A partir del cinco de marzo, día en que oficialmente muere Hugo Chávez Frías, muchos venezolanos y latinoamericanos comenzaron a mirar hacia el horizonte y a hacerse una pregunta colectiva: ¿cómo será Venezuela, qué será de ésta sin el comandante? Ese momento ha llegado y hoy vivimos la etapa en que esa interrogante recién comienza a despejarse, aunque, probablemente, no para el bien del pueblo venezolano.

El deceso del ex presidente Chávez trajo al poder, luego de polémicas y bulladas elecciones, a su proclamado sucesor: Nicolás Maduro, ex ministro de Relaciones Exteriores que ha asumido un legado con peso de plomo, el de una figura histórica, mundial, que levanta los ánimos para bien o para mal en un país que hoy sufre de problemas económicos, desabastecimiento, y de los coletazos políticos de una crisis de gobernabilidad que se niega a decaer.

Boris Muñoz, periodista venezolano radicado en EE.UU. como investigador en Harvard y con múltipes reconocimientos por sus crónicas de la realidad latinoamericana, conversó con AméricaEconomía.com sobre el momento social que vive Venezuela, uno que a él le genera un negro sentimiento: “ver a Venezuela hoy, da mucha tristeza”.

Muñoz es contundente al referirse a la gestión de Maduro, la cual “ha sido profundamente decepcionante, lo dicen las encuestas y estudios de opinión que circulan confidencialmente. Lo que ha habido es un deterioro muy sostenido de la capacidad adquisitiva de los venezolanos y un fracaso general de la gestión en todas las áreas en las que se evalúe. Creo que es un gobierno que carece de capacidad de implementación política”.

Lo cierto es que los acontecimientos que han acompañado la administración de Maduro no distan del análisis de Muñoz. Ampliamente reconocido fue y sigue siendo la crisis de alimentos y productos en Venezuela, con supermercados llenos de gente afligida y molesta por sólo poder comprar pequeñas y limitadas porciones de insumos básicos. A esto se le suman los problemas de salud y seguridad que vive el país, así como la incontrolable inflación y los lábiles intentos por equilibrar el mercado cambiario.

“Vemos que después de siete meses, la posibilidad de reconducir el rumbo de la economía no está pasando, y eso se debe en parte a que Maduro tiene un liderazgo muy débil y que su principal objetivo hasta ahora ha sido sobrevivir; eso lo ha llevado a perder oportunidades muy importantes. La situación en Venezuela está realmente al borde de un colapso”, resalta el periodista.

-¿Se verá afectada o resentida la imagen de Chávez con una deficiente gestión de Maduro y tantos problemas en el país?

-Creo que Venezuela irá poco a poco despertando de la hipnosis de Chávez. Eso todavía no se refleja en la opinión pública, pero ya se manifiesta de modos indirectos: la gente cree que este ya es un momento post Chávez y que las soluciones van por otro camino, por lo tanto, Maduro no está en sintonía con esa expectativa. Al día siguiente de “ganar” (comillas del entrevistado) las elecciones, se tenía que haber quitado la chaqueta y dejado el disfraz chavista y haber asomado con una personalidad propia y estilo personal definido. Él no se comporta como Chávez; él pretende ser el hijo de Chávez, que es otra cosa, un hijo obsesionado con honrar la memoria del padre y hacer a la gente perder mucho tiempo en esa tontería. Creo que es una estrategia fracasada, la de imitar o de la pleitesía a Chávez. Al final, creo que esto va a afectar su legado.

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El chavismo y la factura de su líder

-¿Cómo ve el chavismo el actual momento social? ¿Sigue aferrándose a su partidismo o también está sufriendo un debilitamiento?

-Yo creo que hay mucho desencanto en general, y ese desencanto sigue abordándose casi como un problema de familia: estamos decepcionados pero seguimos estando con él. Pero “Maduro no es Chávez”, ésa es la voz universal que se repite todos los días en Venezuela. No creo que el chavismo se vaya a subsanar, porque hoy en día está secuestrado por una troika, un grupo de dirigentes que fueron muy cercanos a Chávez, pero que hoy en día son advesarios entre sí, con pactos internos de supervivencia y uno de esos principales pactos es el de Maduro con Diosdado Cabello.

Pero Boris Muñoz es consciente de que no todo es responsabilidad de Nicolás Maduro. Es más, pese a su deficiente administración, el periodista y escritor venezolano reconoce que, en parte, “Maduro lo que está haciendo es pagar lo que Chávez le dejó, la factura de Chávez, porque gran parte de los problemas que tenemos hoy se deben en buena medida a que el gobierno no ha tenido una política económica y monetaria adecuada; no ha sabido manejar la fluctuación del dólar, pero eso en parte se debe al excesivo gasto fiscal que hubo el año pasado en la campaña de Chávez y que fue alrededor del 20% más de lo pactado en el presupuesto”.

En el futuro político cercano se advierte un examen para Maduro, suerte de 'plebiscito' para la gestión de Maduro y el imán del chavismo. Las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre serán la gran apuesta para el socialismo venezolano y en particular para el propio Maduro, en cuanto a su permanencia y gobernabilidad. Según Muñoz, “se aprovecharán de que el chavismo, a pesar de todo, sigue apoyando el proyecto, menos firme y decididamente que antes, pero con una voluntad partisana e ideológica. Como sea, existe gran expectación por la respuesta que dará la población a toda la crisis vivida durante estos meses y en cuanto a si la oposición será capaz de acoger el descontento generalizado".

En este mismo sentido, el periodista caraqueño proyecta que Maduro “buscará la legitimidad electoral para poder implementar lo que tenga en mente y eso sólo se va a lograr con mucho dinero, dinero que posiblemente venga de China, que es el que fueron a buscar hace dos semanas Maduro y la delegación de ciento y tantos venezolanos”.

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La oposición y el futuro de Venezuela

La crítica de Boris Muñoz no se limita a los organismos oficialistas. Venezuela vive una crisis en su conjunto, lo que involucra a toda la clase política; más o menos, la oposición también tiene responsabilidad y desafíos por delante.

-¿En qué pie se encuentra la oposición?

-En líneas generales la oposición está acusando el desgaste de campañas muy largas con recursos escasos y uniones frágiles, pues corresponde a la reunión de diferentes tendencias que con este tiempo ya se hacen manifiestas y que desorientan a la población opositora, al no haber un liderazgo unificado. A Capriles le ha costado trabajo trascender el momento electoral; su liderazgo está fatigado y eso también lo muestran las encuestas. Por eso, la panacea pareciera estar en un gran acuerdo nacional, así lo piensa Muñoz, pese a que reconoce que la oposición y Capriles pudieran resultar un liderazgo más apropiado para el país.

Qué duda cabe, al investigador de Harvard y a los venezolanos les gustaría ver a Venezuela “con menos violencia, diversificando su producción para disminuir la dependencia petrolera y la dependencia de las crisis, un país que se reincorpore a este mundo de interconexión comercial y global, aportando algún tipo de know how a la dinámica internacional. Se necesita reucperar el debate democrático y las instituciones”, agrega cuando lo invitamos a soñar. Mientras tanto, el futuro político de Venezuela es toda una interrogante. Al menos, necesitaremos esperar a diciembre para observar si Venezuela tiene alguna opción de avistar una nueva tierra firme.