kopi Luwak”, dice Fukusaki, orgulloso del logro. Se espera que los productores, agradecidos, le regalen al menos un par de tazones.